Hijos de las mil leches
Vinieron de todas partes atraídos por una ficción que habíamos creado en la España del desarrollismo desaforado del ladrillo y del turismo. España absorbía en una década cinco millones de extranjeros atraídos por un Eldorado tan frágil como cualquier espejismo. Lo que esta invasión representó fue mucho más importante de lo que hemos querido reconocer. Miles de españolas, sujetas a la tradición del hombre trayendo el dinero a una casa donde una esposa madre de familia vivía sujeta a “Sus Labores” (S.L.) como figuraba en la casilla de “profesión” de la generación anterior, pudieron salir a buscar trabajo fuera de casa.
Los inmigrantes, especialmente las mujeres sudamericanas, han aliviado las tareas del hogar o el cuidado de los enfermos y mayores de una clase media-baja española, han mejorado la tase de natalidad de nuestro país, han permitido la creación de negocios que no existían antes en España: restaurantes de cocina exótica, tiendas de productos de otras tierras, peluquerías africanas, enseñanza de idiomas, colegios nacionales, servicios extra-bancarios para transferencias, locutorios, gestorías, agencias de viajes, etc…
Hemos recibido más gente de fuera en 10 años que la que se ha quedado sin trabajo en los últimos 2 años. No todos los que se han ido al paro son los que procedían de la inmigración. De estos, algunos europeos del Este han regresado a sus países aprovechando que reciben de Bruselas fondos para el desarrollo. Pocos sudamericanos y africanos han vuelto a su tierra. Se han aferrado al terreno con nosotros y aguantan el chaparrón. Los españoles hemos vivido episodios muy duros entre 1936 y 1964 y cuando hemos emigrado hemos capeado los temporales que nos echaron.
La xenofobia no es una característica española. Nosotros mismos somos descendientes de mil cruces aunque tengamos tendencia a obsesionarnos con las purezas de sangre, los RH negativos o las identidades. Somos hijos de mil leches. Y son los “half-breads”, mezcla de razas, los que han creado el espléndido Brasil moderno. El emigrante suele triunfar porque es capaz de hacer en tierra extraña lo que nunca se atrevería a realizar, por falsa vergüenza, en su propia tierra. Se aferra al terreno como una lapa porque no quiere regresar vencido a su pueblo. No vienen a quitar puestos de trabajo a los demás y sí representan una pérdida de valiosos ciudadanos en sus países de origen si no regresan para colaborar en su desarrollo.
Las encuestas son claras. España es más xenófoba de lo que se presumía. Aparece la primera crisis y ya sale el odio al meteco. Nos parecieron monstruosas las teorías nazis y nos extrañó que tantos alemanes, pueblo culto donde los haya, aprobasen leyes de exterminio a un loco llamado Adolf Hitler. En cuando aparece una crisis que pone en peligro los puestos de trabajo, se achaca a los extranjeros esa circunstancia. En algunos lugares, como Salt (Girona), la presencia de un 43% de extranjeros en una población de 35.000 habitantes, crea problemas porque los servicios sociales (sanidad y educación), se ven incapaces de absorberlos y, lo que es peor, de escolarizarlos debidamente de forma que los altos porcentajes no coincidan con la escuela pública mientras las privadas y concertadas se libran del mestizaje deseado. Así nacen los guetos.

No consigo evitar la comparación de vuestra historia inicial, la tuya, la de Raúl y la de tantos otros, con la de los que disienten en la Cuba de hoy. Un incruento golpe de Estado de Batista, en 1952, te empujó a alzarte en armas contra el dictador que violentaba la Constitución.
Creo que deberíamos felicitar a José Luis Rodríguez Zapatero por haberse adentrado en Terra Ignota utilizando la táctica de dar un solo paso cada vez mientras se descubre el sendero. Es así como se hace allí donde no existen mapas ni hojas de ruta. La mayoría de los países, con gobiernos de diferente signo, han actuado –y siguen haciéndolo– de la misma manera.
Puede que José Luis Rodríguez Zapatero sea un testarudo, que no sea fácil descabalgarle aún cuando todo el PP se ponga a ello. Pero hay que reconocer que Mariano Rajoy no se queda a la zaga. Reprochan a ZP el
Un psiquiatra, un sociólogo, un comunicador en busca de ideas para su tesina debería prestar atención a cuanto nos ofrecen los telediarios y otros informativos, cualquiera que sea la cadena, partiendo del principio de que es el medio mayoritario que tienen los españoles para enterarse de lo que sucede en el mundo.
En agosto 1956 y febrero 1975 viajé esas dos veces a África del Sur. En la primera ocasión, el
Por su interés, y con autorización de Rosa María Artal, su autora, reproduzco este post que pueden seguir en su blog
Es increíble el número de periodistas españoles que se lanza a la piscina sin comprobar si tiene agua o está vacía. Antes de leer la prensa extranjera y sacar conclusiones sobre la visión que se tiene allí de una situación que nos atañe ya hemos lanzado titulares sobrecargados de ideología y especialmente alarmantes. Nos hemos contentado con echar un vistazo a lo que van a titular los rivales y, si es posible poner un poco más de tremendismo que ellos. La moraleja de lo “de que viene el lobo…” ya no se debe contar a los niños, no forma parte de la educación infantil. Por lo menos los jóvenes periodistas no lo recuerdan.
Ha sido un error poner sobre el tapete el tema de las pensiones en este momento porque, soi-disant, dentro de veinte años no tendremos suficiente dinero para pagarlas. ZP ha querido aparentar decisión en el cambio de rumbo para
En 1945, dos bombas atómicas pusieron fin a la guerra del Pacífico. La primera, de uranio 235 y 13 kilotones de potencia, se llamaba Little Boy. Fue lanzada el 6 de agosto sobre la ciudad japonesa de Hiroshima y causó la muerte de 140.000 personas. La segunda, de plutonio tenía 25 kilotones y se llamaba Fat Man. Mató 80.000 personas en Nagasaki el día 9. El 15 del mismo mes, Japón se rendía incondicionalmente.
En los años 40 y 50, en España se forraron los estraperlistas trayendo a las grandes ciudades, donde se pagaban bien caros, alimentos no declarados a la Delegación de Abastos. Otros pícaros se las agenciaban para obtener licencias de importación de productos inexistentes en nuestro país, que revendían a laboratorios químicos o farmacéuticos que los necesitaban para sobrevivir. Las cacerías con asistencia de algún alto cargo del régimen, podían reportar unos cientos de miles de duros si se conseguía el codiciado documento de importación. Los arribistas no se tiraban entonces a invertir en un piso sino que se compraban grandes coches americanos de segunda mano.
Cuando se ha cumplido un año de la llegada de Obama a la Casa Blanca, el mundo entero, que hace 12 meses estaba exultante de alegría y esperanza, ha girado 180 grados y se echa en brazos del pesimismo más absoluto.
Ser de izquierdas no significa comulgar con todo lo que dicen algunos izquierdistas. 


