Chirac for President
Cuando José María Aznar patrocinó en Sevilla la idea de un Presidente para Europa por cinco años, sustituyendo las presidencias rotatorias de seis meses que no dan tiempo para mucho, pocos son los que dudaron de que el perfil que tenía en mente el inquilino de la Moncloa era él mismo. Decidido a abandonar la política nacional en 2004, lo lógico era pensar que estuviese ya buscando empleo que sustituyese la tremenda carga de dirigir la política española. Presidir una de las compañía que su gobierno privatizo y en la que cuenta con Consejos de Administración compuestos por fieles militantes de su partido, podía ser una alternativa. Conferenciar alrededor del mundo a 100.000 euros por charla de 90 minutos con gastos pagados, puede ser otra salida para un ex-Presidente de Gobierno español. Descartado dirigir una ONG encargada de defender la democracia y la libertad como hace Jimmy Carter. El Premio Nobel de la Paz se ha alejado tanto de Aznar que ni pacificando Euzkadi, este lo alcanzaría por sus veleidades guerreras contra Irak. ¿Qué le queda a José María Aznar?…. La Presidencia de la Unión Europea. ¡Eso te mete más en las páginas de la Historia Universal que presidir la Telefónica o Iberdrola!
¿Y qué tiene a su favor José María Aznar? ¿Cualidades? ¡Todas! Un respeto absoluto a las soberanías de cada nación-miembro de la Unión Europea. Un reforzamiento notable en las relaciones Transatlánticas. Atracción definitiva y anclaje integral del Reino Unido con el resto del continente. Un eje del BienLondres-Roma-Madrid-Washington. Una defensa europea poderosísima mediante contratación del Ejército de Estados Unidos con algunos actores secundarios con sus banderas para dar color al asunto y sensación de multilateralidad. Un adelgazamiento de las prerrogativas actuales de Bruselas por respeto a la subsidiaridad tan querida por el Reino Unido. Esto le quitaría mucho trabajo a la Presidencia de Europa. ¿Método de elección del presidente europeo? Voto cualificado entre los Primeros Ministros y Jefes de Gobierno de los 28 países miembros. Sobre todo, nada de elecciones generales. No todos los votos valen lo mismo. ¿Como va a tener la misma visión histórica un fontanero que un político especialista en derecho fiscal? La gente, que se manifieste, ese es su desahogo, pero contra el vicio del pedir está la virtud de no dar.
Pero ¿Quién sería el rival de José María Aznar en unas elecciones a la presidencia europea realizada entre sus pares de la Unión? ¿Tony Blair? Demasiado apegado a la Libra Esterlina y poco dispuesto a dar dineros para ayudar a los nuevos países adheridos a la comunidad. Berlusconi puede gobernar Italia y sus negocios al mismo tiempo porque sabido es que Italia es el único país del mundo que se queda sin gobierno y sigue funcionando por inercia desde los tiempos de los romanos. Pero Europa no aceptaría esa esquizofrenia. Gerhardt Schröder tiene problemas con su economía y es probable que pierda las próximas elecciones salvo que su objeción a la guerra con Irak no le permita ganarlas otra vez aunque sea en coalición. Olvidémonos de los países escandinavos y, por supuesto, de los 13 recién llegados al seno de la Unión. Ellos darán su voto a Aznar dada la amistad que profesan por los EE.UU. pero ¿qué sucedería si la votación se hiciese con el criterio de un hombre, un voto? El sufragio universal, en este momento, nos muestra que el 80 por ciento de los habitantes de la Unión Europea a 15 comparte la actitud de Jacques Chirac. Francia, Alemania y Bélgica, dentro de los actuales miembros (no votan ni Rusia ni China), se oponen a la guerra contra Irak y prefieren el desarme por medios pacíficos. Chirac es el hombre que en este momento representa a los ciudadanos de la Unión con un peso electoral de 8 de cada diez europeos. ¿Qué otro candidato podría lograr semejante apoyo en las urnas? ¿Quién tiene mayor ascendente en Africa y en el mundo árabe tanto en el Magreb como en Siria y Líbano, antiguos protectorados franceses en Oriente Medio? Decididamente, una elección por sufragio universal daría una victoria abrumadora al Presidente de la República Francesa, el país que codificó los Derechos Humanos y cuya revolución sirvió de inspiración a la mitad de la Humanidad.



