13 Abril 2003

Tentar al león

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 21:13

Ejecutar a tres de los secuestradores del ferry que cruza la bahía de La Habana, es uno de los errores más graves que podía haber realizado Fidel Castro en estos momentos. Y eso, después de haber procesado a 75 disidentes pacíficos que solo pretenden reclamar el mínimo de Derechos Humanos de que disfruta cualquier país del mundo occidental y haberles impuesto penas que van de 6 a 28 años.

El problema más grave de los dictadores, sobre todo cuando envejecen, es que se creen sus propias mentiras, tantas veces repetidas y coreadas por su entorno inmediato. Su primera mentira es que todos sus actos están motivados por el feroz embargo al que está sometida Cuba. Un embargo no es lo mismo que un bloqueo. Cuba no está sitiada sino que se prohíbe a los ciudadanos estadounidenses comerciar o visitar la isla sin permiso de las autoridades americanas. Eso permite al régimen de Castro comprar lo que quiera en el mercado internacional pero, es evidente, que no tiene con qué pagarlo. El comercio exterior de Cuba se limita al azúcar y al turismo con un dormido sector pesquero y dudas sobre la explotación minera. No se puede adquirir ni la energía necesaria ni los bienes de consumo más elementales si no se dispone de divisas fuertes. Mantener un ejército y una burocracia de corte comunista hipoteca gran parte del presupuesto del gobierno pero no puede eludir esas partidas ni reducirlas sin poner en peligro la supervivencia del régimen.

Los éxitos de la revolución castrista han sido ínfimos si se comparan con los sacrificios que ha impuesto al pueblo cubano. En 1958, cuando Batista me expulsó del país, Cuba tenía menos analfabetismo que España y estaba en cuestiones científicas a la altura de muchos países de Iberoamérica, no había ninguna discriminación racial y la música popular cubana era famosa en todo el mundo. El arte no se ha desarrollado por impulso del castrismo. Alicia Alonso o Célia Cruz no nacieron con la revolución. El deporte cubano ha mejorado en atletismo pero era célebre en pelota base y se ha creado una cinematografía pero nunca dejó de haber en Cuba excelentes escritores, poetas y pensadores. De las universidades han salido miles de médicos y profesores y tanto la sanidad como la educación, son gratuitas pero faltan las medicinas y las ideas del mundo exterior no penetran más que por boca de turistas o de cubanos de Miami que consiguen visitar a sus familiares de la isla.

Se hizo la revolución para restablecer la Constitución violada por Fulgencio Batista, y se ha olvidado restablecerla para imponer una constitución comunista, hoy anacrónica. Se hizo la revolución para diversificar la economía cubana y vender al mundo, como decía Agustín de Foxá, los postres: café, ron y tabaco, y se sigue dependiendo de una zafra de azúcar que no puede competir con la que se desarrolló en otros países del continente mientras la URSS se llevaba el cubano. Lo mismo ha sucedido con el tabaco, el café y el ron. El rón Bacardí hoy se distila en Puerto Rico y otros muchos países. No se ha diversificado la economía. Todo sigue igual, hasta las prostitutas que han sido sustituidas por las jineteras, y que se dedican al turista europeo en vez de hacerlo, como antaño, cuando Lucky Luciano y el actor George Raft dominaban el sector, con el norteamericano. Antes se metían a putas por las mismas razones que lo hacen sus hermanas en todo el mundo: por dinero. Ahora por una pastilla de jabón o una cena en un hotel dolarizado.

Con lentitud caribeña, el cocodrilo dormido como describía el Ché Guevara a la isla, ha ido esquivando todos los peligros que la amenazaron en sus 44 años de existencia.. La invasión de Bahía de Cochinos en 1961, la crisis de los misiles de Octubre 1962, la oleada de balseros huyendo a Miami, la caída del Muro de Berlín y el final del apoyo económico de Moscú, a todos esos escollos ha sobrevivido. Y ahora, cuando el mundo entero se asusta del Nuevo Orden Internacional de Bush y del fundamentalismo norteamericano, va Fidel Castro y procesa a 78 disidentes porque tienen reuniones con James Cason, jefe de la Sección de Intereses de EE.UU.. Toleró que Oswaldo Payá recogiese más de 11.000 firmas de cubanos pidiendo a su Parlamento un referéndum sobre el cambio político, y no solo no sucedió nada sino que el hombre pudo ir a recoger el Premio Sájarov, concedido por el Parlamento Europeo, y entrevistarse con el Secretario de Estado Colin Powell.

Incomprensible que en este momento en que George W.Bush –hermano del que gobierna Florida y que tanto depende del voto de la gusanera– está exultante por su victoria sobre Sadam Hussein, se atreva Castro a atraer la atención sobre sí. ¿No era el momento para reflexionar y acordarse de que cuando las barbas de tu vecino veas quemar pon las tuyas a remojar? Hace algún tiempo, nadie imaginaría una intervención militar en un país soberano por el mero hecho de que su régimen no tuviese una democracia homologable. Ahora nadie está tan seguro. Y es este el momento en que Fidel Castro, el decano de los autócratas del mundo, uno de los más testarudos y resistentes al desgaste, decide celebrar unos juicios al estilo procesos de Moscú y ejecutar a tres hombres que han querido huir de su país, un derecho reconocido hasta en el Irak de Sadam Huseín. Por otro lado, el secuestro del ferry no ha causado daño alguno a los rehenes y más de uno, de haber tenido éxito la aventura, se hubiese quedado en Florida. Pero la audacia es que el ratón mordisquee la cola del león.

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