Peligroso futuro
Recién caído Tikrit, el lugar de nacimiento de Sadam Huseín, se puede decir que la guerra de Irak 2003 ha terminado sin que en el feudo de Sadam Huseín se haya dado la feroz resistencia que se auguraba. Falta ahora restablecer un orden y un gobierno democráticos y empezar la reconstrucción de un país devastado por 24 días de tremendos bombardeos. Sin embargo, las razones que se dieron a la opinión pública para llevar a cabo el ataque, no se han justificado. Se ha derribado el régimen baasista pero su líder supremo, Sadam Huseín, no aparece por ninguna parte y se corre el peligro de haber creado un nuevo Osama bin Laden. Tampoco aparecen las armas de destrucción masiva ni se encuentran pruebas del apoyo del régimen al terrorismo internacional o la presencia de representantes de Al-Qaeda en Irak. Si el saqueo de ciudades requiere de una policía y los militares consideran que esa no es su tarea ¿por qué no se pensó en ello y se trajo tras el ejército de una fuerza policial encargada de impedir los desmanes que estamos viendo en la televisión y que son algo más que el mismo jarrón robado presentado cien veces por los medios de comunicación que Donald Rumsfeld denuncia con su fina ironía. Lo que sí estaba previsto era defender los pozos de petróleo y enviar los bomberos de una empresa tejana vinculada al cuarteto gubernamental para apagar los que se incendiaran.
Todavía no se ha instaurado en Irak el orden democrático de la Pax Americana, y ya están Bush y los halcones amenazando a Siria y a Irán. En buena lógica, Arabia Saudí, una dictadura fundamentalista, patria de Osama bin Laden y de la mayoría de los hombres que el 11-S derribaron las Torres Gemelas, estará también en el punto de mira de los estrategas del Pentágono. ¡Para poner los pelos de punta! Siria es acusada de dar refugio a líderes iraquíes y de tener armas de destrucción masiva, concretamente químicas. Estamos hablando de un país que tiene un contencioso con Israel que ocupa desde 1967 los Altos de Golán donde ha instalado 20.000 colonos judíos en un lugar que domina las tierras y el mar de Galilea. En la guerra del Golfo de 1991, Siria estuvo del lado de Estados Unidos y envió tropas a Arabia Saudí y eso que presidía, desde 1970 un hombre duro como Hafez al-Assad. La explicación es que el Partido Baas, que fundó en Damasco el libanés Michel Aflaq, tiene dos ramas que se odian a muerte, la siria y la iraquí. De manera harto simplista, Cesar Vidal, miembro de la tertulia política de María Teresa Campos, afirma equivocadamente que las relaciones entre Siria e Irak eran estrechas porque ambos países tenían al Baas en el poder. Hace décadas que se daban la espalda. Hay varias razones para ello y la más profunda es la construcción del Creciente Fértil que, partiendo del Líbano, por Siria e Irak llegaría al golfo Pérsico. Damasco y Bagdad se han disputado siempre la primacía del proyecto. La ocupación por los sirios del valle libanés de la Bekaa, no solo se corresponde a la ayuda prestada a los musulmanes en su guerra civil contra los cristianos sino al profundo sentimiento de que el Líbano pertenece a Siria. Es más, aunque la independencia de ambos protectorados de Francia, data de 1946, Damasco no reconoció la independencia del Líbano… ¡hasta 1991!.
En 1983, Siria rompió con la OLP y empezó a apoyar a grupos contrarios a Al Fatal y a Yaser Arafat como Hezbolah cuyos guerrilleros actuaban al sur del Líbano y desde allí hostigaban a Israel. Por eso resulta absurdo que se le exija a Arafat que impida los atentados de suicidas cometidos por grupos como hamas o yihad islámica que no respetan su autoridad y Tel Aviv no lo ignora.
Desde el 10 de junio del 2000, cuando falleció Hafez al-Assad, le sucedió su único hijo vivo, el oftalmólogo formado en Gran Bretaña, Bashar al-Assad. Es un hombre tranquilo que gobierna, con menos crispación que su padre, un país con 3.100 dólares de renta per cápita, en el que los niveles de educación y la sanidad están a un nivel bastante aceptables. En 1997, los acuerdos entre Turquía e Israel, que preveían entre otras cosas, la fabricación de tanques, inquietaron seriamente a Damasco. Hay que pensar que Siria tiene minorías turcómanas y kurdas en el noreste del país y colonos judíos en el Golán y que las amenazas de amputación de su territorio son reales. El oleoducto que va de Kirkuk al puerto de Lataquía, en el Mediterráneo, representa un importante ingreso en derechos de paso del petróleo irakí y ya están amenazados por EE:UU..
La invasión de Irak empezó con las acusaciones de Washington sobre posesión de armas de destrucción masiva, connivencia con Al-Qaeda y el terrorismo internacional y amenaza contra sus vecinos. Después de la fracasada anexión de Kuwait y antes una guerra contra Irán, que duró 8 años y produjo un millón de muertos (ocasión en la que Rumsfeld, en 1988, vendió gas VH entre otro armamento), Bagdad no estaba buscando nuevas aventuras anexionistas. Pero señalando el peligro para sus vecinos, se hacía más perentoria la guerra preventiva que preconiza el Nuevo Orden Internacional que requiere que EE.UU. domine toda la región para poder imponer después, la paz entre Israel y Palestinos que le conviene a Sharon y al lobby judío de Washington. Eso además de controlar definitivamente el precio del petróleo por encima de la OPEP. Las guerras en Oriente Medio no se han acabado.




