17 Abril 2003

A trancas y barrancas

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 21:14

El 16 de abril ha empezado a moverse el mapa de la Unión Europea. Diez países vendrán dentro de un año a sumarse a los 15 actuales. No es quizá el momento más oportuno, después de la escisión en su seno producida por España y el Reino Unido a los que se sumaron los 10 candidatos. Dos concepciones opuestas de la Europa que queremos, se han enfrentado con ocasión de la guerra de Irak. Unos –Francia, Alemania y Bélgica—han defendido el derecho a disentir de la decisión unilateral de EE.UU. de derrocar el régimen de Sadam Huseín apoyándose en una resolución de la ONU, la 1.441, que nada dice de cambiar un régimen ni tan siquiera de invadir el país. Se limita a decir que Irak se atendrá a graves consecuencias si no se deshace de sus armas de destrucción masiva. Es la ONU quien tiene que juzgar cuales han de ser esas graves consecuencias. Esos países de la Unión Europea, piden que se le de más tiempo a los inspectores del equipò de Hans Blix para que terminen su trabajo. Alrededor de un mes es lo que solicitaban el diplomático sueco y su colaborador, El Bardeí, responsable de la Comisión Internacional de la Energía Nuclear. Pero los planes para atacar, cualquiera que fuese el resultado de la investigación de Blix, ya estaban en marcha. El juego que tuvo lugar en el Consejo de Seguridad, intentando obtener –incluso con la presión del soborno—el apoyo de los pequeños países que temporalmente se sientan en dicho órgano supremo de la ONU, fue bochornoso. Y allí pudo verse a EE.UU., Reino Unido, España y Bulgaria formar un bloque que aceptaba sin rechistar lo que George W.Bush, Donald Rumsfeld, Condoleezza Rice y Colin Powell, decían.

Inmediatamente, las masas europeas se lanzaron a la calle a decir no a la guerra. Una mayoría impresionante que en España alcanzó el 91 % y que sobrepasaba el 75% a nivel continental incluida Gran Bretaña con más del 55%. Francia y Alemania, los motores de la Unión Europea, no pudieron hacer nada contra la voluntad belicista de los EE.UU. y sus aliados del grupo de las Azores.pero tenían detrás de ellos algo que reconfortaba el alma de cualquiera que desee lo mejor para nuestro continente, harto de dos mil años de guerras: ¡la ciudadanía europea! Nadie creía que existiese pero como la Puerta de Alcalá, Ahí está.

Si un par de países pretenden reverdecer glorias imperiales a la sombra del primo de Zumosol, cargándose de paso la utopía más hermosa del siglo XX, deben saber que políticamente pagarán el precio en esas urnas con las que tanto se amparan. No me refiero al señor Bush Jr que, de las urnas solo le gustan las papeletas mariposa de su hermano JEB.

Y es en estas condiciones como llega el momento fijado por los 15 para, después de haber crecido, multiplicarse dando entrada a socios que siempre pertenecieron al acervo cultural de Europa. .

A trancas y barrancas, con la Unión Europea tan maltrecha como la OTAN, se ha celebrado en Atenas, junto al Ágora donde nació la democracia, el acto de admisión de 10 nuevos países. Por este acto, la UE aumenta en 738.300 km2 sus actuales 3.1091.000, aproximándonos a los 4 millones de kilómetros cuadrados frente a los 9.373.000 km2 de los EE.UU.. Faltan por sumarse a estos 25 países, que dentro de un año estarán efectivamente dentro de la Unión y probablemente con el Euro como moneda nacional, en una siguiente etapa (probablemente 2007), Rumanía, Bulgaria y Turquía. Las diferencias entre los 10 recién llegados y los 15 habidos hasta ahora, son importantes pero, a la vuelta de unos años, habrán disminuido de manera importante.

Como hemos dicho más arriba, la ciudadanía europea actual se ha presentado, social y políticamente homogénea, frente al unilateralísmo mostrado por el gobierno de Bush Junior. Francia y Alemania, que despreciativamente designó Donald Rumsfeld como la vieja Europa, vieron sus tesis apoyadas por Rusia y China además de 325 millones de Europeos (el 70% del total). Los gobiernos de Aznar y Blair tuvieron de su lado a unos aspirantes a la Unión que suman 90 millones de personas de las que muchos estaban también contra la guerra pero que principalmente sueñan aún con emigrar a los EE.UU..La diferencia con la actual UE es que aquí pocos sueñan ya con emigrar allende los mares.

Lo urgente ahora es, en primer lugar, recomponer las buenas relaciones de la Unión anterior a la guerra entre los antagonistas de hace un mes. Adoptar todos una actitud homogénea ante el liderazgo de la ONU en la reconstrucción de Irak, convencer a los nuevos socios de que las guerras preventivas no pueden constituir la base del Derecho internacional. Conforme estos vayan apercibiéndose de los beneficios que les trae la UE, les veremos ser más fieles a los ideales nacidos del Tratado de Roma aunque, como todos nosotros, defendamos la multilateralidad y el transatlantismo. La Constitución de la UE, que Giscard d´Estaing está terminando de pergeñar vendrá a sentar las nuevas bases de la coexistencia europea. El éxito del euro es la prueba de que los proyectos de esta vasta y vieja comunidad, cuna de la democracia y de las ideas que engendraron la revolución norteamericana, como muy bien señala Carlos Fuentes, tiene dinamismo suficiente para emprender grandes hazañas dentro del mundo del derecho y la razón.

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