El parchís de las Azores
Siendo tan creyentes como son ellos, George W.Bush y José María Aznar, no es de extrañar que se dediquen a redactar catecismos preconciliares y a no hacer ni puñetero caso a lo que decía Juan Pablo II. Con el mayo florido, el Papa polaco visita Madrid y es de suponer que el Pontífice le eche una bronca a don José Mari como la que regaló al revolucionario, poeta y sacerdote Ernesto Cardenal, en Managua. Pero volvamos a ese catecismo que algunos llaman road map y los cursis hoja de ruta cuando en realidad se trata de un juego de parchís al que se ha invitado a jugar a Ariel Sharon y a Abu Mazen, el Primer Ministro de la Autoridad Palestina de la que se ha relegado Yaser Arafat a un puesto honorífico.
Lo primero que llama la atención sobre este mapa de carretera es la diferencia de lenguaje según se trate de palestinos o de israelíes: que el pueblo palestino tenga una dirección capaz de actuar con decisión contra el terror. Eso está muy bien pero los autores de este documento se olvidan de la existencia de Hamás, Yihad Islámica y Hezbolah. Nada menos. Ninguno es partidario de reconocer el Estado de Israel y quieren echar a los judíos al mar. Prosigo: que Israel muestre la voluntad de hacer todo lo necesario para la creación de un Estado palestino. Con que muestre la buena voluntad, basta. Total, Ariel Sharon tiene asegurada la partida con afirmar que desea un Estado palestino, pero uno a su medida.
El que vea un mapa de Cisjordania y Gaza con los asentamientos judíos –incluso si son solo colonias establecidas antes de marzo 2001, cuando empieza la Segunda Intifada– se creerá estar ante el rostro de una victima de la viruela. El territorio destinado a constituir el futuro Estado palestino es un auténtico patchwork*. No se puede gobernar algo así. Pero esa inviabilidad ha sido deseada por los fundadores del Estado y sigue planos más secretos y complejos que este catecismo o reglas de juego del parchís.
Desde 1948, incluso un poco antes, los judíos que componían una modesta población de medio millón de personas, tuvieron sus grupos terroristas (Haganah, Stern, Etzel, Lehi, etc…) que se encargaron de practicar una limpieza étnica aterrorizando a la población palestina y obligándola a huir. Esa población sumaba unos millones de individuos de los que una parte quedaría dentro del Estado de Israel, que se proclamó el 14 de mayo de 1948, y otra cantidad menor de judíos que habitaría en la zona atribuida a los palestinos. Para esas fechas, los movimientos sionistas realizaban grandes esfuerzos para atraer colonos judíos de los países recién liberados del nazismo y recaudar dinero y armas con la ayuda de la rica minoría israelita de EE.UU..
Nada más proclamarse el Estado de Israel a medianoche del 14 de mayo, los países árabes le declararon la guerra saliendo victoriosos los judíos y con un 50 por ciento más de territorio del que le asignaba la Asamblea General de la Naciones Unidas el 29 de noviembre de 1947. Se añadía al primitivo reparto toda Galilea, toda la costa, una reducida franja de Gaza, todo el Neguev y el noroeste de Jerusalén. Unos 720.000 árabes palestinos tuvieron que huir de sus casas. El reino hachemí de Transjordania se anexionó Cisjordania, que había sido defendida por la célebre Legión Árabe de Glubb Pachá y otros 50 oficiales británicos. Tomó el nombre de Reino hachemí de Jordania. En 1951, el rey de Jordania, Abdullah, es asesinado al salir de la mezquita de Al Aqsa por haber anexionado la orilla occidental del río Jordán.
Los judíos disponen de una ley del retorno que permite a cualquier de ellos regresar a una tierra de la que estuvieron exiliados durante 2.000 años. Ese mismo derecho tienen los palestinos que han malvivido 55 años en campos de refugiados del Líbano, Jordania o dentro de la propia entidad de la ANP (Autoridad Nacional Palestina). Sin embargo, tanto el mundo occidental como los diversos gobiernos israelíes han dado prueba de una fuerte y oportuna amnesia en relación a ese tema. Dos mil años integrados en sociedades occidentales u orientales no son tan crueles como la vida en polvorientos campamentos desde hace décadas. Y los jóvenes, de tercera generación criados en esos campos de refugiados, sin trabajo ni porvenir, son carne propicia para los extremistas palestinos.
Doce horas después del acuerdo de Yaser Arafat y su Primer Ministro Mahmud Abbas (Abu Mazen) sobre el nombramiento del Ministro del Interior (que ocupará el propio Mazen para romper el impasse), un joven de 18 años, Ahmed Jatib, del campo de refugiados de Balata, en Nablús, se suicidaba en la estación de ferrocarril de Kfar Saba. Con su muerte provocaba la del guarda jurado que le pedía los papeles, y dejaba en su derredor trece heridos graves. El atentado ha sido reivindicado por los Mártires de Al Aqsa, milicias del grupo mayoritario Al Fatah… presidido por Yaser Arafat, el cual ha condenado enérgicamente el atentado.
El número de grupos palestinos que combaten contra el Estado de Israel es no solo incontable sino incontrolable. Casi todos tienen recursos económicos procedentes de países petroleros musulmanes y esos fondos son enviados para mantener los servicios sociales que cada grupo mantiene. Hemos visto como, con las restricciones que había en Irak hace unos días, en Kerbala, los islamistas repartían carne y arroz a los miles y miles de peregrinos. Del mismo modo, las victimas de la represión israelí o sus familiares o los parientes de los kamikazes, son ayudados con esos fondos que la solidaridad musulmana distribuye con prodigalidad.
Como se ve, existen razones económicas personales y de ayuda encubierta a la guerrilla, para que estos grupos –a veces solo grupúsculos—puedan sobrevivir. Pero los judíos contraatacan de dos maneras: destruyendo la casa de los familiares de los suicidas y aumentando la represión contra los elementos sospechosos de haber ayudado al terrorista. Mientras tanto, conforme los palestinos abandonan ciertas zonas deprimidas y sin esperanzas o empujados por el Tsahal, el ejército israelí, los asentamientos ocupan el espacio dejado libre.
Ilan Poppe,israelí y profesor de Historia de la Universidad de Haifa, sostiene que los jóvenes judíos aprenden que los años de expolio y genocido de palestinos furon tiempos de gloriosa epopeya. Los cientos de miles de expulsados de sus tierras son una sorpresa para cualquier joven sabra (nacido en Israel,
Difícil hoja de ruta la que propone EE.UU. y apoyan con entusiasmo Blair y Aznar con más ingenuidad que voluntad de resolver el problema de una vez por todas. La parte que Sharon tiene que cumplir con la mejor voluntad no es equivalente a la exigencia que se le hace a los palestinos de un alto el fuego inmediato e incondicional para acabar con la actividad armada y todos los actos de violencia contra los israelíes en cualquier lugar . Como se ve, las dos varas de medir siguen vigentes hasta en el tono de estas reglas del juego ideadas por Washington, Londres y Madrid y aceptadas apresuradamente por el Cuarteto (ONU, UE, EE.UU. y Rusia). Quizá pensaron que más vale pájaro en mano que ciento volando.
* Tela hecha de retales, de texturas y colores diferentes.




