11 Mayo 2003

Ciclos de desarrollo

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 21:21

Para alguien que peina canas y cuya profesión es absorber información y redistribuirla a los demás de la forma más coherente y digerible, el camino hacia el desarrollo presenta una serie de elementos que se repiten con cierta insistencia en distintos tiempos y lugares. Partamos de un país como la España de 1900 y lleguemos a la del año 2000, es decir, la de nuestros días.

Un país que ha perdido el paso de la industrialización, que tiene una elevada dependencia de la agricultura, ella misma tan atrasada como los que se dedican a ella. Caciquismo, emigración hacia las ciudades donde se forman arrabales de miseria y delincuencia. Además de esa emigración agro-ciudad se produce un abandono del país hacia América, principalmente. Las guerras coloniales (Cuba, Filipinas, Marruecos) agotan los recursos nacionales y sangran la juventud española. Tenemos una economía de subsistencia y solo queda del oropel de antaño, la nostalgia.

El fin de las guerras coloniales, la llegada de la República con los primeros pasos para rescatar al país de su depresión, son positivos. Desgraciadamente, algunas fuerzas se resisten a los cambios. La Iglesia, el Ejército, el Dinero, no ven con buenos ojos el laicismo, la supeditación de las Fuerzas Armadas al Poder Civil, los derechos sindicales, las reformas agrarias. Y estalla la guerra civil de 1936. El orden político queda interrumpido por un sublevamiento militar que secuestra el poder civil electo y lo sustituye por una democracia orgánica durante 40 años.

Durante la dictadura franquista, a las diversas emigraciones alentadas por la pobreza y la falta de oportunidades, se había sumado el éxodo republicano hacia Francia (los más desprovistos de medios o los que creyeron que aquello era temporal) y hacia América (los más adinerados y con profesiones liberales). Los jóvenes de hoy ignoran que España tuvo sus pateras, mayores que las del Estrecho, que salían clandestinamente de Canarias y se dirigían a Venezuela. Al mismo tiempo que se jugaban la vida unos compatriotas, otros se iban a Alemania, Bélgica y Holanda con una maleta de cartón sujeta con cuerdas. Algunos, los menos, iban con contratos tramitados por el Instituto de Emigración pero cuando la gente de mi edad escuchamos jóvenes colegas decir que los marroquíes y sudamericanos deberían venir a España con contratos firmados en la mano, como hacíamos nosotros cuando íbamos a trabajar a Alemania, nos quedamos con la boca abioerta. Marina Castaño, Isabel San Sebastián, César Vidal, hablar con los que tenemos edad. ¿Sabéis qué contratos llevaban las españolas que iban a trabajar a Francia? Un papelito con la dirección de la iglesia española de la rue de la Pompe de Paris. Los periódicos españoles de la época publicaban reportajes sobre los barracones insalubres donde dormían los emigrantes españoles en Alemania o la morriña de las “petites espagnoles” que a penas se entendían en franpañol, con la “Madama”.Los refugiados españoles de la guerra civil que residían en Francia y, a veces, habían luchado en la resistencia y luego habían montado un pequeño negocio, echaban una mano a los compatriotas recién llegados. Recuerdo un aduanero español que se quejaba de haber estado del lado de los vencedores y que años más tarde, su hermano taxista había regresado del exilio, a Badajoz, con su esposa francesa, un último modelo de automóvil y dinero para gastar.

Aquellos emigrantes de los años 20 y 30, aquellos refugiados de la guerra civil y los emigrantes de los 40 y 50, remitían parte de sus ingresos a su tierra para mantener unos padres ancianos, comprar la casa donde nacieron o abrir una libreta de ahorros para, a su regreso, poder montar un pequeño negocio. Todo esto es muy parecido si, en lugar de nosotros los españoles, trasladamos el relato a marroquíes, ecuatorianos, peruanos, dominicanos, rumanos o polacos. Ellos están ocupando los trabajos que nadie quiere en España como nosotros hicimos los que ningún alemán, francés, inglés o sueco quería hacer en su país, hace medio siglo. Hoy aquellos españoles han regresado a España y les han sustituido allí turcos, letones, polacos, rusos o kurdos.

La apertura de España al turismo obligó al gobierno franquista a renunciar a muchos de sus prejuicios sobre la sexualidad y la decencia. El primer bikini de una francesa en la Costa Brava, detenida en la playa por dos Guardias Civiles con tricornio, recorrió la Europa de entonces en una célebre foto de doble página de Paris-Match pero el Ministro de Información y Turismo Manuel Fraga, en pocos años, cambió la imagen de mojigatería y supo atraer al turismo extranjero pese a un eslogan que, a los españoles, no sentaba a cuerno quemado: Spain is different. Nosotros no queríamos ser diferentes sino como el resto de los europeos. La primera que se puso al día fue la mujer española y empezó el boom del turismo. La competencia de las suecas soltó el pelo de las españolas y estas y el vino, luego la cerveza, cambiaron de mentalidad y fueron un reclamo más para los varones extranjeros. Disminuía nuestra natalidad, el número de personas dependientes de la agricultura, aumentaba el sector servicios y entraban las divisas de los emigrantes y de los turistas.

Y esa fue la plataforma desde la que surgió el desarrollo español. En los últimos 25 años, nuestro país se ha colocado en el octavo puesto de las economías más fuertes del mundo. Inútil decir que ningún partido político puede atribuirse el mérito y que, incluso, parte de ese esfuerzo de los españoles, procede del desastre de la guerra civil y de la trágica posguerra.

El regreso de los emigrantes y la llegada de turistas han favorecido el aprendizaje de idiomas y el descubrimiento de otras realidades. Conozco un restaurante alemán en la calle Ibiza de Madrid, propiedad no de un alemán sino de un emigrante retornado con sus ahorros y sus conocimientos de la idiosincrasia y la cocina de uno de los grupos de turistas más abundantes de los que nos visitan anualmente. Y por supuesto, sus hijos son completamente bilingües.

Hoy estamos viendo como Marruecos utiliza las mismas armas para construir su base de partida hacia el desarrollo y cuando en nuestro vecino las gentes no quieran ser asistentas, jardineros o camareros porque han alcanzado niveles de acomodo superiores, recibirán la inmigración subsahariana que remitirá parte de sus ganancias a Dakar, Burkina-Faso, Douala o Brazzaville. Y el ciclo se volverá a repetir. Emigración y turismo son las inversiones más fructíferas que un país en vías de desarrollo puede realizar. Es la formación de capital más elemental pero también la más sólida. Es la filosofía de la hormiga. En un país de cigarras como el nuestro, ha logrado exitos notables.

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