El fin del terrorismo
El 1 de Mayo, vestido con el aparatoso uniforme de los pilotos de combate, el Presidente George W.Bush, aterrizó a bordo del portaviones Abraham Lincoln con la sonrisa del niño al que han dejado conducir un rato el automóvil de papá, él mismo que le libró de ir a Vietnam gracias a su influencias. En aquella guerra murieron 60.000 soldados norteamericanos, vestidos con uniformes de verdad. Una vez rodeado por sus compañeros de armas, el presidente anunció jubiloso, el fin de las operaciones militares en Irak: “hemos asistido a un cambio de marea.” El martes 13, los terroristas han dado la respuesta a quienes creen que una guerra puede erradicar el terrorismo. Han sido 34 muertos y dos centenares de heridos en unas urbanizaciones de RIAD donde habitan numerosos occidentales.. Dos horas más tarde llegaba a Arabia Saudí el Secretario de Estado americano Colin Powell con su hoja de ruta debajo del brazo. La firma del atentado no ofrece dudas: Al Qaeda.
Cuando Colin Powell acude a Moscú para explicar la misma hoja de ruta a Putin, se encuentra con el cariacontecido presidente que acaba de padecer otro atentado en Chechenia, el segundo en dos días. Puede que no tenga nada que ver con Al Qaeda pero las coincidencias son tanto más sorprendentes que los independentistas chechenios son también musulmanes y que lo que el enviado de Bush traía en sus manos era un plan que ha sido aceptado por EE.UU.- UE - ONU y Rusia. En nuestro país, no solo el señor Aznar y el PP, sino ciertos colegas que parecen a sueldo de Washington, sostienen que todos los terrorismos son iguales, que algunos culpabilizamos a las victimas con tal de defender a los verdugos, que lo que hay que hacer es primero detener el terrorismo y luego hablar. Los que hemos anunciado hace tiempo que el ataque a Irak iba a producir miles de hombres y mujeres candidatos al martirio, no nos alegramos en absoluto de las muertes que se han producido en Arabia y en Chechenia. Nunca querríamos tener razón a semejante precio pero si todos nos callamos el círculo vicioso no se detendrá nunca. España, desde los tiempos de Franco, ha demostrado que no se lucha contra el terrorismo con el Ejército. Y él era militar. Durante la transición, los diversos gobiernos, desde la UCD y el PSOE hasta el PP, ninguno ha tenido la tentación de enviar tanques y aviación al País Vasco. Al terrorismo se le combate infiltrándolo, gastando dinero y esfuerzos en dotar los servicios de inteligencia con los más sofisticados medios tecnológicos y colaborando estrechamente con los servicios homólogos de otros países. Es incomprensible que, en vez de aleccionar a George W.Bush en el arte de combatir a los terroristas, José María Aznar, él mismo superviviente de atentado etarra, se haya adherido sin rechistar a las tesis y procedimientos del presidente tejano.
En la voladura controlada de un edificio, los expertos conocen los puntos estratégicos donde hay que colocar las cargas de explosivo. Una vez explosionado, todo el edificio se desmorona causando el menor daño colateral posible. En el desmantelamiento del terrorismo, se tiene que seguir un procedimiento parecido pero teniendo en cuenta que los puntos donde hay que colocar las cargas son Palestina, Chechenia, Arabia Saudí y todos aquellos lugares donde la población sufra condiciones severas de injusticia y codicia por parte de terceros. Los palestinos tienen tantos derechos como los israelíes a tener una patria, un Estado. Los Chechenos tienen petróleo y Moscú no quiere privarse de él. No se trata de un territorio que se quiere desgarrar de la Federación Rusa sino de un territorio que solo se convirtió en república autónoma en 1936, dejó de serlo en 1944 y vio su población enviada a Siberia para regresar en 1957 y querer su independencia tras la disolución de la URSS. El caso de Arabia Saudí es el de un país gobernado por una misma familia desde la creación del Reino, en 1932. El país mismo lleva el nombre de la dinastía gobernante, los Saudíes. Los 10.00 príncipes de la familia real disponen de ingentes ingresos comparados con los de sus conciudadanos. El país está gobernado bajo la sha´aria o ley islámica. Esto significa cortar la mano de un ladrón o lapidar a una mujer adúltera.
Aunque Osama bin Laden es Saudí, como la mayoría de los que intervinieron en el atentado a las torres Gemelas de Nueva York, derrocar a la monarquía Saudí es una de sus máximas aspiraciones aunque la primera sea ayudar a los palestinos a crear un Estado independiente de Israel. Otra es ver a los norteamericanos abandonar la tierra de Arabia donde se sitúan las ciudades santas de Medina y La Meca. Con su fortuna y el conocimiento de la manera de pensar de los occidentales, especialmente norteamericanos, a los que odia y desprecia, bin Laden puede hacerles daño en cualquier lugar de la tierra que él desee.
En Irak, a diario caen soldados americanos en emboscadas o bajo las balas de francotiradores. Este goteo, desgraciadamente, va a continuar durante mucho tiempo. Cuando George W.Bush ha pedido ayuda a la comunidad internacional para la ocupación del país y el establecimiento del orden y de la democracia que a los occidentales nos interesa, lo hace para repartir los gastos de las mal llamadas fuerzas de pacificación y para disminuir el riesgo que corren sus propios soldados. Pero el chiísmo clama multitudinariamente por las calles del tercio sur de Irak. El ayatolá Hakim clama por un Estado Islamista como el de Irán donde ha pasado 23 años exiliado. Conforme se descubren en Mahawil, al sur de Bagdad, miles de cadáveres en fosas comunes, todas víctimas de la represión de 1991, algunos occidentales ponen este hecho atroz como ejemplo de la crueldad de Sadam Huseín y justifican la guerra por esos asesinatos, olvidándose que desde el ángulo de las victimas, la cosa se mira de otra manera totalmente diferente. Durante la primera guerra del Golfo, en 1991, el presidente Bush padre liberó Kuwait y se detuvo en la frontera de Irak sin perseguir al ejército de Sadam, con lo que respetaba las resoluciones de la ONU y evitaba desestabilizar una región donde el enemigo máximo era Irán. Entonces, al ver que los chiíes de la región de Basora deseaban la caída del régimen de Huseín, lanzó cientos de miles de folletos que decían:To the iraqui People: Rise and throw-off Sadam. The United States will come to your Aid. (Al Pueblo de Irak: Sublevaros y echar a Sadam. Los EE.UU. vendrán en vuestra ayuda). Esto explica que el recibimiento dado ahora, en 2003, a las fuerzas de la Coalición en la región de Basora no haya sido muy caluroso después de las terribles matanzas que hizo Sadam Huseín contra la población que había cooperado con los aliados de la Fuerza Internacional en 1991. La ayuda no llegó nunca pero las represalias del régimen fueron tan duras que se espera descubrir en esas fosas hasta 15.000 cadáveres. Los húngaros de 1956 todavía recuerdan las invitaciones occidentales a la insurrección y cuando esta se produjo, nadie acudió en su ayuda. La represalia soviética fue feroz.
Vele la pena reflexionar sobre cómo, a cañonazo limpio, los EE.UU., un país sin experiencia terrorista (en Europa la tienen Francia, Gran Bretaña, Italia, Alemania y España), propone acabar con esta plaga sin encomendarse más que a Dios y al Diablo. No apoyemos esas tesis y si somos buenos aliados, razonemos a nuestros amigos aliados. La actual situación de ETA y el terrorismo en España demuestra que los gobiernos españoles lo están haciendo bien, incluso muy bien gracias a la ayuda de Francia. El Reino Unido, que utilizó al ejército en el Ulster, todavía se debate en medio de la incertidumbre de la no-paz/no-guerra. Nada que ver con el País Vasco.




