¿Empezamos a pagar?
En esta BITACORA, hace tiempo que estamos señalando el peligro que corre España al incluirse en la lista de países que apoyan la política de George W.Bush y de Ariel Sharon por el deseo de sacar a nuestra nación de no sabemos qué esquina de la Historia. No es fácil para José María Aznar estar con el César en unas cosas y no en otras. Se pueden dar las vueltas que se quiera, siempre volvemos al problema israelo-palestino. Pero hay más: muchos de los movimientos terroristas pertenecen a grupos Islamistas pero no todos los islamistas son terroristas. Las acciones que se realizan contra aquellos occidentales que, de una forma u otra, apoyan al Estado de Israel en contra del pueblo palestino, tienen a EE.UU., y a Bush particularmente, como enemigo Nº1 del pueblo árabe y musulmán pero también a los países que apoyan o callan delante de las atrocidades que lleva a cabo el Tsahal, el ejército israelí, contra un enemigo carente de armamento pesado. Mientras estaban reunidos Sharon y Abu Mazen, el Primer Ministro de la Autoridad Nacional Palestina, se han producido nuevos atentados, en Jerusalén, Hebrón y Gaza que, ni el recién nombrado jefe del gobierno palestino ni antes Yasir Arafat, pueden impedir. Inmediatamente se ha suspendido el encuentro de Sharon y Mazen y el Primer Ministro israelí ha cancelado su viaje a Washington donde iba a aguantar “cierta presión” para que acepte la Hoja de Ruta con el menor número de modificaciones posibles.
Mientras no decidan Sharon y Mazen, no levantarse de la mesa sin haber alcanzado un acuerdo, por muchos kamikazes que mueran matando o tanques judíos disparando a los jóvenes que les apedrean o destruyendo casas; no se acabará el terrorismo mal llamado de origen islámico.
Tres españoles, tres franceses, un italiano, un yugoslavo y doce marroquíes, además de un centenar de heridos, murieron en el atentado de la Casa de España y otros dos lugares más de Casablanca. Según parece, perpetraron estos actos 13 jovenes suicidas pertenecientes al movimiento Asirat al Mustakim (El Camino Recto). José María Aznar ha querido confundir a la opinión pública diciendo que este atentado no tiene nada que ver con la participación de España en la Coalición de las Azores. Pero en su fuero interno, como muchos del PP, sabe que sí tiene que ver. “No es la primera vez que el terrorismo islámico ha atacado a españoles”, sostienen los del PP mencionando el atentado de Marrakech en 1994. Olvidan que los dos españoles que murieron a finales de agosto de aquel año en el hall del Hotal Atlas Asni, lo fueron por casualidad, como les ha sucedido ahora al yugoslavo, al italiano o a los franceses que cenaban en la Casa de España. En este caso los atacantes han degollado al conserje antes de entrar en el recinto abarrotado de comensales y morir matando.La muerte del conserje demuestra que el lugar había sido elegido y no lo era al azar. Era a España a la que deseaban atacar y la prueba es que también intentaron hacerlo en la Cámara de Comercio de Española. El Hotel Safir, donde se produjo otro de los atentados, es de capital saudí y el tercer lugar era un inmueble donde no buscaban al Consulado belga pero donde parece que estuvo anteriormente el consulado de los EE.UU..
En la reunión de los cinco ministros del Interior de los mayores países de la UE, en Jerez de la Frontera, Angel Acebes ha advertido de que ningún país está a salvo del terrorismo islámico. Esta forma de enfocar el problema es maniquea porque viene a decir que, el atentado de Casablanca, no es consecuencia de nuestro alineamiento con las tesis de George W.Bush y que los españoles pueden estar tranquilos porque nos ha tocado de casualidad.
Las asociaciones islamistas son, en los países de mayoría musulmana, auténticas sociedades benéficas que hacen un poco las veces de la inexistente Seguridad Social de Occidente. No son centros de reunión de criminales aunque, con el paro juvenil y la falta de perspectivas de futuro que tienen éstos, es evidente que muchos salen de ahí para ingresar en las filas de organizaciones político-militares violentamente opuestas a la ocupación de los territorios atribuidos a los palestinos en Gaza y Cisjordania, o que desean la desaparición del Estado de Israel. Los campos de refugiados producen este tipo de combatientes suicidas que han convertido su miseria, ociosidad y carencia de horizontes en una misión sagrada. Muchísimos han nacido en esos lugares y llevan desde 1967 viendo su tierra ocupada por las tropas israelíes que protegen, siguiendo la política del Likud,, los asentamientos de colonos y creando auténticas ciudades donde la ONU señaló que debe de haber un Estado Palestino. El proyecto de Ariel Sharon es bien conocido: hacer inviable el estado palestino que pide Occidente y la ONU. En realidad es llevar a cabo el viejo proyecto sionista de Eretz Israel, el “Gran Israel”. El diagnóstico del problema está hecho hace tiempo pero todo el mundo deja para lo último la solución de este problema. Primero hay que acabar con el terrorismo dicen los que no desean solucionarlo. Y se invaden países, se buscan armas de destrucción masiva, conexiones con Al Qaeda y cualquier cosa menos cortar el mal en su raíz.
Mientras no se resuelva el problema de Palestina –dos estados conviviendo en paz—y no se ofrezcan posibilidades de futuro a los millones de jóvenes para que salgan de los ghettos, en los que han sido engendrados y han crecido, para que se pongan a construir su país, no habrá paz. La ayuda exterior, incluida la israelí, técnica y económica, conseguirán acabar con el terrorismo islamista internacional.
Los países de la Coalición que han apoyado a Bush deberían hacerse la siguiente pregunta: ¿Podrían ellos garantizar a alguien que no se produciría un atentado en su territorio durante un plazo suficiente para llegar a la puesta en marcha de una Hoja de Ruta cualquiera? En el caso de Sharon y Mazen sabemos que todos los grupos que encubren, financian y alientan a los suicidas, son grupos que no tienen ningún interés en que lleguen a puerto las negociaciones de paz que perpetúen la presencia de Israel en lo que fue la Palestina bajo protectorado británico. En ese caso, los mejores aliados de Ariel Sharon y el Likud son Hamás, Hezbolá, Yihad Islámica y la facción extremista de Al Fatal. ¿Qué pueden Yasir Arafat y Abu Mazen contra semejante coalición?



