Que no nos acojonen
Tener miedo no es ninguna deshonra pero hay que reconocer que muchos adolescentes varones, llegados los 12 o 13 años, nos preguntábamos como reaccionaríamos si tuviésemos que salir en defensa de la muchacha a la que acompañábamos si surgía la ocasión. Teníamos miedo de parecer cobardes. Y aquel miedo desapareció cuando tuvimos que enfrentarnos la primera vez con un adversario. Lo que sí es cierto es que no fui capaz de pegar el primero, por mucho que lo recomiende el proverbio. Me aparecía la fuerza si yo era el que recibía el primer puñetazo. Entonces se me olvidaban los miedos y me defendía razonablemente bien.
Viene a cuento esta introducción para explicar por qué me preocupa que los EE.UU. estén ya apuntando a Irán como próximo enemigo a batir ¿o será Siria antes? ¿No será mejor que nos hagan antes un poco de daño? Seriamos más contundentes en nuestra respuesta y nos sentiríamos moralmente como EE.UU. después de Pearl Harbour. Pero en Washington, la estrategia republicana es fomentar la industria del armamento y controlar la producción y los precios del petróleo mundial. No importa cuales sean las consecuencias con relación al mundo árabe y musulmán, el mapa de Oriente Medio tiene que ser rehecho desde el Pentágono a golpe de cartabón.
Llevar a cabo esta ingente labor requiere la ayuda de los aliados. No solo para ocupar terreno y liberar a sus soldados de tareas humanitarias sino para que sean otros los que apechen con el costo de la ocupación. Una invasión da dinero al que la promueve por la gran cantidad de armas y munición que se utilizan y que hay que reponer. Una ocupación supone gastar mucho dinero en alimentar al ocupante y ayudar al ocupado. El ejemplo se está viviendo en Irak, donde americanos y británicos van a obtener grandes beneficios con la exclusiva de la reconstrucción y el reparto del petróleo, pero mientras llegan los europeos continentales a echarles una mano, serán los anglosajones los que pongan los muertos en un goteo típico de toda ocupación de un país. Lo he vivido en la Francia ocupada de 1940-45 cuando más de un soldado alemán era discreta y anónimamente empujado en el metro al paso del convoy. Los “terroristas” franceses pagaban esa muerte con la de una decena de inocentes ciudadanos galos fusilados como represalia. Diez inocentes por un soldado alemán.
Y ahí es donde intervenimos los españoles. En una zona donde el chiísmo puede convertirse en peligroso para nuestros soldados, no porque sean españoles, sino porque llevan el uniforme extranjero de ocupantes. Conforme los EE.UU. impongan su dominio físico e invasivo sobre más territorio, irán aumentando los problemas de mantenimiento del orden, de abastecimiento de las poblaciones, de creación de puestos de trabajo, de organización de la vida comunal. Los polacos se encargan del sector central del país y no nos cederán el mando ni siquiera alternativamente. Una vez más nos mienten nuestros gobernantes cuando afirman que el asunto está abierto. Tenemos una brigada que a duras penas hemos conseguido articular con la ayuda de 1.200 sudamericanos. Polonia tiene un fuerte lobby en EE.UU. desde las fuertes inmigraciones de principios del siglo XX, cuando acudieron miles de ellos para trabajar en las minas estadounidenses de carbón, como lo han hecho recientemente en Asturias. He conocido a algunos de ellos en New Jersey que a duras penas hablaban el inglés y que editaban un periódico en polaco para su importante comunidad. Tampoco hay que olvidar que la CIA y el Departamento de Estado consideran que el Papa Karol Wojtyla ha sido decisivo en la caída del Muro de Berlín y el hundimiento de la URSS.
Las Naciones Unidas, por el miedo a prolongar su enfrentamiento con los EE.UU., se suma a las advertencias de Washington sobre el peligro de las armas de destrucción masiva que habría en Irán, aprovechando la situación semi-insurreccional del estudiantado de Teherán. Y, mientras los servicios secretos de Gran Bretaña y de los Estados Unidos se sienten indignados porque se les culpe de haber anunciado peligros que ellos afirman no haber documentado como los presentaron Bush y Blair, en España, el CNI de Jorge Dezcallar, aunque con retraso, también se siente involucrado en las mentiras de José María Aznar y Ana Palacio. La Cámara de Representantes y el Senado han emprendido investigaciones tendentes a averiguar por qué el presidente George W. Bush ha mentido al pueblo americano sobre la posesión de armas de destrucción masiva por Sadam Huseín y las conexiones de este con el grupo Al Qaeda. Lo mismo en Londres donde se produjeron las dimisiones de dos ministros laboristas y otros altos cargos porque su partido había mentido al país con el fin de meterlo en la guerra. ¿Qué apostamos a que, por mucho que se quiera defender Dezcallar y el Centro de Inteligencia Nacional (CNI), no se abrirá una discusión políticas sobre el asunto de las muchas mentiras lanzadas por José María Aznar, Ana Palacio y Mariano Rajoy que avalaban lo dicho por los otros dos coaligados de las Azores?
En la obra de teatro-vaudeville La Boda de Ana y Alejandro, el magnífico actor Guillermo Toledo, cuenta que en un colegio de curas, un sacerdote se pasaba el día avisando a los alumnos de que se condenaban al fuego eterno si se masturbaban, hablaban de sexo o tenían pensamientos impuros. Harto ya, uno de los estudiantes le replicó: Mire usted Padre, si hay que ir al infierno ¡pues se va!…..¡Pero no nos acojone usted, no nos acojone!
Si los Tres de las Azores quieren jugar de nuevo a la guerra, que se compren una Playstation 2 y se hinchen a matar marcianitos.



