6 Junio 2003

El Trillo y la paja

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 21:35

Yo, desde hoy, me apunto a volar con aviones ucranianos de la compañía Sredizemnomorskie (Mediterráneos), que además de un nombre fácil de recordar, ha pasado la ITV de la OTAN que no pudieron pasar ni Iberia ni Air Europa. Dice Trillo Figueroa que puede que las compañías españolas no hayan aceptado los seguros que se exigen para zonas de conflicto. Hay que ver ese muchacho libanés de 32 años ¡qué poderío! Su empresa es capaz de presentar esos costosos seguros pero no tiene dinero para cambiar los neumáticos de sus aviones. ¿Y al señor ministro no le llama la atención lo que, a cualquier ciudadano sin sus calificaciones, nos pone los pelos de punta? ¿Como es que parte ahora a visitar a las tropas españolas en Kabul viajando en un 707 de fabricación norteamericana pudiendo hacerlo en un magnífico Ilyushin 76 de la compañía bielorusa Transvia? El sacrificio de este insigne costalero murciano no tiene límites. ¡Aunque todavía no ha salido!

Llama la atención que el Ejército del Aire español no haya revisado los aviones bielorusos o ucranianos que contrata el gobierno con nuestros propios mecánicos. ¿Es posible despegar de la base de Zaragoza sin que un mecánico español de mantenimiento se haya percatado del estado de las ruedas? ¿Cómo es posible que el conducto reglamentario sea una especie de laberinto cretense por el que se pierden los informes y denuncias de los inferiores? ¿No sucederá como con los informes que el servicio secreto británico, el MI 6 entregaba a Tony Blair y que este manipulaba para que coincidiese con su deseo de atacar a Irak?

He viajado en todo tipo de aviones, desde la JamAir (literalmente Air Atascamiento) que de transportar ganado ovejero, aprovechó la huelga de Air India, para clavar unas sillas de cocina en el piso de la cabina y cobrarnos al equipo de TVE 800 dólares por persona para llevarnos de Calcuta a Nueva Delhi. En 1983 crucé con un equipo de TV2 el Congo Democrático, de Kinshasa a Goma, creo recordar que era en un viejo Convair Coronado que perdía presión por una puerta pero se resolvió el problema con papel kleenex mojado que taponaba las rendijas y también llevaba carga. Lo pilotaba Juan Manuel Pérez Aumatell, actualmente comandante de Iberia. Todos esos riesgos los asumíamos voluntariamente no por obediencia debida. El riesgo es consustancial con buen número de profesiones, como la de piloto o la de periodista, pero el de los militares es morir frente al enemigo pero no en accidentes por imprudencia de autoridades políticas que aceptan el deplorable estado de los medios de transporte que han de utilizar.

De la actuación de Federico Trillo-Figueroa en la Comisión de Defensa, lo menos que puede decirse es que dejó a los que la vimos con la boca abierta. Decir que fue él quien encargó realizar las fotos a un Comandante para publicarlas en la Revista de Defensa en un artículo que alabase la cooperación entre FF.AA. y ONG, como Mensajeros de la Paz, es tan increíble como confesar que es Redactor-Jefe de esa revista y no advierte ni el estado de los neumáticos ni el mal anclaje de la carga (¿barriles de cerveza?) al visionar el material gráfico que le presentan. Si lo vio ¿por qué no tomó inmediatamente medidas? ¿Cómo pudo afirmar que la compañía ucraniana le merecía toda la confianza y que se seguiría volando con ella, incluso después del accidente, y dos días más tarde comunicar, sin más explicaciones, que ha cancelado todos los vuelos contratados? ¿Es posible que los noruegos anulen, tras su primer vuelo a Kabul, los contratos con esta misma compañía aérea y sus socios de la OTAN no se enteren y, si se enteran, no se lo comuniquen a los demás miembros de la Añlianza? Luego, en un alarde de sentido del deber, Federico Trillo decide ir a Kabul a levantar el ánimo de nuestros soldados destacados en Afganistán. En 24 horas, en lo que va del principio de mi columna hasta aquí, cambia de opinión y decide quedarse en España y enviar un alto mando del Ejército en un Hércules. Cambiar de opinión, decir una cosa y la contraria dentro del plazo de 24 horas, es lo que se llama ser una veleta. Y una veleta al frente de un ejército de ocupación como el que tenemos en Irak no es lo más recomendable. Quizá ha llegado el momento de que José María Aznar se decida a separar el Trillo de la paja en todo este asunto que sería rocambolesco si no fuese trágico y real.

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