20 Junio 2003

Recordemos las Cruzadas

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 21:48

He tenido el privilegio de estudiar mi bachillerato en tres países diferentes. Gracias a la guerra civil española pude aprender el francés, el portugués, y no olvidar el español. En todos ellos he aprendido a ver los acontecimientos, históricos o contemporáneos, con visión triangular primero y poliédrica conforme mi profesión me sumaba estancias en más países. Alguien dijo que el racismo se cura viajando y el nacionalismo leyendo, o al revés. Lo cierto es que de la enseñanza de la Historia se consiguen resultados a gusto de los dirigentes de turno.

Yo acudía a la escuela pública de la rue Chernovitz, en el elegante barrio 16 de Paris después de pasar mi primer año escolar en el colegio Saint Louis de Gonzague de Biarritz. Conforme se alargaba la guerra en España y disminuían los recursos de mi padre, fui pasando del colegio de pago y crucifijo en el aula a la igualizadora escuela laica y gratuita del sistema educativo republicano francés. Agradezco profundamente al destino la pérdida de poder adquisitivo de mi progenitor, antiguo alumno de los agustinos de El Escorial, porque ello me permitió comprender la grandeza y legitimidad de la enseñanza laica. Para empezar, mis mejores amigos eran Mathieu, hijo de la portera de mi inmueble del 16 rue Raynouard, y Henri Guerlain, vástago de un perfumista mundialmente conocido. Primer tanto para el sistema educativo francés. La familia Guerlain consideraba que la escuela pública era de calidad superior a la confesional de pago. El segundo tanto lo proporcionaba la enseñanza de la religión: Estaba totalmente ausente del programa de la enseñanza pública. Los padres que querían enseñanza religiosa, mandaban a sus hijos a iglesias, sinagogas o mezquitas después del horario escolar y, por supuesto, ni que decir tiene que ninguna nota de religión contaminaba los exámenes de la enseñanza establecida por el correspondiente ministerio. Por añadidura, el sostenimiento de las religiones en Francia se hace con las aportaciones directas de los creyentes de cada una de ellas, igual que en Alemania y no como en España donde la religión es gratis. La República Francesa no mantiene económicamente al clero de ninguna religión aunque ayude en la conservación de monumentos de carácter religioso.

Hace poco, en el examen del bac (baccalauréat), equivalente a nuestra antigua reválida de bachillerato, un estudiante musulmán solicitó permiso para salir al pasillo a rezar porque era la hora prescrita por el Corán. El profesor le solicitó que entregase el examen y que no regresase al aula. El alumno insistió en salir y volver para terminar su exámen, y acusó de racista al educador. Este le brindó una nueva solución: que rezase en la clase y sacrificase parte del tiempo de que disponía para el examen por el bien de su fe. El muchacho dejó la oración para otro momento. Con el velo de las chicas también se producen fuertes tensiones en Francia por considerarse un precepto coránico discriminatorio. Pero el sistema republicano sigue defendiendo su laicidad.

El alcohólico rehabilitado, George W.Bush, fiel episcopaliano, agradece a Dios su elección a la Presidencia de los EE.UU. en lugar de hacerlo al apoyo de su papá (el lo llama daddy en público), de las petroleras y de las empresas de armamento, a corporaciones como Halliburton o Bechtel, o, en último recurso, al hábil manejo de urnas en Florida, el territorio de su hermano JEB. El caso es que está dispuesto a devolver favores a todos. Irak le ha permitido satisfacer a los magnates del petróleo (varios de los cuales son funcionarios destacados de su Administración) y del armamento (Vicepresidente Cheney) gracias a la guerra de Irak. ¡3.000 bombas en una noche sobre Bagdad, sean o no inteligentes, representan un pastón! Pero falta Dios. Si hay integristas musulmanes ¿por qué no habría de haber integristas cristianos? La misma Francia tuvo a su obispo Lefévre que se negaba a aceptar los cambios de Vaticano II y fue amonestado por el Papa que le amenazó con excluirle de la jerarquía. El pensador norteamericano Huntington habla de guerra de civilizaciones. Luego se quejan de que la imagen de los EE.UU. sea, en el mundo entero, negativa.

En España es bien sabido que el nacional-catolicismo causó estragos en las mentes de muchos españoles aunque estuviesen en la enseñanza pública. No queremos decir nada de los que estuvieron en colegios religiosos de pago. Algunos consiguieron más tarde, desprogramarse, sacudirse el peso de esa religión que, en algunas partes de EE.UU. niegan las teorías evolucionistas de Darwin y siguen enseñando el creacionismo. Y al séptimo día ¡barbacoa y baseball! La oración, la constante referencia a Dios, el subrayado reiterativo de que son pueblo elegido de Dios –como los judíos– la petición machacona de que el Señor bendiga a América cuyo nombre ya se han apropiado en exclusividad, todo ello, junto al patrioterísmo más rampante de calzoncillos y sujetadores abanderados de barras y estrellas, constituyen la base de una gigantesca cruzada contra los otros. Los malvados sirven para aglutinar esa masa de ignorancia cultural media y desconocedora voluntaria de otras realidades. Cuando el general árabe Amr ibn el As conquista Alejandría y ordena la quema de sus libros, lo hace tras declarar: Si no hablan de Alá, no nos interesan y si hablan de Alá ya sabemos todo de él.

En los últimos años hemos visto elevar a los altares a Monseñor Escrivá de Balaguer y beatificar a una serie de curas y monjas vilmente asesinados por los rojos pero no se condenan las ejecuciones llevadas a cabo por el otro lado. Franco bajo palio es la representación teatral de nuestra unidad de destino en lo universal. Si la derecha española que nos gobierna, ha restablecido la religión como asignatura de la enseñanza primaria y secundaria es porque Trento no ha muerto, porque nos siguen contando que el buen Cid combatía valientemente a los moros invasores, porque teníamos que reconquistar una España… ¡que no existía! Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, puso su espada al servicio de reyes moros contra cristianos y vice-versa. Los árabes aportaron a la península lo mejor de su ciencia junto con los judíos que ejercían de excelentes administradores y médicos. Hemos tenido monarcas que llevaban el honroso título de Rey de las Tres Religiones. Nombres como Avicena, Averroes, Maimónides figuran entre los más ilustres de nuestra Historia. La mística española es obra de los judíos y musulmanes andaluces. El judío converso Santangel, administrador de Isabel la Católica, avala el dinero de la expedición colombina, no las joyas de la reina castellana. Ocho siglos de presencia musulmana y mil de presencia hebrea otorgaron a esos dos pueblos derechos inalienables. La calidad de españoles no se les puede regatear a unos sefardim que durante medio milenio han conservado una lengua que los demás hemos ido corrompiendo durante cinco siglos, a pesar de Nebrija.

La Unión Europea no puede, en su Constitución, hacer referencia solo a los orígenes cristianos de nuestro continente (península asiática) si no quiere olvidarse de esos musulmanes y judíos y hasta los dioses paganos de Grecia y Roma, que han construido junto a los demás, los fundamentos de nuestra nacionalidad europea. Los turcos formaron parte durante siglos de vastas zonas de esta Europa, hasta las mismas puertas de Viena, con los Balcanes y Grecia dentro de su área cultural.El delicioso croissant es la media luna turca hecha untoso hojaldre. Los judíos, por millones, construyen el pensamiento y la ciencia europea. ¿Vamos a renunciar a Disraeli, Chaplin, Einstein o Levy-Strauss?

Tenemos fuerte inmigración musulmana que tanta falta nos hace en la UE y no queremos que se sientan extranjeros en su nueva Patria. De manera inesperada, es la Ministra de Asuntos Exteriores española, Ana Palacio, numeraria del Opues Dei, y mamporrera de la nueva Europa y del nuevo órden, la que ha declarado que la UE no quiere ser un club cristiano. ¡Bravo Ana! Cuando hay que aplaudir se aplaude. José María Aznar, con Silvio Berlusconi, como torpederos de Bush y Blair contra el eje franco-alemán, quieren meter esa torpe cuña, discriminatoria para millones de europeos de distinta religión, con la referencia a nuestros orígenes cristianos. La cruz de la espada frente a la media luna del alfanje o la Estrella de David. ¡Qué ganas de joder! El chico modelo del colegio del Pilar saca a flote aquellas enseñanzas en las que se hablaba de las cruzadas que predicaba Pierre L´Hermite y que llevaba a Godofredo de Bouillon a guerrear por todo Oriente Próximo contra gentes que no nos habían hecho ningún daño. Quiero una Constitución que no haga referencias ni a dioses ni a religiones. Bastantes siglos de guerra y sangre hemos tenido que padecer por defender la fe de unos u otros. Todavía huele a carne quemada en hornos u hogueras El que quiera creer, que crea, y que nadie le moleste en su creencia siempre que él no intente imponer la misma a los demás. En el Sarajevo sitiado de julio de 1993, descubrí en una calle que la Iglesia daba sombra a la Mezquita que, a su vez daba sombra a la Sinagoga. Era todo un símbolo. Por defender aquello, todos los periodistas del Hotel Holiday Inn formamos un manifiesto redactado por Susan Sontag acusando a los serbios de limpieza étnica.

No queremos leyes de Talión,ni quema de libros, ni penas de muerte sino Estado de Derecho y justicia para todos, cualquiera que sea su sexo, color de piel, creencias religiosas, ideas políticas o capacidades físicas. Quiero que hasta las putas se sientan orgullosas de ser ciudadanas europeas de pleno derecho.

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