Castro frente a la UE
Si de algo se mofaban los rebeldes en nuestras charlas alrededor de una fogata, era de la entonces incipiente Comunidad Económica Europea. Una característica de los latinoamericanos es que odian a los EE.UU. pero no dejan de soñar con ellos. Irse a vivir a cualquier rincón de la Unión, trabajando 80 horas semanales, les parece un destino más digno que sestear en sus países de origen. Sueñan con las casas Levitt que ven en el cine, con el último modelo de carro, con la ropa de Bloomingsdale o los peinados de Jennifer López. Es un fenómeno de atracción-repulsión muy extendido y demostrado a lo largo de todo su período como naciones independientes. Para los políticos, en numerosos casos, su trabajo de dirigentes consiste en un doble trasvase de dinero, del bolsillo de sus conciudadanos al suyo propio y de este directamente a los paraísos fiscales del Caribe. Luego, un retiro (generalmente forzado por algún militar que quiere hacer lo mismo que el prócer, le llevará a adquirir en EE.UU. una mansión neoclásica, rodeada de un parque arbolado del que cuidará algún inmigrante dominicano. El tamaño de la limousine, el vehículo más hortera que jamás se inventó, servirá para subrayar el status social del político latinoamericano jubilado.
Hace cerca de 40 años, cené en el Hotel Bellman de Paris con Carlos Aramayo, antiguo político boliviano y millonario socio de Patiño, reyes ambos del estaño. El vasco-aymara, como le gustaba designarse, me reprochó que acusase a las élites latinoamericanas de falta de patriotismo, en mi libro Fidel Castro. El mayor accionista de la Imperial Chemical Industries británica, primera empresa química del mundo en aquel entonces, se quejaba de que yo echase la culpa, a un puñado de magnates, todos pasados por la política de sus respectivos países, de haber acumulado fortunas equivalentes a la deuda exterior de sus patrias. Le di cifras y tuvo que reconocer que se correspondían, deuda nacional y capitales exportados por la clase dirigente de cada momento. No se reinvertía en el país. Se invertía en el Primer Mundo, en empresas donde no se corriese ningún riesgo y donde los dividendos permitían una vida lujosa y sofisticada.
Puede decirse que en aquellos años, 1957-58 que preceden a la victoria de Fidel Castro, las ilusiones por cambiar el estilo de hacer política en Cuba y Latinoamérica, estaban intactas. El nombre de Movimiento 26 de Julio recordaba el nacimiento de una era revolucionaria, el ataque frustrado al Cuartel Moncada, cuyo 50 aniversario acaba de celebrarse. Un ataque absurdo, sin esperanzas de éxito pero que iba a producir un impacto en la mente americana y ofrecer sus primeras víctimas o mártires, según el diccionario “revolucionario” latinoamericano. Todo aquello se derritió poco a poco. Primero fue el Movimiento 26 de Julio fagocitado por el Partido Comunista Cubano que no había hecho nada hasta que se marchó Batista y ganó el Ejército Revolucionario. Eso sí, dirigían el tráfico y se habían instalado en el Palacio Presidencial de donde costó lo suyo desalojarlos. Luego, poco a poco, el estalinismo y una economía de trueque, aunque el general cubano Gálvez sostenga lo contrario, sustituyeron la capitalista. De la diversificación de la economía, de la que hablábamos en Sierra Maestra, como decía Pepe Iglesias, el Zorro….”Nunca más se supo”.
Los Derechos del Hombre. Por ser la guerra de la Independencia unos años anterior a la Revolución francesa, olvidaban que Benjamín Franklin había vivido la experiencia de los enciclopedistas, padres de la democracia moderna, desde su privilegiada posición de representante de las Trece Colonias americanas sublevadas. Entre el invento del pararrayos de Franklin y las enseñanzas de los enciclopedistas, creo que lo más importante fue lo que el americano transmitió a sus nuevos compatriotas y de lo que toda Europa y el mundo se han beneficiado desde entonces. Europa ha suspendido las ayudas a Cuba, y la negociación para que esta entre a beneficiarse del acuerdo de Cotonú, no porque se someta a instrucciones de George W.Bush sino porque en nuestro continente, al menos dentro de la Unión Europea, hemos abolido hace tiempo la pena de muerte. Sabemos que es una crueldad inútil que permite al culpable evadirse de posibles remordimientos por medio de la pena capital. Hay falta de ejemplaridad,según demuestran las cifras de criminalidad de los países donde si se aplica esta pena. En esto, Fidel Castro se parece mucho a George W.Bush: los dos creen en la ejemplaridad del castigo irremediable. Ser Gobernador de Tejas o dictador de Cuba obliga a tomar el mismo tipo de decisiones. Sentenciar, como haría un Dios Vengador, que una persona ha llegado el término de su existencia por malo. El asesinato se convierte en privilegio del Estado. En el caso de quienes solo buscaban la libertad de abandonar su propio país, el suceso es todavía más odioso. Al señor Bush la UE le ha dicho hasta la saciedad lo que piensa de la pena de muerte pero como no le prestamos ayuda Humanitaria, no se la podemos congelar o retirar. Si podemos negarnos a entregar a un delincuente si la pena que puede incurrir en EE.UU. es la de muerte. Esa es la diferencia. Si a Castro le quedasen dos dedos de frente y cinco menos de vanidad, se apoyaría en esta vieja Europa, seguiría sus consejos. La UE está más capacitada de lo que se creen en Cuba y en América Latina para ayudar a terceros países. Vean el ejemplo de los Balkanes. Si prefieren, que piensen solo lo que España ha avanzado en 28 años y recuerden el asombro del Presidente Fox de México cuando comentaba con su colega chileno, Lagos, la subida de la renta per cápita de los españoles en los años transcurridos desde la llegada de la democracia. Para comparar mejor, digamos que en 1958 España tenía una renta per cápita de 180 dólares mientras Cuba disfrutaba de 356 y Chile justo el doble que nosotros, 360. En el año 2000, Cuba tenía 1.700 dólares mientras España alcanzaba los 18.000, es decir la primera ha multiplicado por 4,77 su renta por persona mientras España lo ha multiplicado por 100. Algo falla en los conocimientos de economía castrista. La dignidad no se come ni sustituye las ilusiones. En la Cuba de Castro, las gentes se lanzan a la mar en balsas huyendo del “paraíso”. Mientras, en España, nos vemos y deseamos para detener la avalancha de inmigrantes de Africa y América Latina que intentan penetrar en nuestro país clandestinamente huyendo del hambre de sus países y en busca de un futuro en España, en la UE. Y eso sin una sola ejecución ni encarcelamiento por tener ideas políticas contrarias al gobierno. Esa es la diferencia entre pena de muerte sí o pena de muerte no.



