14 Julio 2003

La Cuarta Carabela

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 21:56

En octubre 1972, se puso a la venta en Estados Unidos un semanario, con ambición de diario, llamado ABC DE LAS AMERICAS. Yo trabajaba en aquel entonces en Prensa Española a donde me había traído Guillermo Luca de Tena desde Estados Unidos en 1964. El patriarca de los Luca de Tena, Luis Ignacio, me había solicitado que dejase todos mis cometidos en la empresa y me dedicase a vigilar a su hijo Torcuato que está loco queriendo hacer un ABC en los EE.UU.. Se montó una empresa en Madrid y otra en Nueva York siendo Torcuato y yo Presidentes de la española y de la norteamericana respectivamente en tanto el otro era Director General de la otra. Si he dado estos antecedentes es para que se comprenda que conozco bien el tema que Miguel Angel Aguilar expuso hace unos días en EL PAÍS a propósito del viaje americano de José María Aznar.

Estuvimos un par de años estudiando cada detalle de una idea que, en honor a la verdad, había nacido en la mente de Victor Salmador, un periodista español semi auto exiliado, autor del libro El Otro Franco. Este circuló clandestinamente por España y, tras la llegada de la democracia, se hizo una película, con Juan Echanove y Chus Lampreave, inspirada en el tema del actor que dobló al caudillo tras muerte accidental de este en una cacería. Victor sería nuestro Delegado Permanente en EE.UU. en tanto ese puesto lo ocuparía en España Luis María Anson, con quien me unía una profunda animadversión. Ni Victor, ni Torcuato, ni Luis María hablaban inglés. Los que sí lo hablábamos éramos la mujer de Torcuato, Blanca Benjumea, y yo.

Es evidente que la población hispana o latina de los EE.UU., hoy cifrada en 40 millones de personas y en 1972 alrededor de 26, es de una disparidad tal que nada tiene de comparable con España. Hay quienes llevan apellidos españoles y no hablan una palabra de nuestro idioma. En la Reserva India de la Mesa, cerca de Albuquérque (Nuevo México) entrevisté al Sargento Ortiz de la policía india, en inglés porque en nuestro idioma no sabía decir más que Vaya con Dios, amigo. En la capital de Idaho, Boise, hice mis entrevistas, también para Los Reporteros de TVE, en inglés, aunque se llamaban mis interlocutores Urresti o Bengoechea. Alguno de aquellos descendientes de admirables ovejeros vascos solo hablaban inglés, y vascuence los más viejos. Hay mejicanos del sur de los EE.UU. que transmiten su idioma de padres a hijos desde que esos Estados pasaron a depender de Washington. Son una aristocracia orgullosa de su Spanish Heritage. Los hay que no hablan una palabra de español porque las segundas generaciones lo conservan para entenderse con sus padres pero, en la tercera no queda más que el apellido Rodríguez o Fernández.

La enseñanza bilingüe en los Estados con abundante población de origen latinoamericano, ha sido muy criticada en muchos sectores de la sociedad anglo porque consideran que no favorece la integración laboral y, por consiguiente, no obedece a la norma general del melting pot “la asimilación”. Piénsese que el inglés se adoptó como lengua de los EE.UU. por un solo voto y que no era el español el otro idioma considerado sino el alemán. Los fondos para esa enseñanza del castellano en EE.UU. han sido reducidos, suprimidos o restablecidos según gobiernen los demócratas o los republicanos. La procedencia de los hispanoparlantes de EE.UU. es tan variada como su idiosincrasia. Los cubanos han convertido Florida en un Estado prolongación de Cuba dándole una vida que no tenía cuando yo viví en EE.UU., y se consideraba un Estado donde acudían a vivir al sol los jubilados del resto del país hasta que llegó la energía, la alegría y el ritmo de los jóvenes cubanos. En Nueva York, la presencia portorriqueña es bien conocida tras la película de West Side Story donde escuchamos a los boricuas hablar el spanglish, apenas comprensible para la vieja España o Latinoamérica. Los inmigrantes mexicanos están principalmente en California, Tejas, Nuevo México, Nevada, con fuertes presencias en Alabama, Georgia o Illinois. También hay núcleos cubanos en New Jersey y Connecticut, junto a Nueva York.

Por todo ello decidí abrir una redacción en Los Ángeles, otra en Miami, otra en San Juan de Puerto Rico y la de Nueva York, instalada en nuestras oficinas de Long Island, donde se encontraban las rotativas. Torcuato me escuchó con oído distraido cuando lo propuse y di el asunto por aceptado. Encontré personal profesional de medios hispanos existentes en EE.UU. y tomamos oficinas. Esas redacciones realizarían ocho páginas cada una, cuatro por delante con información local y cuatro por detrás de deportes ya que el base-ball es el deporte de cubanos, boricuas, venezolanos y dominicanos en tanto el fútbol es el que gusta a mexicanos y latinoamericanos al sur de Panamá. La base de la publicación era común a todos. Teníamos que hacer encaje de bolillos para poner en marcha un proyecto que fuese atractivo para todos según su manera de ser y forma de vivir y pensar.

Cuando Torcuato se dio cuenta de que estaban en marcha las redacciones que yo había montado, suprimió las tres y se limitó a pagar el último mes a los periodistas que ya habían trabajado en varios números “0”. Ansón tenía que seleccionar el material de ABC de Madrid y Sevilla que sería insertado en el ABC americano y, contra mi opinión, nos mandaba plumíferos artículos de José María Pemán y otros ilustres académicos o títulos de nobleza metidos a articulistas. Lo de Pemán era infumable incluso para muchos lectores de la península. Hasta los chistes del admirado y siempre claro Antonio Mingote eran incomprensibles para quienes no conociesen las referencias culturales que encerraban sus viñetas. El desconocimiento del mercado llevó a Torcuato a montar en cólera cuando negocié con la Mafia 400 dólares semanales de tributo por proteger nuestra actividad. El día que le anunciaron que Mr Friend (el Sr Amigo) quería verle y le explicaron el sentido de la visita, me cedió su mesa para que lo recibiese y salió disparado de la oficina por una puerta trasera. Llevé a cabo la negociación. La cantidad era equivalente al salario semanal de una secretaria bilingüe. Al enterarse del acuerdo, Torcuato montó en cólera, criticó mi inexperiencia en negociaciones delicadas y me mandó organizar un almuerzo con John Lindsay, alcalde de Nueva York como hubiese hecho con Arias Navarro, alcalde de Madrid, para pedirle un favor a este. Quería que comiésemos los tres en el Club 31 donde según le habían dicho, los camareros informaban de las conversaciones a la mafia y estaba dispuesto aque se enterasen de quien era el director del ABC. ¡Como si estuviésemos en Horcher con el edil madrileño! La ayuda de Angie Biddle Duke, aquel embajador de EE.UU. que se bañó con Fraga en Palomares, me ayudó a conseguir la entrevista. En esta, tuve que hacer de intérprete y no conseguí explicar a Lindsay que era Luca de Tena y no Luca de Pena como le llamó media docena de veces. Aquello le sacaba de quicio a mi jefe. Luego, el alcalde me preguntó cuanto había pactado con la Mafia y al enterarse de la cantidad soltó un ”that´s a good bargain” (es un excelente acuerdo. Se lo dije a Torcuato que siempre consideró, no sin cierta razón, que yo era un mal negociante. ”Entonces ¿pregúntale por qué anuncian en televisión unos teléfonos para que se denuncien los intentos de extorsión por parte de la Mafia?” Traduje fielmente y cuando el futuro Marqués de Luca de Tena me apremió para que le diese la respuesta en castellano, se quedó boquiabierto:”Dice el alcalde que no se nos ocurra hacer uso de esos teléfonos porque quienes reciben las quejas no son de fiar y hay varios casos de denunciantes duramente apaleados por los mafiosos”. A título informativo, John Friend nos sacó de apuros sindicales más de una vez.

José María Aznar, cuyo nivel de inglés parece haber mejorado en los últimos años gracias a las clases particulares que ha recibido de forma mañanera en la Moncloa, quiere dedicar su futuro a estos 40 millones de hispanos, latinos, de origen boricua, guaraní, quechua, aymara, chibcha, maya, azteca y cien orígenes más. Ha visto que son tantos como los españoles de Europa y que si tiene problemas con vascos, catalanes, gallegos y castellanos, ahora aportará su experiencia de domador de nacionalidades para estrechar los lazos de toda esa población que, en principio, habla castellano, con los que salieron aquí a la calle para manifestarse contra la guerra y el chapapote. Tendrá que tener mucho cuidado y rezar porque George W.Bush le dure más allá del 2004 porque no creo que vean los americanos con simpatía que pretenda Ansar crear una Quinta Columna hispana dentro de unos EE.UU. que están falsamente homogeneizados alrededor de las escuetas líneas que encierra la Constitución de los Padres Fundadores. Si le horroriza la manera en que las cosas de casa le tiran a un catalán, un vasco, un gallego, un castellano o andaluz, ya verá cuando se tope con una variedad mucho más grande que la española. Le deseo suerte. Bauticé la aventura del ABC de las Américas “LA CUARTA CARABELA”. Espero que esta no zozobre como la de Torcuato Luca de Tena.

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