21 Julio 2003

El arte de confundir

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 21:57

Las palabras, en política, tienen doble filo. Sirven para levantar la moral, para empujar a un hombre al suicidio, para invadir un pueblo, para resistir la dureza del Destino, para sembrar el odio o predicar el amor. Y fue cuidadosamente como, en el pasado, los dirigentes utilizaban esas palabras, si querían que su credibilidad no fuese puesta en duda. Los dictadores se saltaban ese imperativo porque sus límites no eran impuestos por el exterior sino por su propia voluntad.

Hitler buscó en la palabra jude la clave para justificar la guerra perdida de 1914-18 y el vergonzoso, según muchos alemanes, Tratado de Versalles. Y si algo diferenciaba Alemania de otros países, era precisamente la calidad intelectual, artística y empresarial de sus ciudadanos de fe judía. Y se rearmó y provocó con su expansionismo y sus persecuciones, una guerra que costó 30 millones de muertos entre ellos 6 millones de israelitas. Frente al führer, Churchill pedía a sus conciudadanos sangre, sudor y lágrimas para vencer al nazismo.Y lo consiguió.

Franco jugó hábilmente con la palabra conspiración. Cualquier reunión, en la que se tratase de temas de política, era considerada por su régimen como una conspiración judeo-masónica-comunista. Lo curioso es que los apellidos Franco y Bahamonde son netamente sefardíes y que el Caudillo fue rechazado por la masonería cuando intentó ingresar en ella. Su hermano Ramón era un conocido miembro de una logia. Pero el enemigo exterior es siempre un excelente argumento para justificar cualquier desmán o malgobierno. Y así, la presencia de españoles en una reunión política en Alemania,para aatratar del futuro de España despues de la derrota del Eje, se denominó el Contubernio de Munich. Gente que pactaba contra el gobierno de Franco, establecido por la Gracia de Dios.

Castro lleva cuarenta años haciendo creer al pueblo cubano que lo que padece su régimen es un implacable bloqueo y no un embargo por parte de Estados Unido. Si Cuba produjese las suficientes divisas, podría adquirir en cualquier lugar del mundo lo que le niega Washington. La imagen de una isla rodeada por buques de guerra impidiendo la entrada de productos y gentes del exterior es tan falsa como la del desarrollo igualitario del socialismo en la isla. ALLÍ están los que tienen dólares y los que malviven con un puñado de pesos. Cualquier país capitalista ofrece mejor bienestar a sus ciudadanos que el régimen castrista. Pero de algún modo hay que justificar la falta de libertades, de incentivos económicos y los regímenes especiales que obligan al racionamiento perpetuo de la población. Los intentos de huir de la isla y el apoyo a los fugitivos en Florida, se disfrazan de esfuerzos norteamericanos por desestabilizar el régimen de Castro.

Por armas de destrucción masiva se entiende las que posee el enemigo, nunca las que tiene uno mismo y que son armas defensivas. Todos sabemos que lo que tienen los paises occidentales son de destrucción devastadora. Basta cambiar el nombre de Ministerio de la Guerra por el de Ministerio de Defensa para hacer menos agresivo el mismo organismo gubernamental. En los anuncios para reclutar nuevos soldados, aparecen bnellos chicos y chicas aprendiendo apasionantes carreras dentro del mundo de la mecánica o de la electrónica, realizando ejercicios de aventura, del submarinismo al paracaidismo pasando por el esquí de alta montaña. Reparten alimentos pero no aparece un bombardeo de objetivos enemigos. En ningún momento se explica que la materia principal, la que más puntúa, es aprender a matar. No se miente, se omite. No soy antimilitarista pero me gustan las cosas claras y el chocolate espeso.

La irresponsabilidad, en los actos de gobierno, queda justificada por los fallos humanos. En principio, un accidente tiene tres posibles orígenes: el fallo mecánico, la intervención de la naturaleza (lo que las aseguradoras británicas denominan ”Acts of God” (Actos de Dios) y, finalmente, los fallos humanos. En España, salvo Felipe II que invocó a los elementos naturales como responsables de la derrota de la Invencible Armada, los gobiernos tienden a culpar a un maquinista de la RENFE que no obedece una señal, a un conductor de autocar que se duerme, a un petrolero que no lleva doble casco, a unos pilotos ucranianos. A quien sea, menos a la persona que debía de haber automatizado la vía férrea en el tramo de Quintanilla (previsto hace años), haber previsto puertos de refugio para buques en peligro y no mandar alejar al Prestige, o supervisado, con nustros propios mecánicos, los aviones alquilados a un arribista libanés, propietario de la UM Airlines. Pero la moda es subcontratar todo. ¡Parece ser que, en cierto momento, hasta los centinelas que guardaban el Ministerio de Defensa! Ignoro si esto sigue. Es curioso ver cómo España, con miles de kilómetros de costas y un tráfico marítimo de primerísimo orden, tiene que alquilar los buques de rescate de petroleros y de absorción de vertidos de crudo. El déficit “0”, que hemos respetado a rajatabla para ser un país más serio que los demás, nos ha obligado a posponer mantenimiento en RENFE y en autovías o en adaptar aviones propios para el transporte de tropas. Buscamos lo más barato para que el déficit “0” no se rompa. Francia y Alemania, dos viejas naciones europeas, han preferido incumplir la limitación de déficit (que la propia Alemania exigía para que naciese el Euro) antes que sacrificar el bienestar de sus ciudadanos. Como España no tiene ciudadanos sino masas que se lanzan a la calle para reclamar detrás de pancartas lo que no se reclama en el Parlamento, no tenemos necesidad de sacrificar ese mítico déficit “0”. Estamos viendo que, en Estados Unidos, el admirado George W. Bush, ha alcanzado los 455.000 millones de dólares de déficit, algo más del 4% del PIB de su país mientras sacrifica la sanidad y la educación públicas, y se fuma un puro. Bill Clinton hacía otra cosa con los puros pero dejó un superavit de más de 1.000 millones. Nosotros tenemos que ser los primeros de la clase aunque nos quedemos en los huesos de tanto ahorrar en infraestructuras. Basta ver el rostro de Francisco Álvarez Cascos para comprender por qué se refugia en la caza y la pesca del salmón. Cualquier proyecto se posterga para tiempos mejores.

Seguimos con el valor de las palabras. Ante el creciente temor de que suframos bajas, en una zona que Federico Trillo-Figueroa considera relativamente tranquila, cosa que ha intranquilizado a todos los españoles conociendo las acertadas predicciones del ministro de Defensa, se han enviado espías nuestros al lugar. Ellos serán capaces de detectar cualquier peligro que se avecine. Los que hemos vivido unos años en Oriente Próximo y conocemos el mundo musulmán, sabemos por qué me río. Recomiendo, para los que quieran saber qué ha pasado por la mente del ministro, que vean la excelente y vieja película Las Cuatro Plumas. Allí se ve como se espiaba en medio de las turbas musulmanas seguidoras del Mahdi de Omdurmán. Eso harán los espías de Trillo, ahí donde nuestras tropas estarán estacionadas en virtud de la subcontrata que hemos obtenido de los polacos que lograron el contrato de los americanos. ¿Espías españoles? Yo creí que solo teníamos detectives como Mortadelo y Filemón o Carballo. ¿ Por qué no funcionaron antes estos investigadores del CNI para que José María Aznar pudiese tener información veraz y de primera mano para tomar decisiones en el interés del pueblo español, como lo hicieron Blair y Bush en interés de sus respectivos pueblos? Las mentiras se hubiesen podido cocinar aquí, con aceite de oliva español, en lugar de heredarlas de la CIA y del MI6. Probablemente tenemos subcontratada la información secreta con Washington y Londres para ahorrar. Deberíamos haberlo hecho con los servicios del Mosad israelí, si buscábamos eficacia. Y menos mal que no se nos ocurrió confiar en Berlusconi, porque nos hubiésemos confesado autores de los documentos falsificados que probaban la compra de uranio nigerino por parte de Sadam Huseín.(Nigerino=del Niger;nigeriano=de Nigeria, para que no me escriban sobre el tema). De todos modos, yo no estaría tranquilo sabiendo que la TIA, nuestra castiza CIA, está en la zona de Al Qadisiya y Nayaf. Mejor mandar a Margarita, el espía de Gila que tanto nos hizo reir cuando España estaba de llorar.

Hace unos días yo aplaudía, en esta Bitácora, la independencia de la BBC que era capaz de llamar mentiroso a su Primer Ministro, Tony Blair. Hoy tengo que condenar sin paliativos a esta admirable institución británica y a su periodista Andrew Gilligan por haber revelado sus fuentes y, con ello, llevado al suicidio a un hombre honesto que quiso defender la credibilidad de su país. Un país serio.

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