20 Agosto 2003

El Imperio que se nos viene encima

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 22:36

Los Estados Unidos de América se hicieron ricos y fuertes a base de mucha más rapiña y expolio que los españoles en nuestra América. Con frecuencia, ellos nos califican de gold thirsty Spaniards(TIME,1963) (españoles sedientos de oro) pero ellos, que sea oro amarillo o negro, no han cesado de buscarlo y arañarlo por todas partes. Para empezar, sus piratas y bucaneros asolaron el Caribe y las costas de América Central y del Sur. William Walter es mucho más odiado en Nicaragua y Costa Rica que los Gobernadores españoles.. Pero la creación de las dos Américas, la Ibérica o Latina y la Anglosajona, si bien tienen orígenes parecidos, difieren bastante en sus formas de colonización y expansión.

España descubrió, para el mundo civilizado de entonces, unas culturas olvidadas y ricas en conocimientos y arquitectura. La religión jugó un papel importante en esas dos Américas. En el caso español llegaron cristianos, no tan integristas como se cree, y varios destacaron como defensores de los indios. Fray Bartolomé de las Casas es, para mi, el origen de la actual Amnistía Internacional. En aquellos siglos, ilustres pensadores y teólogos españoles, como los padres Vitoria, Suarez y el mismo de las Casas, crearon un auténtico cuerpo jurídico-filosófico del Derecho de Gentes, del Derecho Internacional que ha sobrevivido hasta ahora. Nuestros conquistadores eran aventureros, clérigos, golfos y analfabetos, mezclados con intelectuales, hidalgos y funcionarios de la Corona. En lo que son los EE.UU. hoy, llegaron unos puritanos a bordo del Mayflower trayendo consigo unas ideas fundamentalistas de la religión cristiana y la firme creencia de que eran el pueblo elegido de Dios y cuyo peso perdura en la sociedad estadounidense hasta hoy mismo.

Si los españoles buscaban Eldorado, un lugar donde el oro se recogía a paletadas, no olvidaban ir abriendo imprentas y creando Universidades. Tómese la propia Enciclopedia Británica y compruébense las fechas de creación de las universidades de todo el continente: La Real y Pontificia de México es de 1551 (Hoy Universidad Nacional Autónoma de México). Harvard, es de 1636 y Yale de 1701. La traducción de lenguas nativas se hizo muy pronto en la América hispana y solo a mediados del siglo XX se ha empezado, en EE.UU. a fabricar gramáticas y diccionarios de las principales lenguas amerindias de su territorio.

El Imperio español no solo produjo clases altas en América junto a una clase media criolla, sino que en todas sus posesiones contó con el apoyo de aliados que la ayudaron en sus descubrimientos o combatieron a su lado, que fuesen indios mexicanos, genoveses, flamencos, alemanes o venecianos. Un estudio más detenido del nacimiento, grandeza y ocaso del Imperio español podría haber servido, a los diseñadores del Nuevo Orden mundial, de valiosa Hoja de Ruta.

Sin afianzar sus logros, siempre corriendo más de lo razonable en pos del futuro,de “nuevas fronteras”, los Estados Unidos sacrifican la labor de asentar a cambio de percibir los beneficios de la modernidad. Hubo un tiempo en que decir Made in USA era garantía de alta calidad y último grito de la tecnología. Muchos de aquellos puestos del ranking han sido arrebatados por Japoneses, alemanes o surcoreanos. Los japoneses eran pobres imitadores que falsificaban con ligeros retoques cámaras fotográficas, relojes o automóviles y que construían casas de papel. Véase lo que la constancia de unos y otros ha hecho de esos sectores. Hasta Kodak, una de las pioneras de la fotografía, perdió primero la batalla de las cámaras y actualmente sus películas son abandonadas por los profesionales que prefieren la Fuji. Que el sistema de producción y transporte eléctrico paralice la primera potencia tecnológica del mundo durante 30 horas, y que sea la tercera vez que lo hace tras los apagones de 1965 y 1977, es un síntoma de dejadez de lo que se tiene a cambio del beneficio que se puede tener. Estudiar todas las batallas y guerras habidas en el mundo, meterlas en programas de ordenador y que los cadetes de West Point las resuelvan con sofisticados simuladores, no significa que vayan a ganar las guerras que les toque dirigir. La última que ganaron los EE.UU., con la colaboración del Reino Unido y la URSS, además de la apreciable colaboración de Francia y de las resistencias de los países ocupados por Alemania, fue la que se libró contra el III Reich de Hitler (1941-1945). Estados Unidos perdieron en ella 295.000 hombres en los diferentes campos de batalla de Europa, África y Pacífico y ningún civil. Y lo recuerdan, con toda razón, cada vez que se sienten agraviados por los europeos. Es el momento en que sus televisiones (y las nuestras) sacan campos de cruces plancas en formación apretada que recuerdan el desembarco de Normandía. Pero conviene recordarles que solo la URSS perdió 13.600.000 soldados y 7.700.000 civiles. Se habla mucho de la generosa aportación de sangre de los EE.UU. para liberar Europa del nazismo pero se olvida que en el esfuerzo total, los yankees pagaron el 1,59 por ciento del total de militares aliados muertos en combate como precio de la victoria. Los soldados rusos aportaron el 73,2 por ciento y, el resto de países aliados, el 25,2. No contabilizamos aquí los 25.410.000 civiles aliados que murieron contra ningún norteamericano. Ese fue el precio de que surgieran dos imperios sobre el planeta, el soviético y el norteamericano.

Pero tanto la URSS como EE.UU. buscaron aliados naturales para pesar más que su rival. Se utilizaron fórmulas diferentes. Moscú contó con países ocupados por sus tropas, “liberados” según su terminología, mientras Washington optó por ayudar a la reconstrucción de los vencidos, ayer enemigos, Alemania, Italia y Japón además de echar una mano importante para la reconstrucción de la Europa Occidental devastada. El Plan Marshall (1947-52), ideado por el Secretario de Estado George C.Marshall aportó a 17 países europeos (España excluida), 13.000 millones de dólares a lo largo de 5 años.

En 1950, las Naciones Unidas decidieron repeler el ataque de Corea del Norte a Corea del Sur. El mayor peso de la contienda lo llevaba EE.UU. pero, tras detener la agresión, las fuerzas de la ONU arrollaron a los comunistas hasta alcanzar el río Yalu que hace frontera entre Corea del Norte y China. Pero la ayuda de Pekín al gobierno de Pyongyang fue decisiva y las fuerzas norteamericanas, con sus aliados, tuvieron que retirarse hasta el paralelo 38º que era el punto de partida de la invasión del norte y la actual frontera. La guerra había durado 3 años (1950-53) y terminaba en empate.

La antigua Indochina se independizó de Francia tras una guerra colonial que concluyó con la derrota francesa de Dien-Bien-Fu y el país quedaba dividido, como Corea, entre un Norte comunista y un Sur capitalista, separados por el paralelo 17º. La guerrilla comunista del vietcong obligó a EE.UU. a intervenir y en 1965 empezaron a llegar tropas norteamericanas hasta alcanzar la cifra de 550.000 en 1968. Pese a ello, y haber contagiado la guerra a Cambodia y Laos, el vietcong ocupó la capital sureña de Saigón en mayo de 1975. Otra guerra que los EE.UU. no solo no ganaron sino que la perdieron gracias a la tenacidad de los comunistas vietnamitas. También contribuyó la prensa norteamericana con extraordinarios corresponsales de guerra que llevaron, a la retaguardia de la clase media norteamericana, las crudas imágenes de aquella guerra. Las universidades y los movimientos civiles se movilizaron y, tras los estudiantes muertos en Berkeley por disparos de las fuerzas del orden, la salida de los EE.UU. de aquella guerra se precipitó. La huida de los americanos en helicopteros desde la embajada de EE.UU. en Raigón, son estampas que se quedaron grabadas en los atónitos ojos de toda una generación de americanos que se creían invencibles.

Con el desarrollo de sus aliados europeos y asiáticos, los EE.UU. multiplicaron su poderío aunque, según criterio del gran diplomático belga Etienne Davignon, fueron más poderosos, relativamente, cuando concluyó la Segunda Guerra Mundial que ahora. En 1945 “… decidieron convertir su poder en algo seguro para el mundo, mezclándolo en instituciones multilaterales y definiendo su propio interés nacional en función de los intereses de otras naciones”. (Citado por Clyde Prestowitz, El País, 14 de agosto 2003).

En un próximo capítulo analizaré el cambio copernicano que Bush ha introducido en la política exterior de EE.UU. después del 11/09 cuando el mundo contempló en directo como se desplomaban las Torres Gemelas de Nueva York, símbolos de la única Superpotencia que queda en el planeta tras la desaparición de la Unión Soviética.

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