2 Septiembre 2003

El Imperio que se nos viene encima (II)

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 22:47

Hubo un tiempo en que la Casa Blanca se rodeaba de intelectuales que asesoraban a los presidentes de Estados Unidos en materias que interesaban al conjunto de naciones. La potencia que rivalizaba con la Unión Soviética a nivel planetario, creaba organismos que marcaban pautas de comportamiento político, económico, sanitario, agrícola a los que se acogían los países denominados de Occidente y también la URSS. Existían unos puntos de contacto muy importantes como eran las Naciones Unidas y sus muchos organismos y agencias dependientes: OMS, UNICEF, UNRWA, UNESCO, etc.. El consenso era la norma porque EE.UU. eran conscientes de que cada paso que retrocedía en la consulta de sus aliados podía ser un paso que ganaba la URSS.

Después de la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de la Unión Soviética con la liberación de sus países llamados satélites, se han ido desarrollando núcleos de poder económico fuertemente ligados a la energía del petróleo y al complejo militar-industrial que tanto preocupaba al general Dwigth Eisenhower. Decir petróleo en Estados Unidos es hablar de Tejas y Oklahoma, especialmente del primero, y eso nos lleva a los Bush, Cheney, Rumsfeld, Rice y al mismo hijo de Colin Powell. Las series de televisión Dallas y Dinasty han reflejado muy bien el tipo de gente que vive y prospera en esos ambientes. El que no está conectado con el petróleo lo está con la industria militar. Dos sectores que han financiado ampliamente la elección de George W.Bush.

Los Estados Unidos vieron con condescendencia y hasta sorna, como la Unión Europea seguía su construcción, a trancas y barrancas pero imparable. Nunca creyeron que esa Europa se acercase a lo soñado por sus fundadores. No fue hasta que descubrieron que el Euro no era una moneda de juego de mesa, como la del Monopoly, sino una que llevaba camino de convertirse en moneda de reserva internacional puesto que la UE consume más del 60 por ciento del petróleo que sale de los pozos de Oriente Próximo. Los europeos están en condiciones de exigir pagar sus compras de petróleo en su moneda y no en dólares cuyas fluctuaciones están fuera de nuestro control. Los Estados Unidos no pueden permitir que el Euro comparta con el dólar la exclusiva situación de moneda de referencia en el intercambio mundial de mercancías. En una palabra, los EE.UU. descubrieron súbitamente que había caído el imperio soviético pero se había alzado en su lugar una potencia económica que, por añadido, dejaba a Washington el papel de policía del orden internacional. Como dicen los americanos, Europa juega el papel de Venus y deja a los Estados Unidos, el de Marte. Pero en el mundo entero, el atractivo de los EE.UU., donde todos los millonarios empezaron vendiendo periódicos. Ese mito parte del hecho de que los chavales en lo USA se ganan dinero de bolsillo con el reparto de periódicos sin que los quioscos de prensa protesten. En 1952, trabajando en Selecciones del Reader´s Digest, intenté que se hiciese lo mismo en España y tropecé con la resistencia de los quiosqueros españoles que decían que los chicos les quitarían el pan que ganaban como honrados padres de familia. Sepanlo…..el dinero de bolsillo de los adolescentes americanos se obtiene haciendo un recorrido de distribución de suscriptores. Pero nada más. Olviden el invento del mito.

En realidad, la Unión Europea empezaba a molestar a los norteamericanos por más de una razón. Querer tener una política exterior propia y un Euroejército fuera de la OTAN le parece al complejo industrial-militar americano una herejía y una ingratitud. Ya en aviación comercial, Boeing, uno de los orgullos mayores de la industria norteamericana, pierde terreno en su libreta de pedidos y no hay que olvidar que detrás de Boeing, Lockhead y otras, se encuentra la fabricación de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Empezaron las presiones sobre algunos países europeos para debilitar la nueva industria bélica de la UE. Uno de los resultados fue la decisión de Aznar de inclinarse por el tanque americano cuando los europeos habían decidido adoptar el Leopard alemán. Para demostrar que somos la nueva Europa pero que no renunciamos a participar en la construcción de la UE, alquilamos por 12 millones de pesetas un ejemplar de tanque Leopard para enseñárselo a los españoles en el desfile de la Castellana. ¡Por fardar que no quede!

Entre las grandes mentiras que el pueblo se ha tragado a lo largo de la Historia de los Estados Unidos, figura la de que todo el mundo quiere ser norteamericano. La idea parte de algunas hambrunas en Irlanda, persecuciones en Alemania, progroms en Polonia y Rusia o guerra civil en España. Desde los años 75 son principalmente científicos de Europa Occidental los que han buscado refugio en los bien dotados laboratorios norteamericanos. Sobre todo, los menos favorecidos por los presupuestos estatales y más olvidados por la industria nacional: los españoles. La diferencia de hoy en día, con las demandas de españoles para emigrar a EE.UU, o Australia, en los años 60 y 70 son enormes.. Ni siquiera emigramos ahora a países europeos cuando han desaparecido las barreras de antaño. Queda Suiza que rechaza unirse a la UE convencida de que su país es tan atractivo que toda Europa se iría a vivir, o a pastar, en las verdes praderas helvéticas. La gente busca algo más para vivir que un franco suizo apreciadísimo y el aire puro de los Alpes. Acabarán entrando en la Unión cuando vean que el precio de estar fuera es más elevado que el de estar dentro. Lo mismo acabará pensando Noruega. Nadie duda de que los británicos y demás países que están fuera de la zona Euro, acabarán aceptando la moneda única presionados por su propia industria. Sony ya anunció que si el Reino Unido no adopta el euro, abandonará Gran Bretaña. La amenaza de la deslocalización de industrias en Gran Bretaña es una amenaza seria. Incluso algunas multinacionales norteamericanas participan del chantaje.

Pero mientras esa Europa avanzaba a paso de tortuga y alcanza el momento de pasar a 27 países miembros, Leo Strauss, el inspirador de los ideólogos de Bush destilaba autoritarismo y empujaba a la pandilla presidencial a cerrar filas alrededor de la idea de que EE.UU. han sido designados por Dios como nación privilegiada con un destino universal manifiesto que cumplir. Basta con despertar los sentimientos más patrioteros para que el país se ponga en marcha hacia ese Imperio prometido por Jehová. Se les repite que serán recibidos como libertadores, que mujeres y niños les lanzarán besos y flores a su paso y que los liberados adoptarán la tarta de manzana, el apple pie como postre nacional y el futbol americano será su deporte favorito. El Eje del Mal tiene ramificaciones en todas partes, amenaza los intereses de Estados Unidos en todos los rincones del planeta y ningún ciudadano de este país está a salvo si, preventivamente, el gobierno de Washington no lleva la guerra a los lugares donde se amenaza su poderío. No se aceptará ningún Tribunal Penal Internacional para juzgar ciudadanos americanos, no se limitará el desarrollo contaminante de las industrias norteamericanas, no se aceptará que la UE prohíba la entrada de productos alimenticios hormonados o genéticamente tratados , el Protocolo de Kioto que pide luchar contra el calentamiento de la atmósfera, se declara papel mojado, se rechaza la abolición de las minas personales, se desprecian primero la UNESCO, agencia de las Naciones Unidas que se ocupa de la riqueza cultural universal y luego a esta misma, porque hay demasiados países con derecho a voz y voto cuando no han alcanzado aún situaciones democráticas. En breve, las instituciones internacionales creadas por unos EE.UU. que confiaban en el consenso con sus aliados, se han convertido en un estorbo, en un traje estrecho para las ambiciones de una nación llamada a ser el Imperio del siglo XXI.

Para llevar a buen término sus ambiciones, los EE.UU. cuentan principalmente con unas clases bajas formadas por negros, chicanos y los que denominan inmigrantes hispanos. Son la carne de cañón de sus guerras. Acostumbrados a malvivir en sus países de origen, pueden adquirir la nacionalidad norteamericana solo por vestir el uniforme de los G.I. (Ground Infantry o soldadito de a pié) y acudir a la primera guerra que se presente. Esto maravilla a José María Aznar. Que las gentes se envuelvan en la bandera de las barras y estrellas y que vistan el uniforme militar estadounidense sin haber aprendido todavía el idioma. Y Estados Unidos cuenta con una Quinta columna de papanatas europeos dispuestos a adoptar todas las modas, todos los métodos de venta desde los tiempos de Carneggie, a musculares con las lecciones de Charles Atlas y a glorificar la comida rápida que ya empieza a dar problemas de obesidad a nuestros jóvenes. Ser anti-americano, para algunos quintacolumnistas europeos, es eso, rechazar la comida basura, las películas de guerra Made in USA, creer que nos toman el pelo con los Masters de Dirección o de cualquier otra cosa, los que creemos que el colmo de la felicidad no es ser la primera potencia militar sino ser la que más ayuda al Tercer Mundo, puesto que honrosamente ocupa la vieja Europa y, en general, la Unión Europea. La propuesta Constitución que nos hemos dado, en Washington, ha sabido a cuerno quemado. Por algo será.

El invento del terrorismo como sustitutivo del comunismo merece un próximo capítulo.

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