Los platos rotos para la ONU
Sin uniforme aparatoso de piloto de combate, un George W.Bush más parecido a un niño que no sabe como resolver los problemas que él mismo ocasionó en una broma que pasó de castaño oscuro, habló durante 15 minutos a sus compatriotas. Siempre me han caído mal los graciosos que gustan de gastar bromas a costa de los demás. Pero esas bromas, a veces, se vuelven contra el autor de las mismas. Es evidente que, el amo del mundo, se ha metido en un callejón sin salida y no sabe como salir de él.
Como sus cómplices de Las Azores, Bush ya no habla de armas de destrucción masiva, ni de lazos entre Sadam Huseín y Osama bin Laden, ni de amenaza inmediata al mundo occidental. El discurso ha cambiado. Se relaciona lo que se hace en Afganistán y en Irak con el ataque a las Torres Gemelas, hará dos años el jueves 11. Se habla de terrorismo y, claro, esa palabra tiene eco en quienes han sufrido el terrible atentado en el corazón de Manhattan, en la City londinense y en el Ulster donde la explosión de una bomba en Omagh causó una matanza en 1998, o en España a la que el goteo de atentados de ETA ha alcanzado casi el millar de muertos en un cuarto de siglo. La palabra terrorismo tiene una fuerza electoral indiscutible. Con ella se puede ir a todas partes. Es un auténtico passe-partout, el Comodín de la baraja. José María Aznar lo sabe y sabe que es la clave de las legislativas de Marzo 2004. Lo sabe George W.Bush que ha visto como su popularidad caía al 52 por ciento desde el 74 que tuvo en el glorioso momento de considerar la guerra ganada. Y Tony Blair no ignora que seguir hablando de terror produce escalofríos a los británicos pero que, la muerte de David Kelly, les ha horrorizado todavía más al descubrir las mentiras que su Premier ha utilizado para arrastrar al país a una guerra que la población no deseaba pero que aceptaba si las razones estuviesen fundadas.
Ahora, salir de ese callejón, después de los ataques de prepotencia del Emperador contra franceses y alemanes, esos comedores de queso y fabricantes de chocolate, como despectivamente fueron designados por los americanos, va a costar mucho más tiempo, dinero y hombres que lo previsto. La victoria fue fulgurante y esperada y culminó 33 días después de iniciadas las hostilidades. La guerra de 1991, contra el Cuarto ejército más poderosos de la tierra (como lo presentó el Pentágono, para realzar su hazaña) duró 42 días. En esta guerra, nadie con dos dedos de frente, pensó que Sadam Huseín fuese más fuerte en 2003 que en 1991. No olvidemos que, además de los inspectores de la ONU bajo la dirección de Hans Blix, estaban las aviaciones norteamericana y británica patrullando todos los días durante más de una década, por encima del paralelo 38º y por debajo del 33º para proteger, respectivamente, a los kurdos del Norte y a los chiíes del Sur. Nadie se creerá que, semejante vigilancia y los ataques continuos a instalaciones de radar y silos de lanzamiento de misiles, eran solo operaciones de contención. Han machacado vastas extensiones de Irak antes de iniciar la guerra. Si las guerras modernas se inician con un intenso bombardeo en alfombra de varios días y hasta semanas antes de lanzar las fuerzas de tierra al combate, se puede decir que los angloamericanos han dispuesto de una década para preparar esa invasión terrestre.
Ahora Bush, que ha despilfarrado un superavit importante que le dejó la anterior Administración de Clinton, se ve obligado a pedir 87.000 millones de dólares más al Congreso y habla de años para llevar a cabo la reconstrucción y la democratización del país. Pero, además del dinero –que se suma al déficit de 480.000 millones de dólares gastados desde que juró como Presidente de los EE.UU., George W.Bush necesita fuerzas y dinero de otros países para poder rotar sus divisiones y darlas un merecido descanso. En definitiva, el fanfarrón de hace unos meses que consideraba que podía hacer todo en solitario (Donald Rumsfeld sigue diciendo que no hace falta más tropas sino formar un ejército iraquí!!!), que despreciaba a las Naciones Unidas igual que despreciara a sus agencias como la UNESCO o el Tribunal Penal Internacional o los protocolos, ejemplo el de Kioto o acuerdos internacionales como la prohibición de fabricar bombas de racimo o minas personales, corteja ahora al Consejo de Seguridad para que entren otros países a poner su dinero y sus muertos en Mesopotamia. Francia, Alemania, Rusia, India, Turquía, con toda razón, quieren imponer sus condiciones. El mando norteamericano tendrá que ser compartido con los demás participantes y el conjunto lo hará como cascos azules. La UNEF, o Fuerza de Emergencia de las Naciones Unidas, fue mandada por el general canadiense E.L.M.Burns, que tuve el honor de conocer durante los días que aguardabamos, en El Arish, para entrar en Gaza todavía ocupada por Israel en la guerra del Canal (1956). Hay muchos generales como Burns en paises que respetan las decisiones de Naciones Unidas. No es necesario que los Estados Unidos mantengan el mando militar y releguen al papel de soldados de relleno a quienes, bajo bandera de la ONU, acudan ahora a sacar las castañas del fuego al Tio Sam. Sabedor de que el Déficit 0 de Rodrigo Rato no da para tirar cohetes, Federico Trillo se ha sacado de la manga el vender, en subasta a mano alzada, terrenos del ejército, en su mayoría cedidos o expropiados luego difícilmente recalificables, para adquirir un armamento que no significa más movilidad para intervenciones rápidas. Queríamos ver mejora del transporte aéreo de nuestras fuerzas y mayor protección y equipamiento personales. Pero se opta por un buque de proyección estratégica, 24 helicópteros, 4 submarinos y 212 vehículos de combate. Habrá que recurrir al Presupuesto porque los 4.176 millones de euros no parecen obtenibles, con la formula Jesús Gil y Gil, en una subasta de constructores amigos de los suculentos beneficios. El síndrome de la financiación mediante las inmobiliarias, se ha extendido a Defensa.
En términos generales, la ONU ayudará junto con la comunidad internacional pero condicionará ese apoyo a que sean sus cuadros los que traigan la paz a Irak, no quienes lo han destruido. Una cura de modestia no le vendrá mal al Imperio y a sus compinches.. Ah!!!! Y que se dejen de jugar al Monopoly de la reconstrucción de Irak solo con empresas norteamericanas y subcontratas a los países amigos y dejen jugar a quienes vengan a ayudarles ahora. Si no aceptan, pues que se queden con el balón y jueguen solos!




