Por fin, la ¡verdad de Aznar!
Ha hecho falta el informe de los 1.400 inspectores norteamericanos para saber, tras 4 meses de inspección sin barreras, que no hay armas de destrucción masiva en Irak desde 1991. Claro que José María Aznar ha declarado que ese informe no le concierne porque el pueblo español, después de echarse a la calle contra la guerra de Irak en un 90 por ciento, ya ha asumido que había armas de destrucción masiva en manos de Sadam Huseín o ¿ha querido decir que el pueblo española ya sabía lo que dice la comisión liderada por David Kay? Y de todos modos, su amigo Bush y sus aliados de las Azores, piden tiempo para descubrirlas. Casi 4 meses para los 1.400 inspectores de Washington no les parecen suficientes a estos mismos políticos cuando ellos le negaban a Hans Blix, el jefe de inspectores de la ONU, el breve plazo que solicitaba en el Consejo de Seguridad. “¡Nada, nada, ni un minuto más! ¡La resolución 1.441 es muy clara! Se ataca en nombre de las Naciones Unidas aunque estas digan que no han obtenido el nuevo mandato que permite esa guerra.” Y la 1.441 no lo ampara.
Lo malo es que ahora buscan otra resolución que permita a otros países acudir en ayuda del Trío de la Benzina pero nadie les hace caso. La Historia proporciona lecciones como esta en muy raras ocasiones y son necesarias para aprendizaje de jóvenes generaciones. Juan Palomo también se lo guisaba y se lo comía. Lo gracioso es ver como intentan separar a Francia de Alemania cuando Berlín ha dicho que esta dispuesto a entrenar a la policía y al ejército iraquíes, lo que también dijo Chirac sin ir a Washington a decírselo al Emperador. En cuanto a Putin, quiere tecnología petrolera para su obsoleta industria de extracción y comercialización del oro negro pero no piensa mandar tropas. Ni Pakistán, ni la India. Claro que José María Aznar ha declarado en Florida que él tenía que apoyar a George W.Bush ¡porque hay 40 millones de hispanos en los EE.UU.! Nadie ha comprendido la razón y nuestro presidente se guarda mucho de salir del lenguaje críptico que le caracteriza. Nadie le ha explicado a Aznar que los latinoamericanos, desde los tiempos del big stick, no aprecian demasiado al gobierno de los EE.UU. y que tuvo una pequeña muestra de ello cuando pasó por México para convencer a Fox de votar en la ONU la resolución que daba vía libre a la invasión de Irak.Los carteles con Gachupines Fuera aparecieron en las manifestaciones mexicanas. La cosa sentó igual de mal en Chile. Las caras de Lagos y Fox reflejaron el malestar hacia el chico de los recados de Bush. Cualquiera que tenga experiencia americana, más cercana al ciudadano de allí que la que tienen nuestros políticos de limousine, debería saber que todos quieren emigrar a Estados Unidos por el dólar pero ciertamente no por amor a los dirigentes de Washington ni adoración por los valores culturales de un gobierno que ya confundía, en tiempos de Reagan, a un pais latinoamericano con otro. Por cierto, como ya caminamos todos detrás de la bandera de las barras y estrellas, según Ana Palacio,(otro faro de la diplomacia española del calibre Piqué), Federico Trillo-Figueroa grita un ¡Viva Honduras! en presencia del destacamento de El Salvador. Un lapsus linguae típicamente norteamericano.
España había conseguido que, en Iberoamérica, se nos viese como un miembro más de una Comunidad de iguales que invertía fuertemente en paises en cuyo futuro confía aunque, históricamente, se nos considerase con más respeto del que justifica el peso de nuestra población. Es solo un 10 por ciento del total, igual que los hispanos residentes en territorio Bush. Los gestos del gobierno del PP, en ese inmenso continente, han conseguido irnos alienando el caudal de simpatía que habíamos acumulado tras la muerte de Franco. Las tropelías de Fidel Castro, incluidos los fusilamientos de candidatos a la emigración, han sido condenados sin paliativos por la Unión Europea. Intelectuales y artistas como Semprún, Savater o Almodóvar lo acaban de reiterar en Paris pero ninguno se ha señalado mezclándose en loor de multitudes con la extrema derecha del exilio de Miami. El reciente acuerdo de Lula de Brasil con Fidel Castro no significa un reconocimiento de las bondades del régimen cubano sino un apoyo a 11 millones de sus habitantes que sufren esa dictadura. Todos los españoles, bajo el franquismo, no compartíamos los Principios del Movimiento fascista que imperaba en nuestro país pero agradecimos el trigo y la carne argentinos que rompían el boicot internacional tras el fin de la guerra mundial. Ana Palacio debería besarse menos con Colin Powell y analizar mejor los sentimientos de 400 millones de hispanohablantes en relación con la política de los EE.UU. hacia ellos. Hubo un tiempo en el que los dirigentes de Iberoamérica se apoyaban en Washington y vice-versa pero hoy en día, si un dirigente de nuestro ámbito cultural quiere tener al pueblo a su lado, debe mantener una respetuosa distancia con la Casa Blanca y fuertes lazos de amistad con el pueblo de los EE.UU.. Lo que hace Moncloa es lo contrario, acaricia el gato a contrapelo.




