Ruta equivocada
Al pueblo judío se le ha impuesto, a lo largo de la Historia, una serie de limitaciones que han conseguido lo contrario de lo que se perseguía. Encerrarlos en barrios propios, en ghettos donde, por ley al principio y conveniencia más tarde, se vieron obligados a vivir, no se correspondía con las intenciones iniciales. Estos barrios, que se cerraban al anochecer y que rodeaban muros, permitieron conservar una cultura y unas creencias milenarias. El pueblo judío se hubiese diluido en medio de otros pueblos, perdiendo la esencia de su ser, de no haber sido por una animosidad multisecular que le responsabilizaba de la crucifixión de Jesús Cristo olvidando que todos los fundadores del cristianismo eran judíos.
Fuera de los ghettos, los judíos estaban obligados a circular con un distintivo amarillo que los nazis resucitaron en forma de estrella de David del mismo color cosida sobre la ropa del lado izquierdo de la prendas visibles. Los he visto en mi adolescencia en las calles del Paris ocupado por los alemanes. Pero lo que pareció un escarnio hacia una raza, resultó ser la mejor forma de fortalecerla, de desarrollar sistemas propios de asistencia social, de reforzamiento de las creencias y de autodefensa moral. La palabra ghetto nace en la Italia del siglo XVI pero es en el XIII y en Marruecos donde se asigna a los judíos una zona de las ciudades para residir. Esto les obliga a administrarse y tener sus propias organizaciones cívicas, su propia democracia étnica.
La creación del Estado de Israel en 1948, permitió a los judíos del mundo entero, tener un lugar donde refugiarse en caso de necesidad. De todas partes llegaron primero voluntarios y luego fondos que permitieron la construcción de este nuevo país. Las Naciones Unidas habían dividido el territorio del Mandato británico de Palestina en dos estados de parecido tamaño. El mundo árabe no lo aceptó y luchó contra los judíos desde el mismo instante en que se proclamó el Estado de Israel el 14 de Mayo de 1948. Durante décadas, los árabes estuvieron llevando a cabo una guerra de retraso. Me explico. Tras la guerra de 1948 salieron esquilmados cediendo terreno a los judíos. En la de 1956 podían haber perdido mucho más si Tel Aviv no hubiese abandonado tierras ocupadas durante la guerra del Canal de Suez por presiones de la ONU. Yo entré en Gaza con el general Burns que mandaba las Fuerzas de Emergencia de las Naciones Unidas, mientras el ejército israelí abandonaba la ciudad a medianoche. De todos modos, los árabes habían perdido partes de lo que la ONU les reconociera en la partición de1947. En la guerra de 1967 perdieron Cisjordania y Gaza. Por eso, los árabes han tenido el destino de esos jugadores de ruleta que, queriendo recuperar lo perdido, acaban arruinándose completamente. El punto de inflexión fue el reconocimiento del derecho de Israel a existir que impulsó Yasir Arafat y que cambió los fines de la política general de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).
Pero si la OLP se ha convertido en Autoridad Nacional Palestina (ANP), no ha conseguido controlar a los grupos irreductibles desprendidos del antiguo Frente de Liberación Nacional (FLN), o de la misma OLP, (como los Mártires de Al Aqsa), Hamás, Hezboláh y Yihad Islámica entre los principales. Decir que Arafat y su gobierno controlan estos grupos extremistas, cuyo horizonte es la eliminación del Estado de Israel, es como atribuirle a Ibarretxe y al PNV la capacidad de detener a ETA. No solo estos grupos no quieren coexistir con Israel sino que consideran a la ANP como colaboradores. La Francia que perdió la guerra en 1940, tuvo un gobierno colaboracionista encabezado por el Mariscal Pétain y muchos grupos de resistentes que como maquisards combatieron a los nazis y a los colaboracionistas.
Israel es hoy un país imposible de borrar del mapa. No solo porque es el más fuerte de la región sino porque es el más educado y el que goza de más democracia aunque no todo el mundo comparta las opiniones de Ariel Sharon y su gobierno del Likud. No son pocos los intelectuales judíos que consideran que la política que lleva a cabo Israel en la actualidad ha consistido en desmontar todo el cúmulo de esperanzas que levantaron los Acuerdos de Oslo. El permanente e incondicional apoyo de los EE.UU. al gobierno de Tel Aviv no es precisamente lo que necesitan para alcanzar una vida normal y próspera. Las antipatías que Bush atrae hacia su persona y su gobierno, se traducen en más animadversión hacia su protegida. El Muro de Berlín pareció a toda la Humanidad como un Muro de la Vergüenza. Creer que el que construye el gobierno de Sharon para separar el Estado de Israel del territorio moteado de asentamientos judíos bajo control (?) de Yasir Arafat va a solucionar el problema de los atentados suicidas es tanto como considerar que un muro similar hubiese evitado el de las Torres Gemelas. El veto número 27 que emite Estados Unidos en el Consejo de Seguridad para evitar una condena al gobierno israelí, tiene menos peso que la actitud de los 27 pilotos del Ejército del Aire de Israel condenando los bombardeos selectivos en medio de zonas altamente pobladas. El mejor muro protector que Tel Aviv puede construir es el del diálogo con las fuerzas que le combaten. El actual, que está a punto de cerrarse, no protege al pueblo de Israel sino que crea un gigantesco ghetto, auténtica aberración en el Tercer Milenio de nuestra Era. Y la masacre de 11 palestinos en Gaza solo sirve para levantar un poco más alto el muro del odio. Ahora, entre los israelíes ¿solo queda esperar al suicida que cause otra matanza de inocentes judíos? ¡Qué desprecio a la inteligencia humana!



