12 Noviembre 2003

Aznar e Iberoamérica

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 23:06

Tras la muerte de Francisco Franco Bahamonde, los pueblos y los gobernantes de Iberoamérica vieron con satisfacción el rumbo que tomaba la España de la transición. Su ingreso en la Comunidad Europea (hoy Unión Europea), en 1986 abrió las puertas a una prosperidad que aunque no supimos utilizarla con tanto éxito como Irlanda o Austria, si lo hicimos mejor que Grecia y Portugal. Dentro de esa unión de países europeos que el 1 de mayo de 2004 serán 25, España es una potencia media, entre los cuatro grandes (Alemania, Francia, Reino Unido e Italia) y los demás. Somos solo 40 millones de habitantes, aproximadamente como Polonia, es decir, un 8,9% de la población de la UE25 y, junto a Portugal, el 11,15%. Esto es poco frente al 18,5% de Alemania sola pero los dos idiomas ibéricos representan más de 500 millones de habitantes del planeta, un 1/12 de su población. De ahí el peso de España y Portugal a nivel mundial.

En el continente Americano tienen un peso específico el español y el portugués. Esos 500 millones de seres humanos que se entienden perfectamente con sus respectivas lenguas (Brasil ha iniciado una fuerte campaña para enseñar el español como segundo idioma del país), son un mercado nada desdeñable para el resto del mundo. La Unión Europea sabe muy bien que la Península Ibérica es la puerta de entrada para esos 500 millones de personas, incluidos 40 millones (la mayor minoría) que habitan en los mismos Estados Unidos. De ahí que tengamos especial interés en cuidar nuestras relaciones con países que tienen por lengua materna el español o el portugués. Francia intenta hacer lo mismo (pero no es igual) con una francofonía compuesta de países que tienen el francés como lengua extranjera. Desde 1975 la política exterior española ha tenido uno de sus tres vectores principales en Iberoamérica y baste para ello ver el volumen de nuestras inversiones en los países del área. Lo hemos conseguido sin mostrarnos superiores o prepotentes a ninguna de las repúblicas de ese continente. Si se ha escuchado la expresión madre patria esta ha salido de boca de nuestros hermanos transatlánticos y no de nosotros.

Hasta la llegada de José María Aznar al gobierno, lo hemos hecho relativamente bien. La campechanería del rey con los demás jefes de Estado y de Gobierno le han valido un respeto que Aznar no ha sabido cultivar. Eso que algunos llaman química ha existido siempre entre los mandatarios americanos y el rey pero gestos y palabras del hombre que nos quiere sacar del rincón oscuro de la Historia no es precisamente un mensaje de futuro para Iberoamérica.

El paso de Aznar por el rancho mexicano de Vicente Fox camino del de George W. Bush mostró el rostro severo del presidente azteca, a quien no hizo ninguna gracia la intromisión del de la Moncloa. Venir a influir en un país de nuestra sangre para que haga en el Consejo de Seguridad lo que quiere Washington es una de las torpezas más destacadas del vasallaje al que nuestro Presidente de Gobierno nos ha sometido desde el atentado del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York. Hacía tiempo que no veíamos manifestaciones contra España y los gachupines en las calles de México D.F.. Igual de mal le sentó a Ricardo Lagos de Chile la insinuación de lo que su representante debía votar en el Consejo de Seguridad para dar luz verde a la guerra contra Irak. El correveidile Aznar se ha olvidado que subyace en Iberoamérica un sustrato de resentimiento contra Washington por las numerosas intervenciones del gobierno de los Estados Unidos en los asuntos internos de los diversos países del continente. En nuestra etapa imperial también habíamos dejado resquemores de ese tipo pero el tiempo, la sangre y la lengua nos han permitido atenuarlos y casi eliminarlos. Ha hecho falta un aprendiz de brujo para ofrecerse a George W.Bush como capataz de esa gran finca continental. Pobre América Latina, decía el bardo, ¡tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos!

Iberoamérica tiene en España y Portugal dos aliados fraternales dentro de la Unión Europea, la primera potencia comercial del mundo. La UE tiene en España y Portugal el puente natural hacia unas economías latinoamericanas en desarrollo como el Reino Unido es el puente natural con Estados Unidos.

La UE es competidora de EE.UU. en América Latina pero José María Aznar desearía una Unión Europea que aceptase el unilateralismo y una dependencia militar absoluta de Washington. Para él, los objetivos globales de la Casa Blanca tienen que ser los de la Unión Europea. Si esa idea se impusiese, no sería posible que nuestro continente pensase por sí mismo y criticase, por ejemplo, la política agresiva de Ariel Sharon en el Próximo Oriente o tuviésemos una visión del Islam distinta de la de EE.UU.. Los intereses estratégicos de Washington no tienen por qué coincidir con los de Bruselas. La actitud del PP nos está enajenando el caudal de simpatías que hemos disfrutado hasta ahora por parte de pueblo y gobernantes Iberoamericanos por un lado y pueblos y gobernantes del resto de Europa por otro. No digamos nuestro tercer vector: el mundo árabe y musulmán.

En Bolivia tiene lugar la XIII Reunión Iberoamericana. Acudir a ella como país vasallo de Washington, no parece el mejor credencial para sacar a nuestro país del rincón olvidado de la Historia. Aznar está convencido de que el programa científico ITER (Investigación sobre la energía termonuclear) con el apoyo de EE.UU. vendrá a Vandellós (Tarragona) en lugar de ir a Cadarache, en la Costa Azul francesa. Nuestros socios de la UE ya nos han sugerido que llevemos solo una ciudad candidata al comité internacional que ha de decidir el emplazamiento y las enormes inversiones. Washington aporta la décima parte del costo de este grandioso proyecto, el mayor que la ciencia internacional tiene en este momento entre manos y del que depende el futuro de la energía barata e ilimitada de la fusión del átomo. Depender de un solo amigo, por muy importante que sea, no es el ideal para un país como el nuestro, de talla mediana pero que ha conseguido ser la octava potencia económica del mundo. La reciente Conferencia de Donantes de Madrid que el gobierno de Aznar ha querido organizar para eclipsar la Conferencia de Madrid de Felipe González ha sido un rotundo fracaso. Como su afán de superar el trayecto Madrid –Sevilla con un tren de alta velocidad que cubra Madrid-Barcelona. Desaparecido de la escena Felipe González, este se ha convertido en una de las obsesiones del líder del PP. Su personal Fantasma de la Opera.

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