Muerto Sadam, ¿se acabó la rabia?
Cualquiera, dentro del Tercer Mundo, que desafíe a Occidente, es aceptado como héroe y su rostro se convierte en un icono de la noche a la mañana. Entre los árabes, esta realidad es todavía más marcada. Sadam Huseín no era una figura particularmente simpática para el hombre de la calle. Ni siquiera para los demás jefes de Estado árabes. Su falta de religiosidad choca contra un Islam que se confunde con al umma, la nación. Los españoles no tenemos por qué extrañarnos de este fenómeno, cuando Isabel la Católica fundó su idea de España, en la que entraban distintos reinos, bajo la techumbre del cristianismo. Eso la empujó a cometer los dos grandes errores de nuestra Historia: expulsar de su patria a nuestros judíos, y con ellos la medicina más avanzada y las finanzas más sofisticadas del continente, y unos musulmanes españoles, los moriscos, creadores de una agricultura de regadío que era la envidia del resto de Europa. Lideres como Ahmed el Arabi en el siglo XIX o Gamal Abdel Nasser en los años 50, han querido resucitar el viejo sueño de al umma. Todos eran conscientes de que la religión era la argamasa que uniría a la Nación Árabe. Pero el Islam ya desbordó hace tiempo los límites de la Península de Arabia como la Hispanidad dejó de ordenarse a partir de la España de Isabel y Fernando. Hoy, los musulmanes de Indonesia no tienen nada que ver con el panarabismo de Nasser pero reaccionan contra lo que consideran imperialismo anti-musulmán. En América Latina, personajes como Sandino, Martí, Fidel Castro o Ernesto Ché Guevara, se han convertido en símbolos por su rebelión contra EE.UU. y el imperialismo occidental.
Sadam Huseín en Irak, como Osama bin Laden en Afganistán, son dos productos de los EE.UU. en sus luchas respectivas contra el Irán de Jomeini o contra el Afganistán soviético. A los dos les ha armado el Pentágono y les ha empujado a usar armas que todavía derriban helicópteros americanos. La insistencia en encontrar armas de destrucción masiva se explica muy bien puesto que británicos y americanos vendieron esos productos al hoy llamado sátrapa que los utilizó sin que nadie en Occidente dijese una palabra. Sadam gaseó a los kurdos de Halibja como escarmiento por los intentos independentistas. Estados Unidos calló porque se daba satisfacción a los turcos, grandes aliados de Washington, que no desean ver un Kurdistán libre junto a sus fronteras y al que se unirían 16 millones de kurdos que ahora dependen de Ankara.
Volviendo a la situación actual, somos muchos los periodistas que insistimos en que no hay tantos partidarios de Sadam Huseín luchando contra las fuerzas de ocupación sino cientos de miles de iraquíes que no quieren la presencia de fuerzas extranjeras sobre su territorio. La encuesta de la Universidad de Oxford es tajante sobre ese punto. Consideran que combaten por sus hermanos de Palestina. Cuando los españoles luchaban contra las tropas de Napoleón, no lo hacían siguiendo órdenes de Fernando VII, ni por vengar el que estuviese prisionero de los franceses. Fernando VII le importaba un bledo a la mayoría de los españoles. Jean Moulin, el respetado jefe de la resistencia francesa durante la ocupación alemana, cayó en manos de la Gestapo, fue torturado y ejecutado, pero ello no afectó en nada a las operaciones de sabotaje, asesinato selectivo, acciones de franco-tiradores y maquis que redoblaron sus esfuerzos. De aquellos grupos diversos, Jean Moulín organizó las Fuerzas Francesas del Interior (FFI) o las Fuerzas Francesas de Liberación (FFL). Los ataques al colaboracionismo en aquella Francia eran terribles. Estaciones de policía del gobierno pro alemán de Vichy, volaban por los aires con frecuencia, igual que los puentes, los trenes descarrilaban y se mataban soldados de la Wehrmacht empujándolos en el andén del metro cuando llegaba el tren. Si Sadam Huseín, en un zulo de 1,80 m de largo, cambiando de lugar cada cuatro horas, solo con una pistola, un kalasnikov y 750.000 dólares, ha dirigido con éxito, durante ocho meses, unas operaciones de resistencia mortíferas para los americanos y sus aliados, podemos considerarlo un genio del arte militar. Si la resistencia francesa no se desmoronó con la ejecución de Jean Moulin, puede asegurarse que tampoco lo hará la iraquí con la caída de Sadam Huseín como asegura Ana Palacio.
El lunes 15, veinticuatro horas después de que se anunciase la captura de un Sadam Huseín barbudo y de descuidadas greñas, dos atentados con coches bomba se producían originando nueve muertos y 19 heridos entre miembros de la policía iraquí, una policía considerada por la resistencia como colaboracionista, como la de Vichy en 1943 o la de José Bonaparte en la España de 1808. Para José María Aznar, el terrorismo está más cerca de su final pero Donald Rumsfeld, el Secretario de Defensa, dice que Sadam Huseín será tratado como prisionero de guerra, respetando la Convención de Ginebra sobre el trato a prisioneros de guerra. Para George W. Bush EE.UU. estaba en guerra contra quienes habían derribado las Torres Gemelas. Para Aznar seguimos hablando de terrorismo para no reconocer que se han saltado todos los artículos de nuestra Constitución que regulan la declaración de guerra por parte de España. Ni hubo debate en las Cortes ni presentación de la declaración de guerra a la firma del Jefe del Estado, como es preceptivo.
Cuando, al principio de la guerra, se mostraron los tres pilotos americanos prisioneros de los iraquíes, asustados y despeinados, el gobierno de los EE.UU. denunció la violación de la Convención de Ginebra que prohíbe la exhibición humillante de los prisioneros de guerra. ¿Van ahora a protestar por la forma en que han presentado a Sadam Huseín, sin haber pasado por la barbería y con la boca abierta siendo examinado por los médicos? La busqueda en boca y pelo solo pretendía encontrar cápsulas de cianuro para suicidarse. Es una rutina establecida pero no es necesario filmarla para los medios. Mostrar al líder enemigo en las circunstancias en las que se ha hecho solo pretende desmoralizar a la resistencia pero representa un grave insulto a los millones de árabes y musulmanes que apoyan a cualquier líder que defienda la causa palestina y luche contra los que sostienen y apoyan a Ariel Sharon y al derechista partido Likud.
Seguimos deseando al señor Aznar que tenga razón por el bien de nuestros soldados pero creemos que es muy valiente arriesgando vaticinios que pueden ser desmentidos en pocas horas por algún atentado que nos toque de cerca. Las deserciones en el nuevo ejército iraquí, que alcanzan el 50 por ciento de los efectivos, no dejan presagiar días mejores para la tarea de estabilización del país. La corrupción rampante que se está produciendo en el seno del núcleo de empresas americanas encargadas de la reconstrucción y del abastecimiento de las fuerzas de la coalición, ya ha saltado a la primera página de los periódicos más influyentes de EE.UU.. Esa corrupción alcanza a Halliburton, la empresa de la que fue presidente Dick Cheney, el actual vice-presidente de los EE.UU.. Los pozos de petróleo siguen siendo saboteados pero hay quien se beneficia de la consiguiente penuria de carburante para cargar el doble de su precio el transporte de un barril desde Kuwait hasta Irak. Cualquiera que haya vivido esas desesperantes colas, máxime si se producen en el segundo productor de petróleo del mundo, sabe la irritación que producen. Y esta corrupción es solo la punta del iceberg.



