El juicio de Sadam Husein
La comunidad internacional se merece un juicio a Sadam que respete las reglas de imparcialidad, publicidad y transparencia. ¿Lo desean Washington y todos los demás países que lo apoyaron con anterioridad a 1990? ¿Bush y sus asesores no buscarán el medio de que la intervención de Reagan en Irak pase desapercibida? La condena a muerte del sujeto, lo más rápida posible para que no desvele comprometedores secretos de las ayudas occidentales, sería lo más conveniente para Bush Jr.
En 1979, la caída del Sha de Irán y la llegada al poder del Imán Rujolá Jomeini y sus ayatolaes, trastocó toda la política occidental en la región. El fundamentalismo islámico ponía en peligro la existencia de las monarquías de la región y con ellas el control americano sobre el petróleo. La autorización del presidente Jimmy Carter para que el Sha fuese tratado en un hospital de Nueva York provocó la ira de las masas iraníes y el secuestro de 53 rehenes americanos de la embajada de los EE.UU. en Teherán. Tras una desastrosa operación de rescate en la que se perdieron hombres y helicópteros en el desierto iraní, Jimmy Carter asumió toda la responsabilidad y, como consecuencia, perdió las elecciones ante el republicano Ronald Reagan.
En 1980, con la venia de los EE.UU., Sadam Huseín declara la guerra a Irán. Es preciso dar una explicación previa. Hasta 1932, Irak no obtuvo su independencia de Gran Bretaña que había derrotado, en la Primera Guerra Mundial, al Imperio Otomán. Este país artificial, asentado sobre las tierras del Eufrates y el Tigris que gobernara la antigua Babilonia, tiene una estrecha costa de unos 60 kilómetros, por donde desembocan los dos ríos bíblicos en el golfo pérsico (o arábigo, según quien lo designe). No son pocos los gobernantes iraquíes que han querido ensanchar esa minúscula salida al mar a costa de Kuwait o de Irán.
En 1984, Donald H.Rumsfeld llegaba a Bagdad como Enviado Especial del presidente Ronald Reagan, y solicitaba de Sadam Huseín mejorar sus relaciones con EE.UU. ya que la guerra contra los ayatolaes iraníes coincidía con la política de Washington. La caída del Sha en 1979 había desequilibrado la región y puesto en peligro los Emiratos y reinos de la zona. El petróleo es vital para el mundo occidental y el dinero de las empresas dedicadas al oro negro y al armamento son las que más aportan a las campañas electorales de los candidatos republicanos. Sadam Huseín se convertía así en la punta de lanza de ese Occidente capitalista contra el fundamentalismo islámico de Jomeini.
Así es como los EE.UU. apoyaron a Sadam Huseín con armas de destrucción masiva e información de sus satélites. Según un informe de 1994, del Senado de los EE.UU., se le suministraron a Irak durante la década anterior, ántrax, toxinas del botulismo, histoplasma Capsulatam, causante de una enfermedad que ataca los pulmones, el cerebro, la espina dorsal y el corazón; Clostridium tetani y muchos productos más del arsenal de la química mortífera. Algunas de las empresas envueltas en la ayuda militar a Sadam Huseín, fueron la AT&T, Bechtel, Caterpillar, Dow Chemical, Dupont, Kodak, Hewlett-Packard o IBM entre otras muchas. El hecho de que Sadam gasease a las tropas iraníes no provocó la menor repulsa de los países occidentales. Todos estaban involucrados en la venta de armas, incluso químicas, a Irak, incluida España. Aquel apoyo a Sadam Huseín no solo se producía en el suministro de armas sino en la información de los satélites que reflejaba los movimientos del ejército iraní a lo largo de la frontera con Irak. En 1983, Donald H.Rumsfeld, actual Secretario de Defensa, como enviado de Ronald Reagan, pergeño todas esas ayudas. Por eso no es de extrañar la insistencia para que Sadam Huseín explicase donde tenía esas armas o probase que las había destruido. Nadie mejor que los EE.UU. para saber qué tipo de armas químicas y bacteriológicas tuvo Sadam o podía tener todavía en 2003. Pero muchas fueron utilizadas contra Irán (la guerra de 1980 a 1988 produjo un millón de muertos de los que dos terceras partes correspondieron a los iraníes), contra los kurdos en Halabja (1988) donde murieron 5.000 personas en pocos minutos, o caducaron o fueron destruidas. El caso es que Sadam Huseín no ha hecho uso de ellas contra las fuerzas norteamericanas. Cuando el Congreso americano quiso imponer sanciones a Irak por haber utilizado gases mortíferos contra los kurdos, el presidente Reagan se opuso a ello.
El proceso de Sadam Huseín permitiría, si llevado con la honradez que todo el mundo reclama, no solo explicar hasta qué punto los EE.UU. son responsables de haber armado al monstruo, sino de conocer las circunstancias poco claras de la captura del segundo hombre más buscado del mundo después de Osama bin Laden. ¿Es creíble que este poderoso dictador se hiciese construir un zulo que solo se podía abrir desde fuera? ¿Y si fuese así, lo construiría tan pequeño e incómodo? ¿Carecería de cualquier sistema de comunicación con su gente en el exterior? ¿No tendría una provisión de agua y alimentos para unos días? Lo más probable es que Sadam Huseín estuviese prisionero de alguien, probablemente un grupo de kurdos que haya negociado la delación. Si se convirtió a Jessica Lynch en una especie de Rambo femenina ¿Cómo no ha nombrado la revista TIME a los soldados que capturaron al líder iraquí como ”Hombres del Año”? La prensa americana se ha volcado para encontrar e interviuvar a esos “héroes” que tanto harían por la moral del país, pero tropieza con un muro de silencio impenetrable. La portada de la revista declara ”Hombre del Año” al Soldado Americano, sin más.
En el juicio se podría dilucidar si la embajadora de los Estados Unidos en Bagdad en 1990 asintió cuando Sadam Huseín la consultó sobre si Washington se mantendría al margen en caso de invasión de Kuwait. Aquella actitud, según testigos, sería la luz verde que animó a Sadam a emprender la aventura. Si Bush padre se detuvo en la frontera iraquí y no siguió hasta Bagdad es porque lideraba una coalición en la que participaban fuerzas árabes que se hubiesen disuelto si se sobrepasaba el mandato de la ONU. La incitación al sublevamiento, con promesa de apoyo inmediato americano, que hizo el padre del actual presidente George W.Bush, lanzando cientos de miles de pasquines sobre las zonas del sur de Irak eminentemente shiíes solo sirvieron para provocar violentas represalias por parte del régimen baazista. Las fosas comunes que se están descubriendo y que pueden albergar hasta cien mil cadáveres, son el resultado de aquella falsa promesa de apoyo de los americanos que contemplaron impasibles la represión originada por los sublevamientos.
¿Llegará vivo Sadam Huseín al banquillo de los acusados? ¿Se permitirá a sus abogados que tengan acceso a cuanta documentación pueda justificar algunas de las complicidades que tuvo el dictador en las principales capitales occidentales? El tiempo dirá si todo se esclarece o si queda en uno más de los misterios de la Historia de los EE.UU.




