4 Enero 2004

El miedo no es libre

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 23:30

La idea de situar policías a bordo de los aviones que salen de o llegan a Estados Unidos, como todas las que se le ocurren a la Administración norteamericana, constituyen parches en la lucha contra el terrorismo internacional. Hasta ahora, el mayor desastre sufrido en EE.UU. en materia de terrorismo, el 11/9 contra las Torres Gemelas, no ha tenido nada que ver con aviones que salían del país o llegaban a él. Eran vuelos interiores en los que se sustituían sus pilotos de la compañía que fuese por elementos de Al Qaeda que habían aprendido a pilotar en escuelas de los propios EE.UU.. De repente toda la lucha anti-terrorista se centra en la misma idea de aviones que pasan a manos de criminales cuya misión es alcanzar lugares emblemáticos y estrellarlos ahí mismo.

Durante los 11 meses que viví la revolución cubana (1957-58), descubrí muchas maneras de provocar el caos por parte de la resistencia del Movimiento 26 de Julio que fundara Fidel Castro tras el ataque al Cuartel Moncada de Santiago. Utilizaban fósforo vivo que se inflama, cuando seco, al contacto con el aire. Este producto lo utilizaban de varias maneras. Una era inyectarlo con una jeringuilla dentro de una pelota de ping-pong y tirarlo desde un vehículo en marcha en los cañaverales de la región oriental de la isla. Cuando el fósforo se secaba y entraba en contacto con suficiente aire, la pelota se inflamaba fácilmente al estar compuesta de celulosa y prendía la caña de azúcar. Así ardieron muchos cañaverales cuando Fulgencio Batista presumía de haber alcanzado una zafra histórica de 6 millones de toneladas de caña de azúcar. En otras ocasiones, media docena de chicas del M-26-7 se repartían por los Almacenes El Encanto y dejaban discretamente trozos de azufre mojado entre una pila de blusas en saldo o en la sección de perfumería. Como la cantidad de agua contenida en el fósforo era similar en cada pedazo abandonado, se secaban casi al mismo tiempo y provocaban una docena de incendios en secciones y plantas diferentes provocando el consabido miedo entre la clientela, miedo azuzado por las propias revolucionarias que eran las primeras en pegar histéricos gritos de alerta. Finalmente, otro sistema que conocí fue el de echar el fósforo en un parking debajo de los automóviles y provocar un incendio que se propagaba rápidamente cuando el incendiario hacía ya un cuarto de hora que había desaparecido de la zona del atentado. En España hemos tenido pruebas, a lo largo de 30 años, de la variedad de formas que revisten los ataques de ETA a la sociedad española.

La solución de poner hombres armados –Air Marshals– en cada avión que se dirija o salga de Estados Unidos no ha gustado (con razón), a ningún piloto comercial. Los disparos en el interior del aparato corren el riesgo de perforar su envoltura y despresurizar peligrosísimamente el interior del aparato. Entonces el inteligente de turno ideó las balas que no despresurizan, es decir, que no atraviesan las paredes de que consta el avión. Ahora falta que los terroristas quieran comprar esas balas de las que estamos seguros irán provistos los vigilantes secretos. Si se produce la despresurización no será por culpa de los Marshals aunque el resultado será el mismo para el destino del aparato. Con pilotos suicidas, kamikazes, la efectividad de esta solución es prácticamente nula. Parece más eficiente la instalación de electrónica que cambie el rumbo de un avión cuando se dirija contra un edificio susceptible de ser una diana. Los poco inteligentes servicios de Inteligencia occidentales están realizando una labor magnífica, colaborando con Al Qaeda en la diseminación de falsas pistas que, en la actualidad, están destrozando todo el sistema aéreo occidental y nuestra organización económica que depende de él. Mañana se correrá la voz de que hay botellas de tal o cual vino que han sido envenenadas con antrax y se pondrán especialistas a abrir y analizar botella por botella el vino de Burdeos o de Rioja (creo que ya hay una reglamentación antiterrorista que han de seguir los exportadores de caldos españoles). ¿Alguien ha olvidado los sabotajes a tal o cual marca de productos alimenticios por parte de un antiguo empleado de la empresa despedido?

Hubo un tiempo en que los políticos prometían paraísos terrenales si se les otorgaba la confianza de gobernar durante un cuatrienio. Se pintaban futuros de color de rosa. Ahora, la forma de alcanzar el poder, y mantenerlo, es totalmente opuesta. Consiste en anunciar la llegada del Juicio Final y prometer que el único que puede retrasarlo es quien preventoriamente, como dice Aznar, pega a diestro y siniestro. Por ejemplo, EE.UU. se ha convertido en tan desconfiado que desconfía de sus poco fiables aliados. Cuando un vuelo mexicano, de la capital azteca a Los Ángeles, tras un minucioso registro de los pasajeros en el embarque y llevar a bordo policías armados, se ve rodeado a mitad camino por cazas F-16 y obligado a regresar a puerto, es lógico que se indigne todo un país amigo como es México. Y si comunican información al otro país suelen ser inconsistentes generalidades para no abortar la operación de captura de los terroristas. En el caso de la suspensión de vuelos franceses Paris-Los Ángeles, suspendidos hace unos días, el ridículo fue de lo más patente. Los nombres de los sospechosos correspondían a un niño, una anciana china y un agente de seguros galés. La coincidencia de nombre y apellidos musulmanes es algo sin paralelo con los utilizados por otras religiones. He conocido docenas de Mohamed Ali al Bakr o de Abbas Chalabí y así hasta cien apellidos similares. Una vez fui detenido en el aeropuerto de Trípoli (Libia) y me quedé solo con la policía cuando ya había pasado el resto de pasajeros de mi avión. Me enteré de cual era mi problema simplemente escuchando lo que se decían los policías unos a otros: El nombre de Augusto, mi hermano, que era fotógrafo del semanario Time de Estados Unidos me puso sobre la pista de cual era mi problema. Ana Enrique, la Augusto! (Soy Enrique, no Augusto). El problema es que para ellos lo importante es de quien eres hijo, no tu apellido que es accesorio. Así, los controles son dificultosos en ausencia de expertos en lengua y costumbres islámicas. Mi hermano había pasado por Trípoli unos meses antes con John Gavin y el artículo que ilustraba mi hermano era vitriólico contra el dictador libio por lo que ambos estaban en la lista negra. Y de paso ¡yo!

Se dice que el miedo es libre pero no es cierto. El miedo se controla con el razonamiento y con sentido común. Los corresponsales de guerra sabemos que el silbido de las balas asusta mucho a los novatos pero nada a los que han estado en muchas situaciones propicias al tiroteo. Bala que silba no mata, decimos al recién llegado y le añadimos la explicación:”la bala que te ha de matar no la oirás jamás. Es un problema de física. Su sonido te llegará cuando tu ya no oigas.” Los accidentes aéreos suelen provocar auténticas deserciones de pasajeros cuando justamente, por cálculo de probabilidades, parece menos plausible que se produzca otro accidente. Con el reciente de un avión egipcio que volaba de Sharm el Sheik a El Cairo y Paris, la gente no se detiene a reflexionar sobre las circunstancia. Un vuelo charter de Flash Air que lleva italianos (nacionales de un país de la coalición que apoya a Bush) al balneario egipcio del Golfo de Aqaba, llega a su destino sin problemas a las dos de la madrugada del sábado 3 de enero del 2004. Una hora y media más tarde, el vuelo FSH 604, con 133 turistas franceses (pertenecientes a un país que se opuso a la guerra contra Irak), despega hacia Paris. Se estrella cuando acaba de despegar y se encuentra a 500 metros de altura. No hay supervivientes. El aparato, un 737, el que algunos profesionales denominan el ciclomotor del aire por la sencillez de su manejo, había sido revisado en Suiza y al no pasar la ITV, se le había prohibido sobrevolar el espacio helvético. Pero el miedo hace que todo el mundo piense en el atentado como culpable. Con ello se multiplica la fuerza del terrorismo porque no solo está el daño que causa sino el miedo que siembra.

Personalmente me niego a acojonarme y aunque ya viajo poco, con mi enfermedad pulmonar y mis 16 horas de oxígeno diarios que me imponen los médicos, no me importaría tomar el próximo avión a Sharm el Sheik un hermoso lugar que conocí cuando era una mierda paradisíaca en 1955. Ustedes hagan lo que quieran pero el miedo hace que las ovejas se junten todas con los ladridos de los perros y los gritos del pastor. “¡Qué viene el lobo!” y el lobo no vino pero las lluvias produjeron una riada y el rebaño murió ahogado en agua-barro. Qué fácil para los dirigentes de hoy alertarnos de que el terrorismo, los homosexuales, las parejas de hecho, los inmigrantes, la reforma de los estatutos, todo ello son ataques contra nuestra Seguridad Social, nuestras pensiones, la seguridad ciudadana, la integridad de España, nuestras propias vidas, todo es evitable si votamos al PP que tantas veces nos ha salvado, con diferentes nombres, a lo largo de la Historia. Y si lo dice el presidente de la Conferencia Episcopal. Antonio Rouco Varela (solo pensar que puede ser papable me pone la carne de gallina), y le apoya en sus argumentos el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, un genial economista que no ha alcanzado el Nobel de la especialidad pero sí la Alcaldía de Burgos como consuelo, un portavoz que prometió no mentir nunca, que quiso reformar el estatuto valenciano cuando era presidente de esa comunidad y afirma que tocar la Constitución es desmembrar España, Eduardo Zaplana, y algunos ilustres de ese calibre, entonces solo nos queda una solución: ¡cagarnos de miedo! Joder, menos mal que tenemos un rey republicano!

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