EEUU: La obsesión de Aznar
El tropismo que padece José María Aznar con los EE.UU. no le sucede a ningún dirigente de la Unión Europea. Ni siquiera a Silvio Berlusconi que es el más influenciado por los tycoons yanquis. Hasta tiene en Permalat su Enron particular. Ese amor a la bandera hasta en los calzoncillos o los tirantes de Fraga, nos parece a todos una horterada por muy poco buen gusto que tengamos. Para el presidente del gobierno es el apoteosis de esa España con la que soñaba su familia y él cuando escribía en el periódico riojano pidiendo que no se tocase la unidad de España. Estaba contra la Constitución porque para él solo había la España Una, Grande y Libre, vertebrada alrededor de la Democracia Orgánica. España es tan Reino Unido como Gran Bretaña. Se ha formado a partir de un conglomerado de pueblos que, en ningún caso se parecían a los del melting pot estadounidense. Un húngaro y un tailandés que hayan emigrado a EE.UU. no tienen en común más que una bandera, una mano sobre el pecho y la tarta de manzana, para recordarlo. Un astur y un cántabro tienen más en común que un descendiente de irlandés y otro de yoruba. De ahí que no puedan ser iguales las normas supremas que rigen ambos países.
Cuando el PP se escandaliza electoralmente, diciendo que después de que cada Comunidad tenga su Tribunal Supremo donde terminen las casaciones, se instaurarán 17 ejércitos, 17 Guardias Civiles, 17 Haciendas y 17 cuerpos diplomáticos, solo hace una burda caricatura de lo que piden los demás para destrozar la argumentación de la oposición socialista a tres meses de las elecciones. Nadie dice que no habrá un Tribunal Supremo para todo el país sino que se limitará a armonizar criterios para los máximos órganos judiciales de las diversas comunidades. Esto permite que la justicia esté cerca del ciudadano y que se descongestionen los tribunales superiores merced a la ayuda de los autonómicos. Actualmente ¿no tenemos un último tribunal de casación en el de Estrasburgo? ¿Se ha quejado alguien de su existencia? ¿No ha restado competencias a los actuales Tribunales Supremos español, francés o italiano?
Tenemos que acostumbrarnos a que las últimas instancias de los cuatro poderes, no se encuentren en los territorios de cada Estado-Nación. Las líneas generales de la política de defensa, de exterior, de justicia, de sanidad, de educación, de interior, etc…estén o estarán fuera de nuestras fronteras. Los Bancos de España, Francia, Italia, Alemania, etc… han dejado de emitir moneda y sus nuevas funciones se reducen a la vigilancia de la buena marcha de la banca privada de cada país y ser sucursales del Banco Central Europeo. De ahí que el Banco de España esté cerrando sucursales suyas en nuestra geografía, por obsoletas y redundantes. En la tertulia política de María Teresa Campos, la mejor que se produce en las televisiones de España, Cesar Vidal dijo el miércoles 7 de enero que los Estados Unidos tiene un sistema federal pero ello no impide que exista un Tribunal Supremo. Bueno, se olvida dos cosas. En primer lugar, los EE.UU. son, en comparación con Europa, un continente y su Tribunal Supremo se encuentra en Washington y, en ciertos temas, no en todos, está por encima de los Tribunales Supremos de los diversos Estados de la Unión. El FBI solo se ocupa de delitos considerados federales, no de todos los delitos que se cometen en los Estados. Europa se está unificando según criterios parecidos a los que rigen en EE.UU. pero con la complejidad de lenguas, costumbres y tradiciones. No fue fácil la tarea de construcción del país americano pero hoy disponemos de medios para solucionar nuestras peculiaridades con ayuda de la tecnología. ¿Saben que la lengua inglesa fue adoptada en la Constitución de 1776 por un solo voto? De no haber sido ese voto, la lengua oficial de EE.UU., hubiese sido el alemán en vez del inglés. En la Unión Europea, ni siquiera mencionamos una lengua oficial en la constitución porque los modernos sistemas de traducción electrónica y simultánea, no obligan a discutir del tema.
Si a escala europea, Bruselas es donde reside el gobierno de todos, en Estrasburgo se encuentra nuestro Tribunal Supremo. Madrid, como el Banco de España, en materia de Justicia no es la última instancia de casación en la actualidad. Y cuando se adopte la Constitución Europea, que España y Polonia han boicoteado por nacionalismos resabidos y trasnochados, nuestro Ejército actuará donde le mande la superioridad europea. Lo mismo que esa superioridad tendrá la obligación de defender nuestro territorio o el de cualquier miembro si éste es atacado desde el exterior. Ya la Sanidad se reglamenta por normas supra-nacionales y hasta, con la Organización Mundial de la Salud, supra-comunitaria. Las últimas decisiones, por un lado, se toman ya lejos de partidismos, localismos y hasta chovinismos pero, por otro, tanto Gran Bretaña como el Partido Popular quieren no perder soberanía,so pretexto de que las decisiones se sigan tomando cerca del ciudadano.¿Y qué más cerca de los catalanes o de los extremeños, que su propio Tribunal Supremo como última instancia antes de Estrasburgo? Resérvese al Tribunal Supremo español los asuntos que atenten contra la integridad nacional pero no se considere que Barcelona podría ir contra Madrid o Estrasburgo lo mismo que tampoco lo puede hacer ahora nuestro actual Supremo. Esa descentralización de la soberanía que los británicos y la derecha española exigen a Bruselas, casa mal con el rechazo que tienen en el mismo sentido hacia las autonomías españolas. ”Bruselas, usted no se meta más que en lo que nosotros no podamos hacer solos. Respete el principio de subsidiaridad. Explíqueme, señor Aznar ¿por qué, lo que le parece bien con relación a Bruselas, le parece mal que Cataluña se lo pida al Estado Español?
En nuestro admirado EE.UU., por usted y por mi, las reglas son muy sencillas. Hay pena de muerte donde lo decide el legislativo de cada Estado, se prohíbe la sodomía en unos lugares y hasta el bidet, como ya sucedió en California. Un gobernador tiene hasta derecho de indulto a un condenado. Pero no se puede uno saltar las leyes civiles. He vivido personalmente la fallida rebelión del gobernador George Wallace cuando quiso impedir la matricula de la estudiante negra Vivian Malone (11 de julio 1963) en la Universidad de Tuscaloosa, en Alabama. Durante un año he presenciado la luchas por los derechos civiles en el sur de los EE.UU. y, créame señor Aznar, no era broma ver a la policía del Estado de Alabama usar perros entrenados para atacar negros o el Ku-klux-klan plantar cruces gigantescas en llamas para avisarnos de que no éramos bienvenidos como periodistas extranjeros, incluidos como extranjeros los de Nueva York. El mismo gobernador Wallace, plantado en jarras delante de la entrada del rectorado, detuvo con la mano a Vivian Malone, que acompañaba Nicholas Katzenbach, ayudante del Ministro de Justicia de los EE.UU., Robert Kennedy. Yo estaba a tres metros de la escena. Tras la negativa de permitir que la joven negra entrase en el edificio para matricularse, Katzenbach anunció al coronel Lingo, jefe de la Guardia Nacional de Alabama, que estaba con sus hombres detras de Wallace apoyando su postura, que él y sus hombres deberían estar con uniforme del US Army dos horas más tarde, detrás de él y de la muchacha. Quedaban aquellas fuerzas movilizadas por orden del Presidente John F. Kennedy. Sería mediodía cuando Nicholas Katzenbach regresó con la muchacha. Detrás del Attorney General o Ayudante del Ministro de Justicia, el Coronel Lingo y sus hombres, con bayoneta calada, habían cambiado el uniforme azul oscuro de la Guardia de Alabama, por el battle dress caqui del Ejército estadounidense. Wallace decretó que el Estado Libre de Alabama se retiraba ante el abuso de la fuerza tiránica del gobierno de Washington, y cedió el paso, con un gesto de la mano, a la muchacha, Katzenbach y el Coronel Lingo y sus hombres. Todo gestos, pero cierta firmeza por parte del gobierno central en cuanto a lo que se considera derechos civiles de todos los ciudadanos. Algo que George W.Bush está cercenando.
El rey lo ha dicho:”Hablando se entiende la gente”, y ha sido un terrible separatista republicano, Ernest Benach, el que ha llevado la palabra real a la calle. Será poco protocolario pero ha hecho un favor a un monarca cuya voz, el señor Aznar intenta ahogar constantemente. ¿Ir a Cuba en el centenario de su independencia?….¡No toca!” ¿Nadie explicó a José María Aznar, en 1998, que en Iberoamérica, España no reconoce gobiernos sino pueblos? Bofetada gratuita al pueblo cubano por querer zaherir a Fidel Castro. Ibarretxe propone un plan. ¿Dónde está la imposibilidad de recibir al presidente de una importante comunidad y discutir el tema con él? ¿Ganas de borrar el nacionalismo vasco del abuelo Aznar? Gracias Señor, por decir que hablando se entiende la gente. ¡Empezábamos a olvidarlo! .



