6 Febrero 2004

Señor Arenas: Yo soy terrorista

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 21:29

Si hablar con un terrorista es ser terrorista, Señor Arenas, puede ya empezar a considerarme como tal. Figúrese que en 1959 entrevisté a Abdel Krim, responsable de la muerte de 10.000 españoles, en 1921, en Anual. He entrevistado a muchos que han sido considerados terroristas por sus adversarios del momento. Fidel Castro era un terrorista para las autoridades colombianas cuando participó en el Bogotazo o cuando se sublevó contra el dictador Batista. Pues en 1957, rodeado por 12.000 soldados en Sierra Maestra, logré colarme y entrevistar a los terroristas Fidel y Raúl Castro y Ernesto Ché Guevara. He entrevistado a Kamal Jumblat en 1958 en Beirut, a Gamal Abdel Nasser, terrorista para las fuerzas del rey Faruk y así un largo etcétera de manos ensangrentadas, palestinas, judías. Al terrorista griego que quiso imitar a los etarras que mataron a Carrero Blanco y solo consiguió quitar la vida al motorista que cerraba la comitiva del coronel Patazos, entre Atenas y Tatoï. Bueno ¿Y qué? El señor Arenas considera oportuno que sus correligionarios de otros países europeos condenen todo contacto con alguien que sea considerado terrorista. No se comprende como José María Aznar ha podido estrechar la mano de Muamar al Gaddafi y aceptar el regalo de un pura sangre árabe, cuando el líder libio ha reconocido su responsabilidad en la muertes de centenares de pasajeros inocentes en el atentado de Lockerbie y en el derribo del vuelo de la UTA procedente de Chad.

El señor Carod Rovira, se ha entrevistado con dirigentes de ETA. Grave error estratégico para el Tripartito recién formado que ha servido de rampa de lanzamiento para los ataques al PSOE en plena campaña electoral pero ¿Ha cometido algún crimen? ¿Tiene las manos manchadas de sangre? Se le atribuye negociar una tregua solo para Cataluña pero ¿cómo lo sabe el gobierno? ¡Cuando va a presentar las pruebas correspondientes? ETA ya ha declarado que la reunión tuvo lugar pero que no se llegó a ningún acuerdo. Todo lo más se puede acusar a Josep Lluis Carod Rovira de ingenuo bienintencionado pero no de terrorista. Todos los demás partidos se han hartado de entrevistarse con dirigentes de ETA, desde Argel con los socialistas hasta los encuentros del PP con Monseñor Uriarte, Francisco Javier Zarzalejos y el señor Fluxá. Yo no he entrevistado nunca a ningún etarra porque he trabajado en internacional toda mi vida y el problema vasco era, por definición, tema de nacional. Pero si he visto entrevistas de algunos dirigentes de la banda en televisiones francesas y alemanas y eran patéticos. Si yo hubiese tenido responsabilidades de gobierno en Madrid, les habría ofrecido las cámaras de TVE en hora punta para mostrar al pueblo vasco quienes eran, como eran y qué futuro auguraban para la hipotética independencia. Eran unos berzas como se dice por Donosti, que querían construir en el País Vasco una especie de Mónaco pero sin los niños de Rainiero. Considero terroristas y palurdos a los etarras porque pueden expresar todos sus proyectos independentistas sin que nadie les persiga por ello. No son patriotas luchando contra un ejército de ocupación. Otra cosa es matar, con esas libertades a su disposición.

En el mayo de 1968, Europa se estremeció ante el movimiento de los estudiantes de Paris, uno de los más hermosos de la Historia. ¡Sed razonables, pedid lo imposible! Debajo de los adoquines está la playa ¡La imaginación al Poder! Uno de sus líderes fue el franco-alemán, y hoy eurodiputado, Cohn Bendit. Inmediatamente después del fracaso de aquel movimiento, Bendit fue invitado por la muy progresista London School of Economics (LSE). Nada más llegar a Heathrow, el hombre fue secuestrado por la BBC que lo llevó a sus estudios y realizó en directo una demoledora entrevista que los organizadores estudiantiles de la LSE creyeron a priori beneficiosa para la Conferencia del día siguiente. El acto con el agitador revolucionario no tuvo el público esperado. Fue un fracaso. Los estudiantes británicos se dieron cuenta de que Cohn Bendit aparecía con dialéctica inconsistente en la entrevista de la BBC e ignoraron su presencia en la Universidad. Claro que para haber tendido semejante trampa al líder del Mayo 68 hay que tener la inteligencia de una televisión como la BBC y un gobierno como el británico.

El PP ha realizado una tarea excelente en la lucha contra ETA, ayudados por un hombre como Baltasar Garzón al que le impidieron que juzgase a Augusto Pinochet, el Drácula de capa gris que seguía el féretro de Francisco Franco, su modelo. Sin embargo, en su afán de mostrar el agradecimiento a EE.UU. y justificar de paso nuestra incondicional sumisión a quien destruyó nuestra flota en la Bahía de Santiago y remató la faena en Cavite, José María Aznar declara en todas partes que hasta el 11-S hemos luchado solos contra el terrorismo. Eso le sienta a Francia como una puñalada en la espalda. Los españoles quisiéramos saber cuantos etarras nos ha entregado EE.UU. antes y después del atentado de las Torres Gemelas. En su desesperado intento por obtener la medalla de oro del Congreso, nuestro insigne atleta va incluso a decir que en Europa somos una potencia. Me recuerda al Alcoyano porque según mis datos, Reino Unido, Francia, Alemania e Italia están por delante de nosotros en poder económico y de decisión y cualquiera que se considere potencia dentro de la UE tiene, por lo menos, que no mendigar ayuda (como reprochaba Aznar a González mientras este se batía por los fondos que han transformado España). Veamos ahora las reuniones tripartitas entre Blair, Chirac y Schröder en las que se dejan fuera al payaso de Roma y al inefable inquilino de la Moncloa.

Más vínculo Atlántico que Londres no tendrá nunca Madrid. Lo mismo sucede con los ingleses que nunca nos desplazarán de América Latina gracias a nuestro idioma, la sangre y nuestra concepción alegre de ver la vida. Poco seria, según Aznar. El coro de aduladores de esta profesión ha aplaudido como nuestro, de los españoles, el que José María Aznar sea recibido en una sesión conjunta de las dos cámaras en las que solo asistía el 8 por ciento de los congresistas. El resto se llenó de familiares, amigos y colegiales de uniforme que realizaban una visita al templo de su soberanía, más todo lo que el embajador Ruperez pudo recoger en la misma calle. Anson omite mencionar que lo que nos mostraban las imágenes de la televisión eran claque organizada de muchos que no sabían siquiera quien era aquel señor pequeñito entre los gigantes senadores y representantes de los Estados Unidos. Allí, delante de la inmensa bandera de las barras y estrellas, Ánsar dio las explicaciones que le niega al pueblo español que lo eligió. La elección de bandera a sus espaldas demuestra el servilismo más repugnante que político español haya profesado hacia una potencia extranjera despreciando al 90% de sus conciudadanos que dijero NO A LA GUERRA. El discurso estaba fabricado para halagar los oídos de los norteamericanos. Siguió con la carraca de su obsesión por confundir todo con el terrorismo. Ya que está, debería declarar que la violencia de género es terrorismo y poner el remedio que rechazaron los de su partido hace un año en el Parlamento Español. Tampoco estaría mal que se pronunciase sobre la vergonzosa aseveración de la Conferencia Episcopal de que ese violencia se da más en parejas de hecho y desde que surgió la Revolución Sexual. Como dice el político de izquierdas Nicolás Sartorius, no saben lo que es la revolución y mucho menos lo que es el sexo. De todos modos, es una lástima que 11 españoles hayan muerto en Irak para que a un señor le pongan una medalla de oro en la solapa.

En 1976, en circunstancias bien difíciles, el rey Juan Carlos I acudió a ese mismo congreso, ese sí, abarrotado de congresistas para, en perfecto inglés, pedir ayuda al pueblo estadounidense en la transición de España hacia la democracia. Durante la larga noche del golpe del 23-F de 1981,cinco años despues de la petición de apoyo de Juan Carlos I en el Congreso de los EE.UU., el general Alexander Haig, entonces secretario de Estado del Republicano presidente Reagan, tuvo la gentileza de decir que aquello era un asunto interno de los españoles y que EE.UU. no tenía por qué pronunciarse sobre el asalto de Tejero a nuestro Congreso. Que lo recuerden los jóvenes. Unos años antes, el rey no había dicho mentiras en aquel hemiciclo del Capitolio de Washington cuando rompió lo que Franco había dejado atado y bien atado y mantuvo sus promesas de devolver la soberanía al pueblo español y ser el rey de todos los españoles. El calor con el que siempre saludó a Santiago Carrillo nunca gustó demasiado a la derecha, española o estadounidense.

¡Qué diferencia de objetivos, de respeto a la voluntad del pueblo español y de señorío!

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