10 Febrero 2004

¡Adiós, tetas, adiós!

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 21:31

Parece un titular jocoso pero hace años que la revolución sexual de los 60 se está convirtiendo en una involución conservadora cada vez más asfixiante. Hugh Hefner sacó su Playboy en 1953 con la intención de que entrase aire fresco en la sociedad estadounidense. Y desde los años 60, hasta hace una década, las sociedades occidentales se fueron liberando de una serie de tabúes que durante siglos, prácticamente desde la Grecia de Praxíteles, habían estado dominando la moral medieval de la Iglesia. Y no era Roma la peor sino el protestantismo más rancio que en nada difería del catolicismo más retrógrada. La liberación del cuerpo y el reconocimiento de la importancia de nuestra sexualidad, claramente diferenciada de nuestra función reproductora, han modelado el mundo actual pero siempre, agazapados, de negro, inquisidores de cualquier religión, han querido castrar unas sociedades que se escapaban de su control. No se trata de decir que el sujetador es una antigualla innecesaria. Si las estudiantes norteamericanas se los quitaron y los lanzaron al aire, fue en señal de libertad en todos los sentidos. Era un gesto simbólico. La píldora anticonceptiva había propiciado que la mujer fuese cada vez más dueña de su cuerpo y, el aumento de las que no dependían económicamente de los hombres, aumentaba esa libertad. Es razonable oponer a la Iglesia que si la mujer no tiene, como la mayoría de las especies, períodos anuales de deseo sexual sino que los puede tener en cualquier momento, es que reproducción y sexualidad son dos actividades compatibles pero diferenciadas. También se puede decir que si no se debe impedir la vida, los que mejor pretenden poner barreras a esta son curas y monjas con votos de castidad. Casarse o no casarse es una opción pero no solo para los sacerdotes y monjas sino para cualquier ser humano. Lo que sucede es que el llamado sacramento del matrimonio sirve de control a una jerarquía eclesiástica que ha ahogado las libertades de los fieles desde que se recuerda.

Hace una década, en Florida, un niño de 6 años fue demandado por los padres de una niña de la misma edad a la que el primero había besado en la mejilla. “Acoso sexual”, alegaron los padres de la jovencita. Un gesto de ternura propio de la infancia, en un país que se dice orgullosamente violento, era castigado por unos jueces vestidos de negro con un acusado aterrado por las consecuencias de su gesto. Y la sociedad tan tranquila sin ver que estaba socavando los principios más elementales de la convivencia entre géneros. Un gesto de ternura en los colegios americanos se convertía en un riesgo de cárcel por indecente conducta. A niveles adultos se comprende que no se toleren insinuaciones sexuales de un hombre sobre una mujer cuando ella no acepta los avances del caballero. Incluso se tipifica la violación dentro del matrimonio como un acto punible. Pero marcar a un niño de 6 años por conducta inadecuada ante una señorita de la misma edad parece una aberración.

Si he sacado a colación este hecho es porque frente a un integrismo islámico que combaten hasta los propios musulmanes, se está desarrollando un integrismo cristiano no menos peligroso. La involución se está imponiendo rápidamente a los valores de libertad que brillaron en los 60. Hasta el Segundo Concilio Vaticano de Juan XXIII sacó a relucir un cristianismo de rostro humano en el que cabía hasta el ecumenismo de todas las religiones y no solo de las facciones cristianas. Pero también los tiempos de la Teología de la Liberación fueron ahogados con el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, en detrimento de la inteligente y progresista actitud de los jesuitas. De la persuasión por el razonamiento y la fe se ha pasado a la imposición de formas autocráticas de imponerse en una sociedad constitucionalmente laica. So pretexto de que España se forjó alrededor del Cristianismo, con la cruz y con la espada, expulsamos de nuestro país a unos españoles de religión musulmana o judía, lo que yo siempre he llamado la Hispanidad Olvidada. En 1939, medio millón de españoles tomaron el camino del exilio por pertenecer a la anti-España inventada por el fascismo y que fue impuesto a quienes no defendiesen la definición repulsiva de la intolerancia trentina. Ofender a la tele-audiencia con una docena de muertes violentas por hora es algo que revigoriza las neuronas y las partes testiculares. Enseñar la más o menos perfecta redondez de una teta es algo propio de degenerados. Si antes cualquier civilizado o no se enternecía con una madre amamantando a su hijo, hoy es preciso tapar ese pecho para no levantar concupiscencia en los hombres. Mientras unas señoras mayores, por una buena causa, se despelotan para un calendario, la censura norteamericana cae sobre cualquier acontecimiento donde se puede enseñar o decir algo que no sea moral o políticamente correcto. El derecho de expresión garantizado por la primera enmienda de los EE.UU. queda así maltratado mientras unos presos se pudren en Guantánamo sin saber de qué se les acusa. Las libertades de los años sesenta –y no me refiero solo a la sexual, sino a las de la minoría negra de EE.UU.—que se lograron con el demócrata Kennedy, están siendo pateadas, cercioradas por los republicanos. Es curioso ver como los demócratas no solo han protegido, ampliado y garantizado las libertades de que disfrutaban los Estados Unidos sino que por haber participado personalmente en guerras, fueron firmes pero precavidos antes de lanzar a sus compatriotas y al mundo en aventuras bélicas. Los hijos de papá, como George W.Bush, que de la guerra solo han visto las películas mientras sus coetáneos morían en Vietnam, adoren vestirse de piloto de caza como un niño se disfraza de Terminador. Por lo menos su rival de noviembre próximo, Kerry, sí es un ex combatiente de aquella guerra que marcó a sangre y fuego a los americanos.

En España seguimos todo lo que hace Bush, menos el déficit de 540.000 millones de dólares que ha tenido en 2003 y que no tiene más solución, según los republicanos, que disminuir los impuestos del 1% de la población más rica, reducir los presupuestos de salud y educación, incrementar el gasto militar e imponer una moral calvinista de la que nadie quiere ya. Pero al ver nuestra Conferencia Episcopal hablar de la relajación de nuestras costumbres sexuales y achacarles la responsabilidad de los malos tratos a las mujeres, nos damos cuenta de la audacia de estas fuerzas inquisitoriales que persisten en nuestro país a pesar de haber sido abolido el Santo Oficio por un asqueroso francés llamado José Bonaparte. ¡Más religión en los colegios y que puntúe, eso es lo que necesita España para volver a ser la de Felipe II! José María Aznar quiere que nuestro país sea un país serio. A él solo le alegra la vista El Escorial. Si ya teníamos en España mucho y mucha mal follado/a, mucho agriado/a, ahora vamos a cultivarlos con la ayuda de los especimenes de Atapuerca que abundan en la Conferencia Episcopal y en nuestra enseñanza religiosa. Y claro, los conventos cerrando por falta de vocaciones. Por mi parte grito, con Javier Sardá, un enérgico ¡Viva las tetas! ¡Las tetas al Poder!

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