Sólo Aznar lo veía venir
EE.UU. no tiene alianzas permanentes, solo intereses permanentes. La frase se le atribuye a Henry Kissinger y viene a servir de hilo conductor de la política exterior de Washington. Esta verdad no la tuvo en cuenta José María Aznar cuando se embarcó rumbo a las Azores. Pensó que con aquel gesto se desmarcaba del eje franco-alemán que constituye el motor de la construcción europea. Con aquella llamada de Colin Powell a Mohamed VI, que resolvía la crisis del peñón de Perejil (Leila para los marroquíes), el presidente del gobierno español había vendido su alma al Imperator tejano. ¡Qué barato le había salido a la Casa Blanca buscarse un factótum que, teniendo asiento temporal con voto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, pudiese además influir en países hermanos como Chile y México para que votasen una resolución que sería, de hecho, una Declaración de Guerra a Irak! Ninguno de los dos países atendió la petición de Aznar y este demostró que el peso que le atribuía George W.Bush en el concierto iberoamericano, no era el que había supuesto Condoleeza Rice. Ahí se empezaron a ver los mimbres del PP en materia de política exterior. Los dirigentes de Iberoamérica están más pendientes, hoy en día, de la opinión de sus conciudadanos que José María Aznar de los suyos. Y aparecieron carteles en México con Gachupines, ¡fuera!, algo que no se escuchaba desde tiempo inmemorial.
Creer que lo decente es ponerse al lado de un matón como Bush y que con ello se saca a España de un rincón de la Historia, donde José María Aznar nos creía ubicados, es demostrar una notable incultura en materia de política internacional. Decir que había que poner a España en primera fila de la escena internacional retrocediendo a Fernando de Aragón e Isabel de Castilla es, cuando menos, peregrino. Aznar –no culpo al PP en su conjunto ni a quienes les apoyan—nos retrotrae a unos tiempos en que se forjaba la unidad de España alrededor de un cristianismo excluyente. ¡Y él es que acusa a los nacionalismos vasco, catalán y gallego de ser excluyentes!
Si Aznar consideraba que salirse de la influencia franco-alemana, es decir, no tomar de Europa más que lo que pudiese sernos útil y apoyar un atlantismo pro-americano, debería haber pensado que Washington y Londres seguirían las mismas pautas de pensamiento. Su admiración por Margaret Thatcher, es harto conocida. Para Aznar, España debería aportar al Zar tejano el peso de nuestra lengua e influencia en lo que EE.UU. consideran su patio trasero y del que nos expulsaron por la fuerza hace 105 años. También pensaba el presidente del gobierno español que esa alianza ofrecería a nuestro país un peso mayor en la Unión Europea y le daría en las narices a los franchutes. Ha llegado a decir que hasta el 11-S… ¡habíamos luchado solos contra el terrorismo etarra! La cooperación francesa anterior al atentado de las Torres Gemelas era inexistente, según el Oráculo de Quintanilla de Onésimo. Ha sido insulto sobre insulto contra un país que nos ha ayudado a establecer nuestra democracia durante la transición. El discurso de Aznar en el Capitolio de Washington, ante un público amañado que arropaba a los pocos senadores y Representantes que acudieron a escucharle, el líder de la nueva Europa despotricó todo lo que pudo contra Francia y Alemania. Esa osadía de los pequeños suele aportar malas consecuencias. Para empezar, Blair, acosado por sus mentiras como no lo será Aznar en España gracias a la mayoría absoluta de la que disfruta, ha rectificado rápidamente su conducta y se ha reunido con Chirac y Schröder para diseñar la nueva Defensa de la UE. Es lógico que entre países serios se acaben entendiendo aunque hayan tenido sus diferencias en un momento dado. Y no solo se han reunido en ese primer desayuno sino que lo han hecho varias veces más para hablar también de una Constitución que José María Aznar quiere modificar tanto el nuevo reparto de votos propuestos como imponer el reconocimiento de los principios cristianos que constituyen la esencia de Europa. Dudo mucho que, con lo simpática que resultaba España en Niza, ahora se nos ofrezca tener un peso de 27 a 29 en comparación con Alemania que nos dobla la población y ofrece un PIB muy superior al nuestro. Por otro lado, el laicismo francés se está imponiendo con el asunto del velo y el apoyo germano al ingreso de Turquía, un país mayoritariamente musulmán.
La guinda la acaba de poner George W.Bush al recibir a Gerhard Schröder en Washington. No lo ha invitado a su rancho (circunstancia que han aireado los corifeos del PP para recalcar la diferencia de grado en la amistad del americano con Tony Blair y José María Aznar). Pero ha dicho del visitante alemán: ”El canciller tiene un buen sentido del humor y por ello consigue hacerme reír. Alguien que me hace reír es una persona con la que es fácil estar. Una persona con la que es fácil estar es siempre alguien amigo”. ¡Y el líder del PP que quería que dejásemos de ser un país simpático para convertirnos en un país serio! De una Andalucía con gracia teníamos que convertirnos en la peor Castilla, la enlutada de la Inquisición. Lo de Bush y Schröder le ha cogido con el paso cambiado. Las alianzas tradicionales se han reconstituido en cuando Bush y Blair han visto las orejas al lobo en sus respectivas encuestas de opinión. Irak les pasa factura, Aznar se la pasa a Rajoy. Alemania, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos han sido protagonistas de dos guerras mundiales y por ello no les cuesta nada entenderse. España e Italia han tenido sendos papeles de figurantes. Los enfados de los grandes no duran tanto que puedan hacer peligrar su cohesión de club cerrado. Mandar cartas airadas en nombre de los seis virtuosos (España, Italia, Polonia, Portugal, Holanda y Estonia) reclamando a Francia y Alemania respeto al Pacto de Estabilidad es cualquier cosa menos serio. Y cuando dije hace unos días que Aznar está desheredando a Rajoy no voy por mal camino. ¿Qué va a hacer Mariano Rajoy para recomponer el jarrón de la abuela que antes de marcharse José María ha hecho añicos? ¿Le hará gracia a John Kerry, el casi seguro presidente a partir de enero 2005? ¿Conseguirá arrebatar a los polacos la parte de los fondos de cohesión que nos va a quitar Varsovia? Le espera un buen programa de reconstrucción, no de Irak sino de nuestra política exterior.




