Clase y estilo
Los resultados de las elecciones generales no han sido consecuencia inmediata de la matanza de Atocha sino un cúmulo de errores por parte de un PP ensoberbecido desde que lograra la mayoría absoluta en 2000. José María Aznar había gobernado razonablemente bien en su primer mandato durante el que pactó con todo lo pactable, desde el PNV a Convergencia i Unió pasando por Coalición Canaria. El compromiso dulcifica aristas, exige escuchar al otro y permite avanzar dentro de un orden consensuado. Los últimos cuatro años, Aznar se hizo amigo de personajes poco recomendables. No hablo solo de Silvio Berlusconi sino de George W.Bush que alcanzó fraudulentamente la Casa Blanca con la ayuda inapreciable de su hermano JEB, el gobernador de Florida, y de un Tony Blair que apareció como un meteorito en el escenario mundial con su creíble y atractiva Tercera Vía pero que se salió de la órbita de la sensatez.
El desprecio mostrado por José María Aznar hacia quienes no compartían sus ideas, su altanería ante presidentes de Autonomías debidamente autentificados por las urnas, la creencia de que la Verdad Absoluta se corresponde con la Mayoría Absoluta, habían convertido a Aznar (y todos los que le rodeaban) en
señoritos cortijeros con derecho de pernada. Quien no haya visto como los movimientos de brazo y hombro de Aznar al caminar frente a las cámaras, se fueron achulando, empezaron a tomar aires de matador en pleno paseíllo, no habrán observado como su carácter se agriaba y desprendía soberbia por todos lados. Elegir el Escorial para la boda de su hija Ana, hizo reír a un pueblo acostumbrado a distinguir la horterada de la clase y el estilo. Los madrileños nos distinguimos por ser los españoles que menos se creen ser madrileños. Nuestro orgullo autonómico es hacer que todo el que llega a este rompeolas de las Españas, se sienta madrileño desde el momento de poner los pies en esta su casa. Nadie nos puede decir que no nos opusimos al absolutismo con nuestros comuneros. Defendimos nuestros fueros cuando nadie lo hacía en el resto de la península. Aguantamos el embate napoleónico y desde Móstoles partió la declaración de guerra a Bonaparte. Aguantamos 3 años de sitio franquista, con bombardeos tan horribles como pudieron ser los de Guernica o Barcelona. Nada de eso tiene importancia. Se hace y punto. Eso es clase. El señor Aznar, nieto de un distinguido miembro del PNV, adversario acérrimo de la Constitución de 1978, se convirtió en el único propietario de esa Constitución, en el dueño de la bandera española (ha hecho lo que el PNV que convirtió el emblema de su partido en símbolo de todos los vascos). No se ha querido retirar a Yuste porque es muy modesto. Se quejaba del mal influjo de Felipe González sobre sus sucesores y resulta que ha colaborado como nadie a la derrota estrepitosa de Mariano Rajoy obligándole a que abandonase su carácter apacible y sereno y adoptase el agrio y chulesco tono de Aznar. Es mi opinión de que Rajoy merece liderar al PP en la travesía del desierto que se inicia y darle ese aire de derecha civilizada y abierta a los nuevos tiempos. Alguien que empiece a distinguir entre unos terrorismos y otros, por ejemplo.
Muchos votantes del PP culpan al atentado de la derrota. No cabe la menor duda de que tienen razón pero esta tormenta de fuego y hierro cayó sobre la población trabajadora de Madrid cuando empezaba el día 11 de Marzo, como consecuencia de una alianza militar que se había alineado contra el pueblo iraquí so pretexto de prevenir ataques con armas de destrucción masiva (ADM). Para ello, José María Aznar no se encomendó ni a Dios ni al Diablo y siguió ciegamente a George W.Bush contra la voluntad de más del 90% de la población española tradicionalmente amiga de los árabes. Desde el primer momento, fuimos muchos los que alertábamos de dos peligros importantes: el primero era destrozar el derecho internacional (en cuyos orígenes tanto tuvo que ver nuestro país) con la teoría de las guerras preventivas. El segundo que sufriésemos las lógicas represalias bien contra nuestras tropas estacionadas en Diwaniya o contra nuestra población bajo forma de atentados. Aznar debió pensar en ello cuando nos lanzó, a los que así pensábamos, que estábamos deseando que volviesen a casa ataúdes para rentabilizar electoralmente nuestros muertos. No pertenezco a ningún partido ni a ningún equipo de fútbol. Soy solo un viejo periodista con larga experiencia en Oriente Próximo, y lejos de mí el alegrarme de la muerte de nadie, sea o no español, sea judío o musulmán. Si se repasan mis artículos (están todos aquí, al alcance del lector) desde enero de 2003, se verá que temer represalias no significa desearlas y mucho menos provocarlas con nuestras palabras. La responsabilidad directa del atentado es la decisión de Aznar de sumarse a la cruzada de un fundamentalista cristiano como George W.Bush que, malinterpretando la teoría del profesor de Harvard, Samuel P.Huntington, considera que existe un choque de civilizaciones. Es tan original como la del analista político del Departamento de Estado, Fracis Fukuyama anunciando el fin de la Historia tras la caída del muro de Berlín. Estados Unidos nos ofrece muchas cosas buenas pero algunos de sus pensadores se les atragantan a los políticos conservadores europeos.
Los primeros gestos de José Luis Rodríguez Zapatero tras su victoria, han denotado un nuevo estilo, un talante, una recomendación a sus votantes para que miden la intensidad de su alegría. La mano tendida para todas las formaciones políticas y su deseo de luchar contra el terrorismo, después de un minuto de silencio por las victimas, ha gustado incluso a quienes no le votaron. La intervención autoritaria de Rajoy (otro hombre generalmente tranquilo) protestando por la coacción que suponía manifestarse en día de reflexión ante la sede de un partido para que dimitiese el gobierno, contrasta con la increíble coacción que supone que el mismo sábado, sin tenerlo programado, TVE ofreciese inesperadamente la película Asesinato en Febrero que relata el de Fernando Buesa a manos de ETA. Si eso no es coaccionar con medio público de comunicación pagado por todos los españoles, que diga el PP qué considera coacción.
Quiero decir al nuevo gobierno y al Partido Socialista Obrero Español que seguiré criticando cuando vea que se hacen mal las cosas. No debo ni he debido, ni antes, ni ahora, ni despues, ningún favor a quienes han dirigido los destinos de mi país. Reivindico la palabra España para todos los que habitamos la piel de toro pero también pido a la derecha, que se reponga de su derrota y se prepare para dentro de 4 años, empezando por devolvernos la bandera constitucional que han secuestrado junto con la Carta Magna y el patriotismo. Han muerto muchos más españoles, defendiendo esos valores comunes, que los que haya proporcionado ese fragmento del espectro político de nuestro país que los acapara.



