La soledad del perdedor
Desde la proclamación de los resultados de las elecciones, la noche del 14 M, cualquiera que haya escudriñado los rostros de los protagonistas nacionales e internacionales y haya leído los comentarios que se han escrito sobre el cambio político en medios de ambos lados del Atlántico, ha podido constatar en primer lugar una mutación radical en el rostro y la forma de moverse del ex-presidente Aznar. Es como si le hubiesen caído años encima de sus hombros. La sonrisa ligeramente jovial se ha vuelto agria. Han aparecido arrugas y cierto cansancio en la voz como quien ha repetido demasiadas veces la misma cosa y lo hace ahora sin convicción. Es comprensible. A unos les da por considerarse injustamente tratados por el destino y a otros por hacerse unas fotos digitales donde se le ve en el Despacho Oval buscando bajo la alfombra y la mesa de trabajo las armas de destrucción masiva. Es tan original y tiene tanta personalidad George W.Bush que ha querido copiar el video de Bill Clinton cuando se quedó solo en la Casa Blanca haciendo la colada.
La mano flácida de José María Aznar, levantada por Mariano Rajoy con más deseo de animar a su jefe que de corresponder al griterío de la calle Génova, parecía la de un muñeco del ventrílocuo Moreno. Estaba sonado como un boxeador que aún no ha comprendido que le han noqueado. La llegada de dignatarios para el funeral de Estado ha permitido escenificar una “última cena” a los Blair en la Moncloa, un encuentro al día siguiente con Tony, otro con Colin Powell y finalmente con el Primer Ministro polaco Leszek Miller. Por contraste, Rodríguez Zapatero fue asaltado por los dirigentes europeos más importantes ( incluidos Tony Blair y su homónimo polaco), Colin Powell, que prometió estudiar la solución de la ONU que Zapatero había sugerido para dejar nuestras tropas en Irak. Mientras esperaba Powell, Rodríguez Zapatero reía con Chirac. Más tarde haría lo mismo con Schröder. Los dos hombres fuertes de la Unión Europea estaban felices por el regreso de España al núcleo central de la construcción política de nuestro continente. Estaban exultantes quienes fueron repetidamente agraviados por José María Aznar desde que redactara la Carta de los seis que dividió la UE, los veteranos políticos que aguantaron un arrogante Presidente de Gobierno español que no había cesado de ridiculizar las economías de los dos países fundadores más importante de la Comunidad Europea, la misma que quiere desbaratar George W.Bush porque no admite un contrapeso a la hegemonía estadounidense. Los que nos brindan un 1% de nuestro cacareado crecimiento. En las Azores hubo cuatro personajes dignos de figurar en un juego de cartas estilo baasista: Bush, Blair, su inquebrantable y tradicional primo carnal, Aznar que encontraba la oportunidad de elevarse a los salones de la aristocracia del poder internacional, y el anfitrión José Manuel Durao Barroso de Portugal. En la sombra, importantes aliados como Silvio Berlusconi que en la primera conferencia semestral irlandesa, ha intentado mitigar la pesadumbre que embargaba a Aznar enfrascado en sus papeles porque nadie tenía ganas de hablar con él. La reunión ha sido gélida para este segundo representante del Emperador en Europa. La vía libre para la Constitución europea queda expedita al desaparecer un presidente de gobierno español empeñado en situar en el frontispicio de la misma las raíces cristianas de nuestro continente (ha sido el primero en no hacer caso a las condenas de la guerra por parte del Papa junto a su colega polaco) y pretender tener 27 votos para España cuando Alemania tiene 29. El pedigüeño señor Aznar olvidaba cuando acusaba con este adjetivo al señor González que estaba reclamando y consiguiendo los fondos comunitarios para el desarrollo de nuestro país.
Antes de tomar posesión, José Luis Rodríguez Zapatero, ZP, ya ha conseguido un record de atención internacional que tanto ansiaba Aznar para nuestro país y que ha conseguido realmente el aspirante a Presidente del Gobierno. El sí ha sacudido la apatía que arrastraba la política internacional desde que tres país optasen por la guerra preventiva en Irak después del 9-S y la anterior invasión de Afganistán bendecida por las Naciones Unidas y la OTAN. La prepotencia y el deseo de repartir entre menos, empujó a los tres de las Azores a una guerra ilegal contra Sadam Huseín. En ningún momento mencionaron a la población iraquí, las victimas chiíes o la falta de democracia que sostenía el partido Baas. Solo se hablaba de armas ADM y de lazos con Al Qaeda y Bin Laden. La sensatez de la mayoría de los europeos no quiso participar en una guerra ilegal y sus dirigentes se pusieron al lado de sus pueblos. Bush, Blair y Aznar la apoyaron con más énfasis que el propio Bush que ahora busca desesperadamente que la denostada y vilipendiada ONU logre una resolución que permita a Zapatero mantener las tropas españolas en Diwaniya.
La victoria electoral de los socialistas, tres días después del atentado de la Estación de Atocha, ha sido un mazazo para el PP que estaba convencido que perdían la mayoría absoluta pero seguían manteniendo la relativa. Las encuestas acercaban las dos formaciones en la intención de voto y un alto porcentaje deseaba el cambio de signo del gobierno. Normalmente, en víspera de elecciones y con la llegada inesperada de un desastre natural o provocado, los ciudadanos se agrupan alrededor del gobierno ya establecido. La actitud es lógica, habida cuenta de que los resortes disponibles para paliar el desastre están en manos del partido gobernante. En tiempos de zozobra no realizar mudanzas decía Santa Teresa y eso es lo que instintivamente piensan las masas. Pues bien, la ciudadanía se volcó con los socialistas y los llevaron al triunfo pese al dolor sembrado por los terroristas islamistas en hora punta y en un transporte de cercanías repleto de gente humilde y emigrantes. Por mucho que se esfuerce ahora el PP en decir lo contrario, el desfase en dar noticias sobre el atentado en relación a lo que ya se sabía en el extranjero, daba la sensación de manipulación de los tiempos por parte del gobierno. Las manifestaciones no pedían que se votase el PSOE sino que se supiese quien era antes de votar.
La prensa internacional ha reconocido que el gobierno retuvo información con la esperanza de alcanzar la hora del escrutinio antes de decir que eran extremistas musulmanes de la red Al Qaeda los responsables de dos centenares de muertos y un millar y medio de heridos. El PP sostiene que dijeron siempre la verdad, y es posible que así sea, pero la dijeron cuando la presión internacional les obligaba a ello. Había servicios de Inteligencia de otros países que apostaban por la carta islamista y no por ETA. El comunicado de esta negando su autoría era en sí un caso único en 30 años de lucha contra el gobierno central. No se creyó la declaración de inocencia cuando siempre se habían tomado en serio las amenazas o los avisos de bomba realizados por los etarras. No fue así cuando ETA confirmó el encuentro con Carod Rovira. La insistencia personal de Aznar por informar a los directores de periódicos de Madrid y Barcelona, la de Ana Palacio por insistir con todas nuestras embajadas para que defendiesen la tesis de ETA, las explicaciones de Timmermans, consejero de Medios de Comulación de la Moncloa, a corresponsales extranjeros, algunos establecidos en España desde hace 16 años, todo ello demuestra un ansia desmesurada por responsabilizar a ETA. Teniendo la mayoría de los medios de comunicación afines al gobierno, pretender que el grupo PRISA y Polanco han derrotado al PP en las elecciones con repulsiva manipulación, es una solemne sandez. Los que me leen con asiduidad saben que escribí al día siguiente del atentado que si era ETA la responsable, ganaba el PP, y si era Al Qaeda ganaba el PSOE Cualquiera podía llegar a esa conclusión. El hombre que más ha puesto contra las cuerdas a ETA, José María Aznar, no iba a perder unas elecciones cuando más se necesitaba su liderazgo contra la banda terrorista. Si, por el contrario, los islamistas eran los autores de la matanza, el hombre que nos metió en la guerra de Irak, iba a pagar los platos rotos. Aznar sostiene que antes de comprometerse con la guerra de Irak, los islamistas habían causado muertes españolas en el atentado indiscriminado de Casablanca. Bueno, la Casa de España no es solo un restaurante sino un símbolo de la presencia española en esa ciudad marroquí. Otra bomba estalló en una sinagoga y la tercera los islamistas se equivocaron porque el Consulado de EE.UU. ya no estaba en el piso atacado sino que era Bélgica quien lo ocupaba. De indiscriminado….Nada!




