12 Abril 2004

Sólo para el presidente

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 23:16

El 6 de agosto de 2001, el Presidente Bush recibía un informe en su rancho de Crawford, avisando que Osama bin Laden estaba preparando un ataque dentro de los Estados Unidos y que se realizarían secuestros de aviones. Según Condoleezza Rice, el documento no indicaba ni donde ni cuando se iba a producir dicho ataque. Causa sorpresa el que, para actuar en un caso así, sea necesario que los servicios secretos digan el día y la hora en que se producirá el atentado y donde se llevará a cabo. Lo primero que se debe de hacer, en un caso como este, es poner en marcha un sistema de vigilancia extrema en torno los aeropuertos y a los aviones que sobrevuelen el espacio aéreo de los EE.UU.. No se trata de ser el listo a toro pasado sino de responder de forma precavida a un aviso de esta importancia, remitido por tus servicios secretos. “Hubiese movido montañas” ha declarado George W.Bush, si hubiese sabido donde y cuando se iba a producir el ataque. Evidentemente no se sabía cuándo ni dónde pero si se sabía quien y cómo. El FBI y la CIA no estaban suficientemente coordinadas pero la primera llevaba un seguimiento de 70 pistas de posibles colaboradores de Al Qaeda.

El tema de los servicios secretos, en los países occidentales, ha adquirido una dimensión de máxima importancia después del 11-S y del 11-M. No solo es imprescindible coordinar los diversos servicios de Inteligencia de nuestras policías con el CNI sino que el mando único ha de estar sincronizado con sus colegas de los demás países de la UE, del Maghreb, de Oriente Medio y de los EE.UU.. Los celos profesionales entre diversos cuerpos de Inteligencia y de Seguridad han demostrado ser nefastos en nuestra lucha contra ETA ¿por qué no sería lo mismo en la lucha contra el terrorismo de Al Qaeda? Es evidente que George W.Bush cometió un error al declarar que América esta(ba) en Guerra contra Al Qaeda. La semántica es tan importante en la lucha contra el terrorismo como las armas que se utilicen. Bin Laden y su organización estaban localizados en Afganistán pero, en la mente del presidente de EE.UU., solo había sitio para Sadam Huseín e Irak. Richard Clarke ha declarado que, cada vez que le pasaba un informe sobre Bin Laden al presidente, éste le pedía que incluyese Irak. Todo el mundo ha visto que cuando la ONU estaba exigiendo a Huseín un plazo último para justificar la destrucción de sus armas no convencionales, EE.UU. estaba ya acumulando ingentes fuerzas militares en Kuwait. El casi abandono de Afganistán para volcarse contra Irak sabiendo (y si lo ignoraba y nadie se lo explicaba, es todavía peor), que el régimen de Sadam Huseín era de socialismo árabe (baas) y laico. Osama bin Laden y Sadam Huseín son el agua y el aceite y eso lo sabe cualquiera que haya viajado por la región un par de veces. Lo único que tienen en común los dos hombres es que ambos han sido instrumentos de la administración norteamericana contra la URSS en Afganistán y contra el Irán de Jomeini. Cuando hay gente que afirma que Huseín invadió un pequeño país llamado Kuwait, se olvida de que este formó parte de esa Mesopotamia que los británicos arrancaron al Imperio Otomán en 1919. Los repartos de tierra que se hicieron entonces fueron artificiales, como todos los que se hicieron en África y que tantos quebraderos de cabeza han dado a lo largo del último medio siglo XX. Lo que nos parece como la invasión de Suiza por parte de Francia, no es para ellos más que la ocupación de un pedazo de una misma tierra segregado por intereses geopolítico-petroleros de Gran Bretaña.

Esa obsesión por derrocar a Sadam Huseín (”el hombre que quiso matar a mi papi”), ha impedido a Bush ver la realidad de una región que desconoce y ha desoído a los expertos y a los servicios de Inteligencia que le prevenían de cómo son las cosas en Oriente Próximo. ¡Cuantas veces he escuchado que Bush padre debería haber llegado hasta Bagdad en lugar de detenerse en la frontera de Kuwait con Irak! El padre fue más sensato que el niño. El general Norman Schwarzkopf, héroe de aquella guerra, alertó hace más de un año de los peligros que encerraba el adentrarse en Mesopotamia. El iluminado presidente de los EE.UU., George Bush Jr. No escuchó a los expertos que habían hecho la guerra de 1991. Modestamente escribí que no sabían los americanos lo que les esperaba en Irak aunque momentáneamente ocupasen el país. Lo estamos viendo a diario. Primero se dijo que cuando cayese Sadam, el “terrorismo” cesaría. Nosotros insistíamos en que era “resistencia”, ahora lo llaman “insurgencia”.Van adoptando el lenguaje a los errores que cometen. Aznar sigue sosteniendo que todos los terrorismos son iguales. Me pregunto si enseñará eso en la Universidad de Georgetown.

Las únicas salidas son: la guerra civil, con el previo abandono del país por parte de las tropas extranjeras, o, si esta retirada no se produce, la unión de todas las facciones chiíes, suníes y kurdas contra las fuerzas ocupantes. Es decir, una guerra de Independencia. ¿Quedan otras soluciones? Si, una más. Dejar el orgullo en casa y poner Irak en manos de la ONU para su administración tanto política como económica y militar. Los canadienses han tomado el mando de fuerzas militares variadas en otras circunstancias con bastante éxito. Si es la ONU la que viene a arreglar los problemas que ha creado la terquedad e inexperiencia de Bush y su equipo de inútiles, logrará la participación de fuerzas militares árabes y europeas que, hasta el momento se han mantenido al margen de la intervención americana. Cualquiera que sea el administrador que nombre la ONU, no se le ocurrirá hacer prisionero a un líder religioso y crear un problema mayor que el que se producía dejándolo predicar sus ideas, por mucho que disgustasen al ocupante. Ese tipo de meteduras de pata no lo suele hacer un militar francés o alemán y mucho menos un egipcio. Qué se asesore bien Rodríguez Zapatero antes de tomar decisiones y que se resuelva el problema de nuestros soldados de Base España y de Al Andalús. ¡Inshaalah!

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