26 Mayo 2004

¡Execrable!

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 23:34

Que un pueblo conocido por la cantidad de figuras fundamentales aportadas a la Historia de la Humanidad, no solo en la política sino en las ciencias morales y físicas, en las artes, la literatura, la música, el mecenazgo, la beneficencia, se vea representado por un ejército (Tsahal) que destruye casas, bombardea manifestaciones de civiles en duelo, que se enfrenta con los modernos David, esos niños palestinos tirando piedras a los tanques, sea el mismo que tanto ha sufrido a lo largo de la Historia en sus propias carnes parece algo increíble. Se que me tacharán de antisemita por lo que digo y voy a seguir diciendo. En 1970, cuando publiqué Nasser, el Ultimo Faraón recibí llamadas preguntando por el asqueroso judío Enrique Meneses. Hasta mi amigo Al Hagelán, embajador de Arabia Saudí en España me comunicó que no podría seguir invitándome a las recepciones de su embajada pero estaría encantado que nos siguiésemos viendo en privado. Yo visitaba entonces a un hombre encantador, Jonathan Prato, en su domicilio particular, creo que por Núñez de Balboa, no recuerdo. Era un embajador de Israel camuflado que ninguna autoridad española reconocía. Mis escritos en Blanco y Negro, además del libro, defendían un Estado de Israel que atacaban, simultáneamente, cuatro países árabes limítrofes. Todos estábamos con el pequeño, avasallado por los grandullones. Pero se han vuelto las tornas.

El pequeño, ayer admirado, ha crecido. En lugar de contentarse con un país con las dimensiones que le otorgaron las Naciones Unidas en 1947, próspero y modélico para todos sus vecinos, ha preferido borrar las poblaciones palestinas de la zona y crear el Gran Israel, Heretz Israel. Arthur Balfour, Ministro de Asuntos Exteriores británico, había prometido en 1917 un hogar para los judíos de cualquier lugar del mundo donde no se encontrasen a gusto o simplemente quisiesen vivir en los territorios históricos de la Thora y el Talmud. En ningún momento habla de un país independiente. Hoy es una potencia nuclear, la única que dispone en todo Oriente Medio de armas de destrucción masiva. El Israel actual no necesita de mi defensa. Veo con tristeza como intenta recluir a los palestinos en ghettos asfixiantes y para ello no repara en gastos a la hora de destruir sus casas y entrar a sangre y fuego en sus campamentos de refugiados o permitir la instalación de asentamientos judíos en medio de zonas densamente ocupadas por árabes palestinos. Con la fineza intelectual de los judíos, es extraño que no reflexionen sobre la palabra terrorismo y la sigan utilizando como si fuese un talismán que permite todo. Lo mismo que Aznar, Bush, Rumsfeld, Ashcroft, Rice o Powell, intentan confundir a la opinión pública llamando terroristas a quienes son simplemente resistentes algunos de ellos suicidas. ¡Qué lejos está el terrorismo judío (como lo denominaban los nazis) del ghetto de Varsovia! Aquella resistencia heroica que hizo la admiración del mundo, se está pareciendo cada vez más a la resistencia palestina. No me refiero a los grupos Hamás, Yihad Islámica o Hezboláh. Tampoco recordaré que el Tsahal israelí, su ejército actual, nace del Haganah y de grupos como el Stern o el Zvai Leumi que en los meses anteriores a la evacuación británica de Palestina, aterrorizaron a los árabes obligándoles a abandonar sus tierras y a refugiarse, hasta hoy, lejos de los lugares donde nacieron. La forma en que Menachem Begín dirigió, como dirigente del grupo Irgun Svai Leumi, la masacre contra los habitantes de Deir Yassin, dando muerte a 234 de sus 700 habitantes, no le impidió más tarde llegar a ser Primer Ministro de Israel. La acción fue condenada por el Haganah y la Agencia Judía. También conviene recordar que si los iraquíes han volado el Cuartel General de la ONU en Bagdad, dando muerte a Sergio Vieira de Melo, representante de Kofi Annan en Bagdad, los judíos volaron el Hotel King David con el sueco Conde Folke Bernadotte, también representante de la ONU en Palestina.

Las escenas que está contemplando el mundo en Gaza, han hecho salir a las calles de Israel más de cien mil judíos protestando por las acciones de su ejército y. dentro de este, todos sabemos cómo numerosos pilotos se niegan a ametrallar poblaciones indefensas. Los excesos de brutalidad son un mal asunto para los gobiernos que los permiten. De nada sirve culpar a un Yaser Arafat totalmente maniatado por los propios judíos y cuyo liderazgo le disputan los movimientos radicales de resistencia antes mencionados. Se le corta el teléfono, la electricidad, se limitan sus movimientos ¿Cómo es posible responsabilizarle de no controlar a sus adversarios políticos? El gobierno israelí está logrando que los mismos Mártires de Al Aqsa, grupo nacido en el seno de Al Fatah, hagan piña con los demás grupos extremistas. Arafat, gracias a la política de Sharon, está perdiendo la fuerza que le daba el ser un presidente electo de la Autonomía Palestina. Ya no se confía en la palabra de Arafat. El asesinato selectivo de dirigentes como el Jeque Yassin en su silla de ruedas, produce un momentáneo orgullo entre los judíos menos preocupados por el futuro de su pueblo. Los intelectuales, los artistas, las organizaciones humanitarias, saben que tender puentes y no levantar muros es la única solución para los dos pueblos condenados a compartir un mismo territorio que, hasta el 14 de julio de 1948, se llamó Palestina. No hay futuro para los jóvenes que no han visto hasta ahora más que campos de refugiados, ataques indiscriminados y rechazo de cualquier solución que huela a Paz. Que se conviertan en suicidas cargados de bombas no debería extrañar a quienes vivimos en el confort de otras sociedades.

Estados Unidos sostiene a Israel contra viento y marea y la desmesura del ejército estadounidense en Irak no es como para dar lecciones a Ariel Sharon sobre como debe comportarse el Tsahal. Vienen a coincidir las imágenes del trato denigrante que reciben los presos de Abú Ghraib o los 45 muertos (mujeres y niños en gran proporción) de la boda que se celebraba en la aldea iraquí de Mogr el-Deeb, cercana a la frontera siria. ¡Disparos de los insurgentes!, exclama un mando ignorante de las costumbres árabes. ¿Todavía no se han enterado los americanos de que la pólvora es señal de alegría entre los árabes? ¡Que se informen de la herencia que dejaron en Valencia!

La comunidad internacional tiene que imponer una paz inmediata entre israelíes y palestinos. Tanto EE.UU. con sus ayudas a Israel y apoyo a Sharon como la UE con los acuerdos comerciales que privilegian al Estado de Israel, pueden imponer al Primer Ministro judío que se siente en una mesa de negociaciones con los representantes electos del pueblo palestino (Arafat) y los irregulares (Hamás, Yihad y Hezboláh, Mártires de Al Aqsa). Jerusalén tiene que volver a tener una parte árabe que será su capital al igual que será capital de Israel la parte judía de la Ciudad Eterna de los hijos de Abraham. No hay ninguna dificultad para que la bicapitalidad funcione bien si ambas partes deciden poner los medios. Pero para llegar ahí, la presión económica por parte de Bruselas y de Washington es absolutamente necesaria. La gente solo entiende de razones cuando le tocan la cartera. Pues hay que cerrar el grifo de las subvenciones, sobre todo las destinadas a la adquisición de armas, si no aceptan sentarse a negociar y no levantarse hasta que la paz esté firmada. La Unión Europea no tiene el poderío militar de Estados Unidos pero es la primera potencia económica del mundo, la que más fondos destina a la ayuda a países en vías de desarrollo y, en muchos aspectos, la conciencia de la Humanidad tras el Adiós a las Armas que se produjo en 1945. Es el primer continente que destierra la fuerza bruta para resolver los conflictos entre pueblos. Israel no puede prescindir de esta Unión Europea a la que quiere adherirse en un cercano futuro, y menos con el desprecio con el que la trata Ariel Sharon, como tampoco puede desoír las voces de sus artistas e intelectuales judíos de la diáspora y de su propio país. Muchas veces los judíos han representado la fuerza moral frente al trato injusto de los gentiles. Hoy, si crecen el antisemitismo y el antiamericanísmo en Europa, Israel y EE.UU. deberán preguntarse cual es la razón de semejantes sentimientos en vísperas del 60 aniversario del desembarco de Normandía.

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