Europa y Europa
En general, cada país de la Unión ha utilizado las elecciones europeas para castigar, a bajo precio, a sus respectivos gobiernos. Desde la revancha por la pérdida de las elecciones de Marzo en España al castigo a Schröder por sus reformas económicas y sociales. En el Reino Unido la guerra de Irak ha pasado su factura. Y Francia, que se opuso a la misma, ha sufrido un segundo castigo del mundo del trabajo que ha dado la victoria por segunda vez en pocos meses a los socialistas. Pero dejando a un lado las consideraciones estrictamente nacionales, lo que ahora cuenta es la Constitución Europea y los cambios que introduce en la vida del continente.
Pasar de 15 a 25 miembros, obliga a muchos cambios y ajustes. Para empezar hay que definir si Europa es una vaca de generosas ubres o una construcción intelectual donde se armonizan las necesidades económicas y de desarrollo con las que sostienen la mayor zona mundial de respeto a los derechos humanos. Se dice que en amor, el que más da es el que más recibe. En la Europa de 1986, cuando España llevaba una década de democracia, es cierto que los miembros fundadores quisieron ayudarnos con todo tipo de gestos. Hasta la aparición de José María Aznar y el PP, la etapa Jacques Delors y sucesores, se había caracterizado por el deseo de considerar a España como uno de los grandes sin reunir las condiciones objetivas para ello. Con 40 millones de habitantes y previsión de descenso a 38 en medio siglo (antes de la llegada de la inmigración), no podíamos competir con países de 60 u 80 millones de población. Pero conseguimos en Niza que se nos diesen 27 votos frente a los 29 de Francia y Alemania, países fundadores del Club. A cambio renunciábamos a 14 escaños en un Parlamento europeo que, en los designios de la Constitución, va a tener una gran importancia, como es de esperar en cualquier sociedad democrática bien estructurada, al convertirse en colegisladora con la Comisión. Pero el parlamento, ni en Estrasburgo ni en la Carrera San Jerónimo, tiene demasiado peso para la derecha española. Parecía mejor ceder parlamentarios que la capacidad de impedir decisiones que nos sean desfavorables. Ya el hecho de poder bloquear fácilmente, denota una postura negativa en la construcción de la Europa de los 30 que se vislumbra. Si al construir un edificio todos nos afanamos para aportar ladrillo y argamasa, la casa irá para arriba sin tropiezos destacables. Si antes de echar manos a la obra regateamos nuestro derecho a derribar lo que no nos gusta o imponer lo que nos place, nos convertimos en una mosca cojonera Hasta el 14 de Marzo, habíamos dejado de ser simpáticos para convertirnos en serios según la infeliz expresión de José María Aznar.
No era natural lo que se nos dio en Niza a españoles y polacos. Incluso Francia ha tenido que ceder a Alemania un poder que igualaba a los dos motores de la Unión. Hasta entonces era una manera de dejar en tablas 75 años de guerras entre los dos países. Del justo reparto es de donde surge la mejoría de las relaciones y el positivismo de las mismas. Desde 1986, la Comunidad nos ha dado 183.636 millones de euros y, descontando nuestra aportación, hemos recibido 85.269 millones netos. Es decir que gracias al pedigüeño señor González, como lo describió Aznar mientras el presidente del gobierno socialista español regateaba en Edimburgo, España recibió de media una cantidad equivalente al 0,76% de su PIB desde entonces hasta hoy. Pero la curva no es regular, del 0,3% inicial en 1986, hemos superado el 1% desde 1996 hasta ahora. Esta cifra permitió al PP presumir de cuadrar sus cuentas y respetar los criterios del Plan de Estabilidad y Desarrollo, mejor que Paris y Berlín. De ahí que puesto que Francia y Alemania son nuestros principales donantes, no les hiciese gracia verse criticadas por Aznar, un recién llegado, por su déficit presupuestario superior al 3% exigido en el Tratado de Maastricht Pedir, como hace Rajoy, que Zapatero regrese de la inminente cumbre con las cosas tal y como las recibió de Aznar es un sarcasmo puesto que el gobierno del PP dejó el tema empantanado y bloqueado. Ser el freno de Europa, como lo hace el Reino Unido desde su ingreso en la Comunidad, tiene un precio y este va a ser mayor como se diseñe, por culpa de los ingleses, la Europa a dos velocidades.
Los 10 países que el 1 de Mayo 2004 han ingresado en el club, si bien han pertenecido siempre a Europa por cultura y tradición, han padecido el comunismo soviético durante 44 años con lo que ha marcado a dos generaciones enteras de sus ciudadanos. Durante ese período de tiempo, lo que escuchaban era Radio Liberty y The Voice of América, propiedad de los americanos. Estados Unidos se convirtió así en su referencia pero, la realidad es que el muro de Berlín servía para que no se escapasen las gentes del Este pero también para subrayar la diferencia de vida que se desarrollaba en las dos Alemanias. El contraste entre el Este y el Oeste, el contrabando existente entre los países a ambos lados del Telón de Acero, como lo bautizó Winston Churchill, fue minando los regímenes comunistas más que el armamentismo de los Estados Unidos, aunque esto también ayudase. Fuertes colonias de emigrantes del Este de Europa instaladas en los EE.UU. desde el siglo XIX han colaborado en dar una imagen idílica de los EE.UU. y perpetuar la idea de que los dólares del Plan Marshall eran los que hacían próspera a la Europa comunitaria. En las recientes elecciones, los 10 países recién llegados al club solo han participado en porcentajes ridículos aunque la media sea superior a lo que se da en EE.UU. en las elecciones presidenciales que es del 35% frente al 45,3% de media de estas elecciones. No interesa saber quien se va a beneficiar de los excelentes sueldos de Estrasburgo sino de cuanto dinero va a llover sobre la población campesina o industrial de esos países recién agregados. La emigración a la próspera Europa de los 15 tiene más importancia que el partido local que ha ganado o perdido las elecciones al parlamento europeo.
La regla más importante del club es que para avanzar, todos tienen que ceder un poco si quieren ganar un algo. Es justo que perdamos fondos de Bruselas, después de habernos desarrollado espectacularmente (y seguir haciéndolo hasta el 2007), para que los 10 países que se han sumado a la Unión, dispongan de oportunidades similares. Al mismo tiempo, esos países nos causarán idénticos contratiempos que los que Grecia, Irlanda, Portugal y España les causamos a los países ricos de entonces. No solo ofrecíamos mano de obra barata sino que invitábamos a las deslocalizaciones. Esos son algunos inconvenientes que tenemos que padecer ahora con los inmigrantes del Este europeo y la instalación en esos 10 países de empresas extranjeras que creíamos que iban a quedarse con nosotros para siempre. Es ley de vida.




