Sudán crucificado
La primera vez que estuve en el Sudán, este no era independiente. Era un protectorado anglo-egipcio. El Ministerio de Orientación Nacional cairota, entonces en manos de Salah Salem, el ministro más loco del gobierno de Gamal Abdel Nasser, nos invitó a un grupo de periodistas a ir a la región de Equatoria y ver que la situación en la región estaba bajo control de las autoridades. Corría el año 1955 y Equatoria era, como ha seguido siendo después de la independencia de 1956, close district (Distrito Cerrado). Había varias razones para que se necesitase un visado especial, distinto del propiamente sudanés. Era, y es, una región netamente rebelde. En Juba, pudimos visitar la cárcel. Estaba excavada en el suelo y solo se accedía a ella mediante una reja colocada en el suelo que, para los visitantes, hacía de piso. Al levantarla, se contemplaban dos docenas de hombres, apretujados hasta tal punto de que no podían sentarse y dormían y comían de pié. La única posibilidad era permanecer sostenidos por la presión de unos y otros. Esto con temperaturas por encima de los 50 grados y con la humedad del cercano Nilo. En un momento dado, uno de los presos comunicó al jefe de la prisión que entre ellos había un muerto. Se bajó una soga hacia el hombre señalado y así izaron un cadáver rígido y con síntomas de putrefacción aunque el olor general era tan nauseabundo que no se podía distinguir entre defecación y descomposición cadavérica.
Lo segundo que recuerdo de aquella visita fue nuestra llegada a una aldea donde nos recibió un grupo de dinkas de una media de 1,80 de estatura, bailando desnudos. Esta foto se publicaría un año más tarde en La Actualidad Española debidamente ataviados los dinkas con shorts blancos pintados por la censura franquista. El gracioso ministro Salah Salem, se quedó en calzoncillos y se puso a bailar con los altísimos nilóticos. Su foto en semejante atuendo, desagradó muchísimo a Nasser que lo apartó de las tareas de gobierno durante un tiempo.
En julio de 1956, el Sudán, un país del tamaño de 5 veces España, ya era independiente desde 6 meses antes. Llegué a Jartum en aquel caluroso mes con un amigo español, Jaime Cavero. Estábamos tomando una copa en el Pub GB (Gran Bretaña) cuando contemplamos una pelea en la acera, delante de la puerta del bar. Un musulmán de turbante y galabiya increpó a un dinka descalzo y cubierto de harapos. Los dos hombres se enzarzaron en una pelea en las que el alto pero frágil dinka llevaba todas las de perder. Salí a separarlos acompañado de Jaime y un médico de Ghana. El dinka estaba encargado de transportar los enormes cubos llenos de excrementos que servían en las casas como retretes. No existía alcantarillado en la capital, ni casi asfalto. Cuando el musulmán se quejó porque el dinka le había rozado, lo llamó ibn el kalb, hijo de perra y el nilótico le tiró la mierda a los pies. En aquel entonces, las relaciones entre el sur animista o cristiano, y el norte arabizado y musulmán, eran lo que han sido siempre, hasta hoy,….. ¡un odio feroz!
Con la llegada de los misioneros a Uganda, reclamados por Henry M.Stanley y a petición de Mutesa I, rey de los bagandas, el cristianismo penetró con fuerza (y sangrientas rivalidades entre católicos y protestantes) en todo el Protectorado. Desde allí penetró en el sur del Sudán, la región donde el Nilo Blanco, como un adolescente, se pierde en desbordamientos: los Bahr (mar) el Ziraf y el Ghazal. Es un mundo paradisíaco que constituye la patria de Chiluks, dinkas, azandes, nuer y otros muchos pueblos que viven de ese Padre de todos los Ríos, como lo denominaba Herodoto. Los esbeltos cuerpos de los nilóticos son de una belleza y fragilidad tal que sus mujeres pueden hacer las delicias de cualquier pasarela de alta costura en Occidente. Leni Riefenstahl, la gran fotógrafa alemana, retrató a los nuba (no confundir con los nubios del norte sudanés) y mostró al mundo lo que de verdad es la belleza del cuerpo humano en estado puro. En 1983 he vuelto a pasar por la región. Un inglés, tan gracioso como Salah Salem, tiró al Nilo unos jacintos y estos se están multiplicando hasta el punto de dificultar la navegación fluvial porque se enredan en las hélices de los barcos. Los franceses de la CCI (Compagnie de Constructions Internacionales) estaban haciendo un nuevo aeropuerto en Juba y, a la vez, cortando un bucle del Nilo con el Canal de Jonglei, una aberración que acortaría el viaje pero aislaría poblaciones y fauna en una isla artificial. En plena navegación, nos enteramos por la radio de que Jartum había decretado la sharia (la rigurosa ley coránica) y el alcohol quedaba prohibido en todo el territorio.
Aquella misma noche nuestro vapor se detuvo en el terminal de Bor durante cuatro horas, y el capitán Yvon le Talec me llevó, detrás de una linterna, por un sendero de la selva, hasta el campamento de los ingleses contratados por la norteamericana Chevron para prospectar yacimientos de petróleo. Bebiendo cerveza helada como dementes y viendo videos porno bajo una carpa común, aquellas dos docenas de blancos estaban durante el día perforando y encontrado oro negro, una de las muchas riquezas del Sur sudanés. La ley islámica no les iba a impedir beber: “¡No beer, no oil!” (si no hay cerveza, no hay petróleo), comentaron cuando les dimos la mala noticia.
Las riquezas minerales del sur, constituyen una razón importante para no dejarlas en manos del gobierno islamista de Jartum. El SPLA (Sudan´s People Liberation Army), bajo el mando del entonces coronel John Garang, luchó con éxito contra las fuerzas del norte desde 1983. Pero la extensión de la revuelta ha alcanzado las provincias occidentales, como el Darfour, donde un millón de personas pueden morir de hambre si la comunidad internacional no interviene urgentemente. Reconciliar una población musulmana, que vivió del comercio de esclavos y de marfil durante siglos y hasta hoy, con unos nilóticos primitivos pero acostumbrados a sus creencias y libertades, es resolver la cuadratura del círculo. Solo hay dos soluciones políticas para resolver un problema que se recrudeció, justamente en Bor, cuando estaba la expedición de TVE en aquel lugar. O una amplia autonomía que abarque el tema religioso y deje vivir a los nilóticos con la desnudez y costumbres que les de la gana y compartiendo sus riquezas naturales, o conceder una independencia que sustraería al Sudán una extensión similar a la de España. Lo difícil es evitar la gran mortandad y los éxodos de población que se están produciendo en medio de violaciones, captura de esclavos y asaltos a las organizaciones que encaminan al sur-oeste urgente ayuda alimenticia y sanitaria. Una bellísima región de África destrozada por el sectarismo y la xenofobia donde parece que Kofi Annan y Colin Powell han decidido intervenir.Espero que no sea para empeorarlo todo. A ver si es verdad.




