26 Julio 2004

Derribos y escombros

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 23:47

Viendo como se derribaban las Torres Gemelas, como caía el edificio donde se suicidaron los islamistas del 11-M, uno piensa en la cantidad de cosas que se derriban y se reconstruyen. El puente de Mostar del siglo XVI vuelve a alegrar el paisaje pero no es el mismo. Es otro. Es como las figuras del Museo de Cera que están ahí mientras las cenizas del personaje son arrastradas por el viento en un Océano cualquiera o una Sierra Maestra, como las de Antonio Gades. En Mostar, el Puente Viejo ya no une dos comunidades que tiene cubos diferentes para sus basuras.

Es la historia de Penélope tejiendo y destejiendo para que el Tiempo y los pretendientes no la devorasen antes de que Ulises regresase a Itaca. Los tres rostros, cuatro con el anfitrión, José Manuel Duraô Barroso, que aparecieron en los medios del mundo entero en las Azores, parecían tres emperadores del neoconservadurismo dispuestos a revolucionar el orbe. En un plano discreto, casi temiendo ser confundido con los tres Imperios, que son o han sido, el cuarto imperio, el portugués. Allí estaba el hombre que quiso acabar lo que su padre no se atrevió a concluir en la guerra del Golfo de 1991. Cumplió Bush el Viejo el mandato de las Naciones Unidas, de liderar una coalición que devolviese su integridad a Kuwait. Como ordena la Carta de la ONU. Y cumplió, si bien impusieron a Sadam Huseín unas condiciones draconianas tanto para pagar los platos rotos como para evitar que se rearmase. Aviones británicos y norteamericanos vigilaron el cielo del Kurdistán al norte o del chiísmo iraquí al sur, derribando radares y cualquier obstáculo que les molestase. De paso, murieron un millón de niños por malnutrición en tanto Sadam se construía palacio tras palacio.

Para George W.Bush, la grandeur americana se basa en las armas y no en la cultura o el pensamiento como Jacques Chirac. Su teoría es que hay que destruir un viejo orden para reconstruir otro a imagen y semejanza del estadounidense. Un tal Hitler pensó lo mismo en 1933. Los antiguos aliados de Papa Bush, Osama bin Laden o Sadam Huseín, ya no sirven. Es necesario deshacerse de ellos. Forman parte de un ataque a la civilización occidental. Si hay que demostrar connivencia entre el laico Sadam Huseín y el ultra religioso Osama bin Laden, se demuestra con documentos falsos y Santas Pascuas. José María Aznar, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, arrimó su sardina al ascua y proclamó que iba a sacar a España del oscuro rincón de la Historia. Si Napoleón hubiese vivido en nuestros días, se creería Aznar. Y el prometedor líder de las nuevas izquierdas europeas, el hombre de La Tercera Vía, se sumó a la filosofía thatcheriana del Rule Britannia. Y los tres imperios, cuatro con el lusitano, más una pléyade de países que no se distinguen por gloriosos pasados, como las Islas Marshall o Vanuatu, decidieron destruir Irak para vengarse de lo que había hecho Al Qaeda en Manhattan. Nos reímos siempre del conocimiento que tienen los estadounidenses de la geografía mundial pero el caso de George W. Bush es paradigmático. Basta ver en Fahrenheit 9/11 de Michael Moore, los 7 minutos que transcurren desde que Bush se entera de que se ha estrellado un avión contra la primera Torre Gemela, hasta que se estrella el segundo. ¡Un modelo de rapidez de reflejos de un hombre que se proclama a War President!

José María Aznar, nieto de Manuel Aznar quien, con José Félix de Lequerica, Ministro franquista de Exteriores, utilizaron los lobbies de Washington para mejorar la imagen del régimen del 18 de Julio, emplea parecidos medios para ensalzar su figura bonapartista. Casa a Anita en El Escorial invitando a gente tan recomendable como Silvio Berlusconi, muestra su vena popular con las figuras del papel cuché y rivaliza con Elena y Cristina, Infantas de España, en fasto y espectacularidad. Se hace llenar el Congreso de los EE.UU. de becarios, transeuntes y algunos representantes del pueblo, por la firma Piper Rudnick (contratado con carácter de urgencia), para emular al Rey Juan Carlos I que acudía al hemiciclo pidiendo ayuda y comprensión para la balbuceante democracia española. El hombre designado por Franco para sucederle, iba a derribar las estructuras dictatoriales y construir una democracia ex novo. Y lo proclamaba en todas partes. No hablaba de él sino de su generación e incluía desde los tardofranquistas a los comunistas. Y Alemania, Francia, Estados Unidos, le creyeron. Cumplió y no pidió ninguna medalla. Le bastó el aplauso de Santiago Carrillo. Era la época, hace un cuarto de siglo, en que se construía. Y no nos fue demasiado mal pese a quienes rechazaban la Constitución desde su despacho riojano de Inspector de Hacienda. Este hombre quería acudir al Congreso de los EE.UU. a decirles lo acertado que estaba George W.Bush llevando la guerra a Afganistán e Irak, y los peligros que nos acechan a nosotros, al mundo Occidental del que los tres de las Azores son Ricardo Corazón de León liberando el Santo Sepulcro. Por supuesto, tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y la desaparición de los ghettos, ahora viene la construcción del Muro de Cisjordania en 2004, para separar dos comunidades condenadas a entenderse..

Gastarse dos millones de dólares, principalmente para obtener la Medalla del Congreso, es una manera curiosa de construir una España poderosa, respetada, seria, capaz de enfrentarse con las decadentes Francia y Alemania. Después del ridículo (corregido enseguida) de José Bono con su medalla militar, al PP se le ha helado la sonrisa en los labios con esta otra medalla. Chirriaban un poco esa operación Perejil contra Marruecos y Ana Palacio colgada del teléfono con Colin Powell para que detuviese la terrible defensa de los 6 gendarmes del Reino Alauí. No hay nada que esté más cerca del ridículo que la pretensión de mostrarse serio en vez de simpático. Durante el franquismo nos salvó el humor, la coña, ante aquellos bigotitos y camisas azules bordadas anteayer del falangismo más infantil que ha producido España. Las copias adulteradas del scoutismo de Baden Powell, sonaban a charanga de pueblo en nuestro país. ¡Y aquellos palios, aquellas homilías y bendiciones de cruzadas, las faldas por media pantorrilla y el obligatorio Servicio Social de las mujeres que no se podían casar si no aprendían falangistamente a cambiar los pañales de un muñeco de celulosa! ¡Qué España tan seria, tan católica, tan defensora de Occidente! Luego llegó Juan Carlos el Breve y traicionó al Padrino para hacer caso al pueblo y lo que este, soberano, pedía. Fíjense en este texto:

“Por supuesto que la gente no quiere la guerra. Pero, después de todo, son los líderes del país los que determinan la política, y es siempre cosa sencilla, arrastrar al pueblo a seguirla, que sea una democracia, una dictadura fascista, un parlamento o una dictadura comunista. Voces o no voces, el pueblo siempre puede llevarse a aceptar la apuesta de los líderes. Eso es muy fácil. Lo único que se tiene que hacer es decirle que está siendo atacado, y denunciar a los pacifistas por falta de patriotismo, y por exponer al país a grandes peligros.”

¿Creen que esto lo dijo cualquiera de los tres de las Azores? Pues se equivocan. Lo dijo el líder nazi y héroe de la aviación germana, Herman Goering en 1946. Nada menos. Y sigue vigente el uso del miedo para gobernarnos con los calzoncillos sucios. Alfonso Ussía y los Australianos pueden decir lo que quieran pero la retirada de nuestras tropas no corresponde a cobardía sino a respeto, un año más tarde, de una promesa al 80 por ciento de los españoles. Pero ese 20 por ciento de españoles que no lo reconocen, no desdecirán a los australianos. Michael Moore termina su documental Fahrenheit 11/9 preguntando a los senadores y congresistas americanos si están dispuestos a alistar a sus hijos en la guerra que ellos, los padres, votaron. Me gustaría saber cuantos hombres y mujeres del PP han enviado a sus hijos e hijas a Irak para combatir los enemigos de nuestra Civilización.

Ayer, en Santiago, el Arzobispo Julián Barrio se permitió delante de los reyes y del presidente del gobierno, anunciar que el matrimonio entre homosexuales supone la quiebra de la sociedad, la destrucción de la familia. ¿No se dan cuenta los jerarcas de la Iglesia que los únicos que se esfuerzan por derribar los cimientos de la familia tradicional cristiana son ellos con su intransigencia? ¿Es posible que un estado aconfesional, con una Constitución laica, acuda engalanado a Santiago a escuchar una reprimenda que repite la del Papa Juan Pablo II a nuestro embajador Jorge Dezcallar y más tarde a José Luis Rodríguez Zapatero y esposa? En vez de financiar la educación islámica en los colegios públicos ¿no es mejor seguir el sistema francés de que se estudien las religiones en iglesias, mezquitas y sinagogas con el dinero de los creyentes de las respectivas religiones? Francia, llamada por el Vaticano Hija Mayor de la Iglesia (aunque en España lo ignoren muchos católicos) financia el culto con el dinero de sus fieles. ¡Eso si tiene mérito! En España, mientras el PP pide que se pague la sanidad, las pensiones o las autopistas desde el sector privado (que pague el que consume), se obliga al sector público español, incluidos los no creyentes, a costear la enseñanza de la religión única y verdadera con presupuestos del Estado. Eso hay que derribarlo y construir un sistema nuevo en el que el patrimonio arquitectónico y cultural de la Iglesia sea costeado en su mantenimiento por el Estado pero el culto y la enseñanza religiosa lo paguen quienes hagan uso de ello.

Finalmente, no se pierdan el documental de Michael Moore Fahrenheit 9/11. Es más instructivo que los de animales de la BBC que entusiasman al Fiscal Fungairiño. Dentro de las demoliciones, este amigo de Augusto Pinochet debería retirarse de la escena fulminantemente, por desacato al Congreso, a la representación del Pueblo español.

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