La cobardía española
Según el hispanista británico Paul Johnson,en declaración a La Nación de Buenos Aires, España es un país que le ha decepcionado mucho. “Los españoles se comportaron como unos cobardes respecto de Irak”. El hombre, por su profesión, debería conocer los antecedentes que llevaron al Presidente Rodríguez Zapatero a retirar nuestras fuerzas de Diwaniya. Olvida que un año antes de las elecciones del 14 M, el partido socialista había situado en su programa electoral esa retirada. ¿Cual era la razón para rechazar una intervención armada contra Irak de la mano de británicos y estadounidenses? En primer lugar que el pueblo español, como otros pueblos europeos del Sur, no son tan crédulos como los del Norte, especialmente los anglosajones. El cuento de qué viene el lobo nos lo solemos tomar con bastante calma y hasta cachondeo. Reaccionamos con parsimonia, contrariamente a los anglosajones que corren en todas direcciones y acumulan víveres, agua, pilas y cinta aislante para bunkerizarse. Si examinamos bien esa reacción, veremos que corresponde a pueblos que no han sufrido guerra sobre su suelo. En el caso británico hace siglos que no han combatido en su tierra contra ningún extranjero. Solo la batalla de Inglaterra (aérea) fue, en los últimos siglos, sangriento drama bélico. En Estados Unidos, salvo los asesinos en serie se desconoce tanto la lucha terrestre contre un enemigo extranjero como los bombardeos implacables que tan bien conocieron Madrid, Guernica, Barcelona y muchas ciudades más durante la guerra civil española. Madrid tuvo tres años de asedio franquista. Tuvimos cerca de un millón de muertos entre los dos bandos. Llevamos 30 años de atentados de ETA con cerca de un millar de muertos y seguimos llevando nuestra vida diaria con calma y orden. Dejó a los extranjeros con la boca abierta contemplar el comportamiento de los madrileños en el atentado de Atocha que costó 190 muertos y 1.500 heridos. Nada comparable con el histerismo que se apoderó de Manhattan el 11 S. Además del desprecio a la voluntad de los españoles, el gobierno de Aznar arrastraba el desastre del Prestige y los 62 muertos del avión Yakolev 42 alquilado a bajo precio para respetar el Deficit Cero, más importante que la vida de nuestros soldados. Finalmente, el engaño sobre la autoría del atentado para influir en las elecciones a favor del PP.
Al Reino Unido le ha defendido durante siglos un Canal de la Mancha que le separaba del continente. Sus batallas siempre las llevó a cabo en tierra de otros. Los muertos civiles los ponían los demás. Cuando se han tallado su Imperio colonial, lo han hecho principalmente luchando contra pueblos desarmados y con niveles de civilización tecnológica inferior. Ya se utilizaba la ametralladora contra los zulúes de África del Sur a finales del siglo XIX. Nada comparable con la tecnología militar de que disponían los españoles frente a civilizaciones avanzadas como la maya, azteca o inca en los siglos XVI y XVII. Apoderarse de Gibraltar en nombre de un aspirante al trono de España que perdió la guerra de sucesión demuestra que no se tomó aquella plaza en nombre del austriaco sino para quedarse vigilando la ruta de Suez. Eso se ha llamado siempre rapiña. En las guerras de la península contra Napoleón, no se qué hubiese hecho Gran Bretaña sin la ayuda inestimable de los guerrilleros españoles y de parte de su ejército.
Muchas películas se ruedan en Gran Bretaña y Estados Unidos magnificando hechos históricos que no hubiese descrito Stefan Zweig en sus Momentos Estelares de la Humanidad. Pero hay uno que hubiese merecido la pena: la huida de los ingleses ante el avance alemán en Francia y su reembarque precipitado en Dunkerque. Cuando sus compañeros de armas franceses quisieron embarcar en los mismos buques británicos rumbo a Inglaterra, los ingleses los rechazaban a patadas echándolos al mar y, con frecuencia, a los campos de prisioneros en Alemania nazi. Pero de esas páginas gloriosas no se hacen películas. Solo se nos mete en la cabeza las heroicas imágenes de un general Custer cayendo derrotado ante un puñado de indios siux Oglala, en Dakota del Sur pero no el asesinato de hambrientos mujeres, niños y ancianos Teton siux que en el duro invierno de 1890 pidieron ayuda al Séptimo de Caballería y 200 de ellos fueron masacrados el 29 de diciembre de 1890. He visto sus tumbas en Wounded Knee, en la reserva de Pine Ridge.
Cuando se habló de imponer una guerra a Sadam Huseín, los españoles nos pronunciamos en más de un 85 por ciento en contra. No comprendíamos cómo, si Osama bin Laden estaba en Afganistán, se tenía que atacar a Irak, un país que llevaba 11 años vigilado con inspectores de la ONU y con su territorio sobrevolado constantemente por las fuerzas aéreas de Estados Unidos y Gran Bretaña. Lo de ”que viene el coco” en España no se lo creen ni los niños de pecho. No es pues cobardía que un partido gane unas elecciones, no porque Osama bin Laden haya votado a favor del PSOE con la matanza de Atocha, sino porque cumplió lo que había prometido. Para un admirador de Margaret Thatcher como Paul Johnson, es evidente que solo la testosterona merece respeto y la ex Primera Ministra del Reino Unido, tenía esta hormona en demasía. Dar la orden de hundir el Crucero “General Belgrano”, que se encontraba fuera de la zona de exclusión militar decretada por la propia Gran Bretaña, fue un acto de cobardía, máxime cuando el alcance de los cañones del crucero argentino era de 20 km y se encontraba a 91 millas de la flota inglesa. Ni siquiera se avisó a Buenos Aires o a la Cruz Roja Internacional para que socorriese a las victimas, ni se prestó ayuda a los náufragos heridos. Los muertos fueron 323 y ellos permitieron la reelección de la señora Thatcher. Su gran amigo Ronald Reagan puso a disposición de la Armada Británica toda la información de sus satélites espías. La heroicidad de la marina británica, en esa ocasión, fué incluso discutida en el parlamento de Westminster.
Ser cobarde no es cumplir con la palabra dada más de un año antes de la masacre de Atocha.Es una valentía y gesto de independencia de George W.Bush y sus intereses petroleros. El porcentaje de españoles que estaban en contra de aquella guerra prueba que la gente del PP, liderado por Aznar entonces en el poder, compartían con la mayoría de los españoles de centro, derecha e izquierda, el rechazo a aquella guerra no autorizada por las Naciones Unidas. El pueblo británico también se manifestó en contra pero fue cobarde a la hora de gritárselo a Tony Blair. Prefirieron seguir leyendo Alicia en el País de las Maravillas. George W.Bush se ha aprovechado de cierta cobardía de sus compatriotas y, desde luego, cierta lentitud a la hora de descubrir la verdad que la Vieja Europa había descubierto un año antes. Afortunadamente, puede que ese error de reelegir a Bush, no se produzca porque empiezan a abrir los ojos, especialmente con el despertar de sus medios de comunicación y Michael Moore y su Fahrenheit 9/11. Puede que el señor Johnson se haya olvidado de la deshonrosa imagen de los americanos reembarcando apresuradamente en Saigón en sus helicópteros, con lo que se ponía fin a una guerra injusta y claramente perdida frente a un pueblo manifiestamente peor armado que los GI norteamericanos.
Señor Paul Johnson, la época imperial de Gran Bretaña hace tiempo que terminó, lo mismo que la española o la francesa. La americana es la actual y no ha comenzado demasiado bien.Los USA iniciaron su ascensión mintiendo sobre el sabotaje del Maine en el puerto de La Habana y así nos arrebataron los restos de un imperio, como antes habían expoliado a México.La investigación posterior norteamericana demostró que España no era culpable pero nos quitaron Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Guam y las Islas del pacífico. ¡Como para que ahora nos creyesemos lo de las armas de destrucción masiva! En todos los imperios que han sido hubo cobardías y heroicidades. Al recordar las de los demás, Mister Johnson, no se olvide de Dunkerque, por favor.



