18 Agosto 2004

Las viejas trampas

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 11:46

El gobierno iraquí está compuesto de hombres que se fueron a EE.UU. o Gran Bretaña a hacer fortuna. Alguno podía tener sus más y sus menos con Sadam Huseín pero en general se fueron en busca de oportunidades en la emigración. No pocos pasaron por caja para cobrar de la CIA, del FBI o del MI6. A mi también me tentaron desde el lado Sadam. En el Hotel Eurobuilding me ofrecieron espiar para el régimen de Bagdad. Callo el nombre de la persona por respeto a su hijo que era un colega nuestro residente en Londres. De todos modos, mi comunicante quería repartir conmigo la cantidad mensual asignada a esta tarea. Me reí bastante porque creo que no hay nada más incapaz de espiar que un periodista, que lo sea de verdad. Si la información que obtienes no vale nada, haces el ridículo y si vale, te precipitas a publicarla con un copyright bien grande que te señale como autor.

Este tipo de personajes sobrevivieron feeding (alimentando) esos servicios de información con noticias falsas, exageradas o distorsionadas para que el sueldo quedase justificado y siguiese el chollo. Así, Washington y Londres, con vistas a un posible futuro, elaboraron toda una teoría de peligrosas relaciones y conexiones terroristas de un líder que siendo cabeza del Baas iraquí, primo del sirio, mantenía fuertes tensiones con Damasco. Un hombre cuyo laicismo se aproximaba, por ejemplo, al de un país occidental como Francia. De ahí que ningún especialista en temas de la región se haya creído en ningún momento las informaciones sobre los lazos de Osama bin Laden con el raís iraquí. Un primer intento de formar un gobierno que sustituyese el Virreinato de Paul Bremer, colocando a Ahmed Chalabi, antiguo agente de la CIA, fracasó cuando se descubrieron los lazos que le unían al odiado Irán de los Ayatolaes y aparecieron, como por arte de magia, pleitos con la Justicia, falsificación de billetes de banco y comunicación a Teherán de las claves secretas de los americanos. Otro hombre de los americanos, Iyad Alaui se enfrenta con la tarea de reducir la insurrección del líder chií, Múqtada al Sáder en la ciudad sagrada de Nayaf. El ejército del Mahdi no cesa de crecer. Vienen de todas partes. El general de artillería retirado, Alberto Piris, considera que no tienen nada que hacer contra un ejército como el norteamericano. Señala que suníes de Faluya están llegando a Nayaf para adiestrar a estos fanáticos desarrapados. No comparto del todo la opinión de mi experto colega. En la mente tengo la victoria de otro Mahdi, a finales del siglo XIX, en Jartum, donde murió el general Charles Gordon tras perder a sus mejores soldados y oficiales frente al ejército de desarrapados que se reunieron en torno a El Mahdi, el Esperado dentro del chiísmo.

Dar muerte a Al Sáder o destruir la Mezquita-Mausoleo de Alí, para los americanos sería una metedura de pata de consecuencias incalculables. Un ejército cristiano destruyendo un santuario que atrae anualmente millones de devotos y donde la gente que tiene los medios se hace enterrar en su inmenso cementerio, el mayor –o uno de los mayores—del mundo. Entonces se recurrirá a un ejército nuevo iraquí y una policía nacional formada por los invasores. Algo así como unas fuerzas de seguridad que hubiesen creado los nazis para defender el régimen de Petain contra la resistencia dirigida por Jean Moulin. ¿Y qué puede suceder? Pues alguna de las dos cosas tan temidas: la destrucción de un lugar venerado por millones y millones de creyentes y/o la elevación al martirologio de un clérigo que ni mucho menos tenía hasta ahora la importancia de un Gran Ayatolá Sistani, más transigente pero enfermo en Londres con una dolencia cardiaca. La disyuntiva se presenta mal para los americanos cualquiera que sea el desenlace de la operación. Pero previendo el problema que se les puede venir encima, no solo han tomado el control de todas las fuerzas que estaban supuestamente a las ordenes del gobierno títere de Bagdad sino que han lanzado el bulo, por boca del Ministro del Interior de ese gobierno, de que hay 25 terroristas extranjeros que se dirigen a Nayaf para asesinar a Al Sádar y destruir la Mezquita de Alí. Es una jugada que a todos nos parece infantil pero que para los estrategas de la Inteligencia estadounidense es absolutamente eficaz y forma parte de sus tradiciones. Crear un pretexto que permita poner el esparadrapo antes de la herida es una vieja táctica de la CIA. Se toma la zona céntrica de Nayaf sin que muera Al Sádar y sin destruir la mezquita y han ganado la partida. Muere el líder chií y/o se destruye el Mausoleo de Ali y son terroristas de Al Qaeda que han querido provocar un enfrentamiento entre suníes y chiíes. Ni los EE.UU. ni el gobierno de Bagdad tienen la culpa de lo sucedido. Si el lector recuerda, hace unas semanas, George W.Bush lanzaba un aviso urgente a sus compatriotas y elevaba el nivel de alerta: Al Caeda preparaba un atentado en EE.UU. de la dimensión del 11-S. Como la prensa americana empieza a liberarse de la influencia de la Casa Blanca, se denunció que la noticia que originaba el pasar al color naranja de alerta tenía……¡más de dos años de antigüedad! Pero muy útil para frenar la caída en picado de Bush en los sondeos. Recordará también el lector que insistimos en varios artículos de que ante las catástrofes, contrariamente a lo que sostiene el PP, la población se une al poder establecido, no juega a hacer cambios como el que hubo en España después del 11-M.

En Afganistán, se juega con cartas marcadas también. Se autoriza a los caza-recompensas a moverse libremente en busca de Osama bin Laden y de los millones de dólares ofrecidos, vivo o muerto, (mejor muerto para que no hable de sus relaciones con la familia Bush), por el hombre cuyos familiares fueron autorizados a abandonar los Estados Unidos cuando a ninguna nave aérea se la permitía aterrizar o despegar del país tras el 11 S. De repente, se descubre en Kabul un chalet alquilado por un antiguo miembro de las fuerzas especiales de EE.UU. donde había media docena de secuestrados que eran sistemáticamente torturados para que ofreciesen información sobre el paradero de bin Laden. Por supuesto que las autoridades americanas se precipitan y dicen que nadie ha encomendado semejante tarea a Jonathan Jack Idema, Brent Bennett y Edward Caraballo. Los tres fueron descubiertos por los servicios secretos afganos. Se les incautaron 500 documentos, 200 videos y al menos 400 fotografías relacionados con la actividad en aquella cárcel privada. Hasta el 22 de Julio pasado el Ejército de los EE.UU. no reconoció haber tenido contactos con los caza-recompensas. Junto a los tres americanos, cuatro intérpretes afganos que transcribían y traducían los interrogatorios en el curso de los cuales las víctimas eran colgadas por los pies, cabeza abajo, durante horas y torturadas para hacerles hablar. Probablemente tiene razón Idema cuando afirma que todo está hecho de acuerdo con el Pentágono pero el sistema es el sistema. ”Si le capturan, arrégleselas como pueda. Nosotros no sabemos nada y negaremos conocerle y, por consiguiente, cualquier responsabilidad en lo que usted haga. ¡Buena suerte!”

Las viejas trampas, como lo fuera la famosa Ley de Fugas, sirven para cometer los crímenes de Estado más horrendos apareciendo los instigadores como limpios y legalistas dirigentes de la política democrática de un país que presume de ello.

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