25 Agosto 2004

El tercer mundo

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 11:48

Muchas veces, recorriendo países pobres, me he dado cuenta de que los problemas que les atañen no son los mismos que imaginamos desde la opulencia de los países desarrollados. Por ejemplo les acusamos de ser vagos, de solo buscan la forma de divertirse o de tener dirigentes que únicamente piensan en enriquecerse con el sudor de sus conciudadanos. No es todo blanco ni negro y los grises son difíciles de descubrir si no se tiene la experiencia directa de esos países y esas gentes. ¿Por qué se me ocurre hablar hoy de este tema? Probablemente por la victoria de Hugo Chávez que a tantos ha extrañado y….por la aparición de 8 ministras posando como modelos en Vogue

No trato de tener toda la verdad, ni de imponer la mía sino de aportar algunos apuntes basados en experiencias directas. La primera vez que salí de Europa, hace 54 años, fue para recorrerme el entonces Marruecos español en autobús. Primero fue un Tánger internacional en el que Eduardo Haro Teglen ha vivido más experiencias que yo que todavía no soy octogenario. Era la ciudad internacional de Lucky Luciano, Bárbara Hutton, Paul Bowles, Jack Kerouac y muchas excéntricas celebridades que se refugiaban allí huyendo de la rutina del progreso. El dinero abundaba en la ciudad y la gente joven no necesitaba dar el salto a la península en busca de futuro. Lo tenía allí. Cualquiera de cierta edad que haya vuelto a Tánger habrá notado la enorme diferencia. Desde entonces, y como profesional del periodismo –no como turista–, me he recorrido tantos países que hace tiempo dejé de contarlos. En todos me he mezclado con altos dirigente y con el pueblo llano. He aprendido más de putas y taxistas que de los encargados del Ministerio de Información correspondiente.

Entre las muchas cosas que he aprendido es que los pobres no están contra el lujo y el derroche porque de ello les llega lo poco que tienen. Quienes me conocen saben la opinión que tengo de la religión pero yo no diría que hay que vender sus maravillosas riquezas artísticas. ¿A quién? ¿Cómo? ¿Para qué? Hay mucha gente desafortunada que vive o malvive del turismo que genera esa riqueza arquitectónica y artística, incluida la artesanía que gira a su alrededor. El dinero queda repartido gracias a esos polos de atracción de dinero extranjero y nacional. Lo que no se reparte bien son las ganancias que produce el petróleo en Arabia Saudí, Nigeria o Venezuela y lo mismo puede decir de productos de importancia mundial como fosfatos, cobre o azúcar y café. Siempre dije que los españoles debíamos dar gracias por no tener petróleo en nuestro suelo porque ello nos obligó a desarrollar una industria turística que trae bonanza a hoteleros, bailaores, los toros, los transportes, la artesanía, los puertos de mar, nuestras manufacturas, la aviación y un sin fin de sectores que incluyen has el taxi-.burro de Mijas.

En Venezuela, entrevistando a Irene Sáenz, entonces recién ganadora de Miss Universo y hoy alcaldesa de un barrio elegante de Caracas, me di cuenta del poco interés que tenía la juventud venezolana por el interior del país, la zona amazónica. Mientas en España los jóvenes soñaban con aventuras en un exótico tercer mundo, sus contemporáneos venezolanos solo pensaban en tener el último carro (automóvil) salido de Estados Unidos o veranear en Europa en lugares señalados por la prensa especializada. El desequilibrado desarrollo de Venezuela era tal que, desde cualquier punto del lujoso centro, se veían, como en un belén, los miserables ranchitos con sus chabolas que encienden candiles de keroseno al anochecer. De noche, la miseria se disimulaba. Y si vamos a Brasil, las favelas de Río repiten el cuadro. El dinero está en manos de muy pocos y esos privilegiados son los amos de la tierra, de la educación y del crédito. Los demás son carne de cañón barata para dejarse la vida en cañaverales o bananeras. Ya escucho a quienes me llamarán demagogo mientras van del hoyo 9 al 10 de su partida de golf. Me da lo mismo. Que a un dirigente populista como Hugo Chávez, le salga limpiamente favorable el referéndum al que él mismo ha aceptado someterse, a mi no me extraña. Si la gente de los ranchitos recibe la visita de un médico cubano cuando solo estaba atendido por curanderos en tiempos de la oligarquía de los Marcos Pérez Jiménez, Carlos Andrés Pérez, Rafael Caldera o Jaime Lusinchi. Un payaso para muchos, Chávez conecta bien con esas gentes del quinqué de keroseno. Están encantados de recibir maestros cubanos, de percibir ayuda alimenticia y de ver que la clase media-alta relincha de cabreo. No quisiera un Chávez para mi país pero comprendo que lo deseen en otros lugares. Lo mismo sucedió con los líderes revolucionarios de toda América Latina. Lo malo es que, como se contaba en ¡Viva Zapata! con la inolvidable interpretación de Marlon Brando, una vez en el poder, olvidaban sus promesas.

La ayuda del mundo desarrollado, la ayuda oficial, con frecuencia está condicionada a la compra de armamento producido en el país donante. En la mayoría de esas donaciones de Estado a Estado, existen unas condiciones que refuerzan la tiranía del gobernante y dificultan la revuelta del subyugado. ”Es un hijo de puta….pero es nuestro hijo de puta”, se decía en Estados Unidos hablando de Anastasio Somoza o de cualquier otro dirigente de América Latina. Habría que ver la lista de países que se alinean con los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, incluso España, en función de lo que se les ayuda desde el gobierno de esos países. No me refiero a las ONG que son, de verdad, el corazón desinteresado de la ayuda de la gente de clase media, directamente a la gente pobre. De todo el dinero donado por numerosos países para la reconstrucción de Irak, solo el 2,5 por ciento ha sido destinado a esos fines. El resto ha ido a parar a gastos de mantenimiento de un ejército de ocupación no deseada por la población. Y cuando digo mantenimiento de un ejército de ocupación, me refiero a los millones de dólares que Dick Cheney se embolsa con su antigua empresa de Halliburton que roba al gobierno de Estados Unidos hasta en la gasolina que trae de Kuwait o el rancho que sirve a sus soldados.

Algún día tendremos que reconocer que, sin un poco de generosidad por nuestra parte, el Tercer Mundo no puede colocar sus productos de la tierra en nuestros mercados desarrollados y salir de la miseria. Ya se que gracias al nivel de vida de nuestros agricultores, el campo europeo no se deserta y está bien cuidado, en general (¡ay! Los bosques que se queman!), pero habrá que arbitrar soluciones para que su nivel de vida sea como el actual y mejorando. Si vemos el desarrollo que están teniendo el turismo rural y la agricultura natural, o las piscifactorías en el caso del mundo de la mar, comprenderemos que es cuestión de seguir dándole al coco para que nadie pierda y los desheredados de este mundo les hagamos un hueco y dispongan de un rincón bajo el sol.

¡Escándalo en el PP! Las ocho ministras del gobierno paritario de José Luis Rodríguez Zapatero, el primero del mundo con mismo número de hombres que de mujeres, se han puesto guapas y se han vestido con la misma ropa que la moda española intenta imponer en el mundo entero. Algunos se quejan de las pieles que se veían pero a los ecologistas hay que decirles que muchas son de criadero, no de animales en via de extinción. También criamos vacas o conejos para nuestras necesidades. Nadie dijo nada por los carísimos modelos de Ana Botella, Esperanza Aguirre o Luisa Fernanda Rudí. Sin hablar del engominado Mario Conde tan imitado por la derecha española en su vestir y andares. Una industria que nos coloca en tercer o cuarto lugar del mundo,que da trabajo a cientos de miles de españoles, que solo en prêt-à-porter, representa millones y millones de euros, con un Zara o un Mango en la confección de clase pero con nombres destacadísimos en la Alta Costura española, se merece la promoción que se ha hecho en una revista de moda de ámbito mundial. Es una publicidad impagable. Llamar ridículo a ese gesto, por parte de Mariano Rajoy, retrata bien al personaje encargado de dirigir la derecha española, parte de la cual, se ha quedado con la imagen de la miliciana en bata, puño en alto y con cartucheras del Madrid sitiado por los nacionales. Yo no me reiría de los que descienden y por eso no comprendo por qué la derecha se ríe de los que suben. Están invitando a que se les saque repetidamente la boda del Escorial y que las carcajadas de entonces se reaviven. Además, en materia de vestimenta y disfraces de algunos, más vale no hablar de ridículo para no destapar los truenos de Eros.

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