30 Agosto 2004

Los Rufinos de España

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 11:50

Decía Demócrito que el hombre es la medida de todas las cosas. Y tenía razón. Cuando algún joven me trae fotos de su último viaje para que las enjuicie, siempre les reprocho la ausencia de alguien, una mujer o un hombre, que me de idea de las proporciones de los monumentos que fotografiaron. Sin un ser humano que sirva de medida, los templos faraónicos parecen maquetas de pocos centímetros de altura, de esas que ofrecen los fascículos semanales a poco precio. Y sin embargo, quien ha visitado los templos faraónicos sabe que son tan colosales que tuvieron que ser construidos en honor de los dioses, a su medida. Es una civilización construida para sus dioses. El hombre solo sirve para el hormiguero que construyó las pirámides de Gizeh. Vayamos, después de Karnak, a la Acrópolis ateniense y nos encontramos con una arquitectura humana, a la medida del Hombre. Y toda la religión griega se construye sobre ese principio de que el hombre es la medida de todas las cosas. Unos dioses que se disfrazan para seducir a diosas más que apetecibles, un dios Pan borrachín y juerguista, una Diana cazadora que hubiese podido ser la Ava Gardner de la época, un Apolo-Britt, una diosa de la danza y el teatro llamada Thalía (pronúnciese Zalia), Afrodita, la chipriota, y un sin fin de dioses que son tan a la medida de los seres humanos que se engañan, guerrean, fornican, se emborrachan.

Dicho todo esto, vemos que la religión greco-romana y las otras, las fundamentalistas, faraónica y judeo-cristiana, no admiten comparación. Atenas y Roma tienen un conocimiento del ser humano, inteligente y generoso. Las demás dicen que los Dioses son inalcanzables o que nos hicieron a su imagen y semejanza, en el colmo de la arrogancia humana. Aunque se fueron suavizando desde el Jehová judío hasta el Alá de los árabes, nada que recuerde el desmadre de la cosmogonía griega.

Cuando me dicen que cómo puedo ver un programa como Gran Hermano o como el reciente de La Casa de tu Vida, siempre respondo que nada que atañe al Hombre me es ajeno. Mirar bajo el microscopio de las 625 líneas como se mueven los concursantes, es tan fascinante como pasar horas viendo como se reproduce una ameba o se observa una conjunción de planetas. De repente, en un programa que puede parecer tan estúpido y anodino como La Casa de tu Vida, aparecen unos personajes que se salen de lo que acostumbramos a ver, pero que viven delante de nuestras narices, y bastó darles vigilancia de 24 horas para que nos descubriesen un mundo esperpéntico, a lo Valle-Inclán o Solana.

Una concursante llamada Mónica, se confiesa virgen pese a que cualquiera puede verla en la cama con un novio llamado David Menaza, cargado de tatuajes y orejas anilladas al que la virgen maltrata de palabra como lo haría con sus estudiante más rebeldes. El chico lleva tres años con la tentación en su cama pagando no sabemos qué culpa ancestral. No catará el fruto de su amor más que cuando la boda sea bendecida por el cura. Mientras Malena Gracia declara que es bisexual y que disfruta de lo mejor de dos mundos. El público, en su gran mayoría, está con esas libertades que niega Rufino con las denominaciones de vicio y pecado. Ese grupo de hombres de Trento siguen queriendo imponer sus ideas a una España que hace tiempo dejó de existir. Para David, el novio ¡Un moderno suplicio de Tántalo! Los padres, especialmente el progenitor, comparten esas ideas y consideran que la sexualidad está orientada a la procreación y exclusivamente a ella. Lo que Rufino llama Ley Natural es solo una falacia puesto que si el Dios de este hombre impasible y testarudo, tuviese esa intención engendradora, habría dispuesto que las mujeres tuviesen un período de celo como las gatas. Un mesecito y ¡basta! Si nada debe impedir la procreación (condena de la masturbación porque despilfarra el semen) ¿por qué curas y monjas hacen votos contra-natura que impiden esa procreación? ¿Es aceptable la masturbación femenina puesto que no despilfarra óvulos en esas ocasiones?

Pero con todo lo que choca la mentalidad de Rufino y de Mónica, a una España moderna, que ya no comulga con teorías vaticanas ni en el caso de católicos practicantes, lo más curioso es que esta familia ha descubierto un filón de oro acudiendo a todos los programas de televisión donde se exhiben como fenómenos de feria. Recuerdo haber visto, en 1937, en el cincuentenario de la Torre Eiffel, una mujer exhibida en una urna de cristal: ¡tenía tres tetas! Pues aquel fenómeno que se quedó grabado en la mente de un niño de 8 años, no era nada comparado con un Rufino que aguanta estoico que, por abrumadora mayoría,el público votase, como ganadores de La Casa de tu vida, a dos entrañables maricones de Cádiz. El aguilucho de Isabel y Fernando saca sus garras en la persona de Rufino y su hija Mónica. Y David esperando la bendición sacerdotal para cumplir con la Naturaleza. Mientras, la caja registradora de los euros sigue haciendo ¡cling! ¡cling! en la cuenta de Rufino. ¡La intransigencia tiene un precio!

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