Por qué Turquía es Europa
El PPE (Partido Popular Europeo) se opone a que Turquía forme parte de la Unión Europea. Desde la Lección Magistral de José María Aznar en la Universidad de Georgetown en Washington, hemos podido comprobar que el líder carismático del Partido Popular español tiene su mente puesta en la lucha contra los moros que, según él, son el antecedente más directo de Osama bin Laden. Tras el fracaso de su empeño porque la Constitución Europea mencionase explícitamente los orígenes cristianos de Europa, ahora se niegan a aceptar un país de tradición musulmana como es Turquía, probablemente recordando la batalla de Lepanto. Pero olvidando que fue cristiana antes que el resto de Europa.
Conviene recordar que los países de la cuenca oriental del Mediterráneo fueron cristianos cuando en la Europa de los primeros siglos de nuestra era, se adoraban dioses paganos. En España hemos tenido el culto a Isis cuando Egipto y sus cerca de dos millones de habitantes eran cristianizados nada menos que por San Antonio y San Marcos. Hasta el cristianismo etiope es más antiguo que el de Hispania o las Galias. Pero antes de ser cristiana, Turquía fue griega allá por los años 1000 antes de Cristo. A partir del siglo V a.C. primero Atenas, luego Esparta y más tarde Alejandro Magno, penetraron en la península que helenizaron. Entre los años 133 y 64 antes de nuestra era, se produjo la conquista romana que duró hasta el siglo XI como Imperio Romano de Oriente o Bizancio. ¡Solo 13 siglos! No es hasta 1071, con la derrota del basileo Romano Diógenes en Manzikert, cuando los turcos se apoderan de diversas regiones del país. Vemos que el cristianismo llegó antes a la región que a la Europa Occidental pero que el Islam llegó mucho más tarde a Constantinopla que a Granada. Por añadidura, los turcos no son árabes, como tampoco lo son los iraníes ni una gran proporción de egipcios.
Desde siempre, Turquía ha sido una de las rutas del comercio entre Asia y Europa. Por ahí nos llegó la agricultura de Mesopotamia y algunos animales domésticos en los albores de la Historia. La etapa musulmana fue de una gran tolerancia. Contrariamente a sus detractores (personalmente soy agnóstico ante cualquier creencia religiosa), el Islam de la época expansiva fue muy respetuoso con las demás religiones del Libro, es decir, las que creen en un Dios Único y reconocen en su origen a Abraham. Miriam, Yusuf, Musa, María, José, MOisés, son reconocidos por el Islam lo mismo que Jesús que es uno de sus profetas, al mismo título que Mahoma. Cuando dicen ”la ilaj el ilá wa Mohamed rasul el ilaj” (No hay más Dios que Dios y Mahoma es su profeta) no están negando que haya otros profetas como Jesús. Y aunque Alá es grande sea visto por muchos cristianos como un grito de guerra, es una exclamación que suscriben también nuestros creyentes y los judíos. Cuando Amr ibn el Ass conquista Egipto con 50.000 soldados árabes, solo perdona el pago de impuestos a quienes se conviertan del cristianismo al Islam pero no obliga a nadie a abrazar la fe de Mahoma. Esa política fue general hasta en la España musulmana. Egipto tenía entonces un millón de habitantes en Alejandría y otro en Tebas (Luxor) y se cree que en el Sinaí hubo en algunos momentos más de 100.000 anacoretas. Ninguna persecución convirtió a los ocupados excepto el perdón fiscal a los que abrazasen el Islam que, además, (buen reclamo) permitía la poligamia.
Los cristianos de Oriente, cuya capital era Constantinopla pero que tenía Patriarcados importantes en Antioquia, Alejandría y Jerusalén, llegaron hasta China, con la fuerza misionera… ¡de los nestorianos, los cristianos de Persia! Por su lado, sin impedimento por parte de los musulmanes que ocupaban Egipto, los coptos de este país (todavía representan el 4% de la población egipcia) llegaron a Etiopía y cristianizaron todo el valle del Nilo hasta Jartum, la capital actual de Sudán. Aquel Islam violento que pintan algunos y que avanzaba mediante sangrientas batallas, nadie niega eso, aparece cuando empiezan las Cruzadas que produjeron, a la luz de historiadores más imparciales de hoy, verdaderas matanzas de población civil en todo Oriente Medio. España también llevó su lengua y su fe a América, y cuando encontraba resistencia armada, aceptaba el envite y pasaba a cuchillo a todo indio que se pusiese delante. Ese Islam llegó a las puertas de Viena y se mantuvo en los Balcanes hasta fechas tan avanzadas como el siglo XX. Bosnia Herzegovina (lo hemos comprobado quienes vivimos algún tiempo, en 1993, en Sarajevo, la capital sitiada), era un modelo de convivencia religiosa. Cuando recibo algunas cartas exaltadas diciendo que “del moro no puede esperarse nada bueno”, me confirmo en la idea de que lo mismo que coexistieron hombres de Neandertal y de Cromagnon en cierto período prehistórico, tenemos todavía gente que viaja por Internet y son contemporaneos de otros que rebuznan y constituyen la España Negra.
La Turquía musulmana tuvo una decadencia que la llevó a alinearse con Alemania en la Primera Guerra Mundial y pagar las consecuencias posteriores. Mustafá Kemal no quiso aceptar aquella situación y, con el nombre de Ataturk, el padre de los turcos, emprendió una revolución jamás llevada a cabo por ningún país. No solo forjó un espíritu patriótico sino que señaló a Europa como su modelo y empezó por cambiar el alfabeto y prohibir el tarbuch, el fez y liberó a la mujer parcialmente. ¿Nos imaginamos todo un país abandonando su forma de escribir, su gramática, hasta su vocabulario tecnológico para, desde 1923, crear una nación nueva en la que la mujer obtenía la mejor posición de todo el mundo musulmán?
Son solo algunos rasgos de un país que, cuando entre en la Unión Europea, aportará 63,53 millones de habitantes y una superficie de 779.452 km2. El moderado partido islamista que gobierna con Recip Tayyip Erdogan a la cabeza, está esforzándose por alcanzar los requisitos que reclama la adhesión a la UE. Por lo pronto el líder kurdo Abdulah Oçalan no ha sido ejecutado, al suprimirse la pena de muerte en el país, sino condenado a cadena perpetua y no se ha aprobado la penalización del adulterio femenino pese a la tradición contraria. Aceptar Turquía, país importante que pertenece a la OTAN mucho antes que nosotros, que luchó en 1953 en la guerra de Corea, que pertenece al Consejo de Europa y a la OSCE, es demostrar que la UE no es un club cristiano y que el Islam puede coexistir con la democracia sin necesidad de renunciar a los preceptos del Corán interpretados a la luz de la modernidad. La reproducción de la imagen humana está prohibida por el Corán pero vemos como los retratos de Moqtada al Sádar cubren las paredes de varias ciudades iraquíes. En 1683, Viena soportó el sitio de los turcos y ahora la derecha austriaca considera que si se acepta la entrada de Turquía en la Unión Europea, aquel sitio habrá sido en vano. ¿Se puede considerar alguien racional con semejante argumento? ¿Fue en vano el sitio de Zaragoza y Agustina de Aragón puesto que nos unimos a Francia al ingresar nosotros en la Comunidad Europea? ¿No es absurdo convivir con los ingleses que nos arrebataron Gibraltar? ¿Y ser tan amigos de Bush cuando nos echaron de Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Guam y muchas islas más del Pacífico?
La presencia de Turquía en la UE, con el mismo respeto a los Derechos Humanos que tenemos los 25 paises miembros actuales, será no solo un importante factor de equilibrio entre los musulmanes europeos actuales sino un modelo para la puesta al día del Islam en los países dictatoriales que mantienen la ley coránica más obsoleta.
El odio al moro en parte de la población española y europea, suele provenir de gentes que jamás se molestaron en visitar los países musulmanes, hablar con ellos, disfrutar de su cultura, de su hospitalidad. He vivido siete años con ellos y solo puedo decir que los nacionalismos se curan viajando y los integrismos, leyendo. Tuve el placer de conocer a Abdel Krim, exiliado en El Cairo. Fue toda una experiencia encontrarme con el hombre cuyas fuerzas rifeñas hirieron de un tiro en la cabeza a mi padre en el combate de Sbu-Sba (1922). Hablaba un castellano perfecto y quería a España más de lo que muchos se imaginan. Pero también quería la independencia del Rif, su patria. No era un terrorista sino un resistente ante la presencia de un ejército de ocupación, el español, de cuya administración era funcionario hasta que se alzó en armas contra nuestro país. Un personaje legendario que desbordaba todas mis expectativas de periodista.



