El ficticio problema de las Españas
El revuelo levantado por las declaraciones de Juan Carlos Rodríguez Ibarra parece, para algunos, el principio de la ruptura de la unidad de nuestro país, para otros, un saludable ejercicio de reflexión sobre qué es España en la era de la globalización. Si se piden reformas no significa que se quiera derribar la casa.
La construcción de los diversos países europeos se hizo como crecen los cuerpos vivos, por multiplicación y asociación de células. Si se contemplan dos mapas de Europa correspondientes al año 1500 y al 2000, vemos como en 500 años, se ha ido configurando el camino hacia la unidad europea hasta llegar a la Unión de 25 países y pronto 500 millones de ciudadanos de esta entidad. Pero los mapas anteriores a 1500 son un auténtico patchwork o traje de Arlequín. En Gran Bretaña, Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte tardan mucho más que España y Francia en realizar su unión. Escocia, que ocupa un tercio del territorio de Gran Bretaña, solo queda unida a Inglaterra y Escocia después de 1603, tras la muerte de Elizabeth I y eso con dos reinos bajo un mismo monarca.
España es, en 1492, casi la de hoy, menos Navarra que se suma por la fuerza en 1512. Francia, entre 1440 y 1589, reconquista Normandía y Gascuña que estaban en manos inglesas. Una serie de confiscaciones territoriales incrementaron los dominios reales: Borgoña (1477), Anjou (1481), Bretaña (1491) y Borbón (1527). Solo faltaban una serie de feudos semi-independientes muchos de los cuales se añadieron a la corona de Francia cuando Enrique de Navarra llegó al trono como Enrique IV, en 1589. El resto de Europa va siguiendo un proceso de agregación similar que se extiende entre el siglo XVII y el XIX. Se puede decir que hace 500 años, la Europa feudal pasa a constituirse en Estados, más o menos, como los conocemos ahora y que el proceso llevará tres de esos cinco siglos en completarse.
Los intereses familiares constituyen la argamasa de esas uniones de condados, ducados y principados, tanto durante el feudalismo como, más tarde, entre Estados regidos por monarquías absolutas. Las áreas lingüísticas quedan mal repartidas y así nos encontramos que se habla francés en Francia, Bélgica y Suiza o alemán en Alemania, Austria, Suiza, Italia etc….Existen numerosas afinidades transfronterizas a través de todo el continente. La construcción de la Unión Europea, a partir de 1950, llevaron a muchas regiones de Europa, que en el curso de la Historia tuvieron cierta autonomía de índole feudal o protoestatal, a temer por la desaparición de sus signos de identidad, incluso de su lengua y cultura. Regresar a la independencia que, en muchos casos, nunca tuvieron, es dar la espalda a la Historia. Cuando se examinan las relaciones entre la capital de un Estado y sus componentes, veremos que siempre hay un recelo y una reclamación de derechos supuestamente pisoteados. Pero dentro de esos antiguos territorios autónomos el mismo fenómeno se reproduce. Que no se le diga a un catalán, valenciano o balear que vuelva a depender de Zaragoza. El sistema autonómico que nace con la Constitución de 1978, es un buen medio de contentar a todo el mundo. Pero ayudar a los rezagados no puede ser a costa de frenar a los lanzados. El equilibrio y la solidaridad son puntos cardinales.
Extraña que el principal partido de la oposición, por boca de parte de su ejecutiva, no acepte el principio de que cada autonomía tenga derecho a disponer de una voz importante en el Senado, auténtica cámara territorial y no de relectura de lo que se decide en la de los Diputados. ¿Territorios o autonomías históricos? ¿Quien va a discutir que lo son Castilla y León, Asturias, Galicia o Andalucía? No se trata de saber cuando tuvieron autogobierno o si su lengua es minoritaria o no. En una comunidad de vecinos, los derechos no varían según la edad de sus componentes. Todo el mundo debe de ser igual en cualquier lugar de su país que se encuentre. Ese principio, ahora, se ha extendido a toda la Unión Europea como, anteriormente, se extendió de las autonomías a la totalidad del territorio español.
No hay una autonomía llamada España y habitada por españoles. Los nombres de los estados europeos que se fueron formando a través de los siglos desde el XV, no representan uno de sus componentes. No hay francos en Francia, ni hispanos en España y los ingleses, galeses, escoceses y norirlandeses se han otorgado el nombre de británicos para designarse todos ellos. Reino Unido o Gran Bretaña vienen a amparar todos los que viven al amparo de la Union Jack, bandera diseñada con las de todos sus territorios voluntariamente unidos.. Pero no crean por eso que los escoceses o galeses aceptan ser ingleses. España tiene una bandera, un himno al que nadie puso letra, y una historia en común de más de 500 años. Lo mismo defendieron sus fueros los castellanos contra Carlos V que mucho antes se opuso toda la península a la invasión romana. ¿Alguien en España se lamenta de ser heredero de una lengua, un derecho, una literatura, una moneda que casi llegaron a unificar la Europa de su tiempo?
Rodríguez Ibarra tiene razón si se refiere a que no existan desigualdades de partida entre autonomías. No la tiene si considera que todas van a tener los mismos servicios o de la misma calidad. Donde hay una tradición de medicina de primera categoría, acudirán gentes de autonomía vecinas o, incluso, del resto de España. Cataluña es una de esas autonomías. También tienen buenos servicios en Navarra, en Madrid, Valencia o Sevilla y no hay razón para que no los tengan en Badajoz. Pero también es cierto que la compra de un piso en Mérida cuesta menos que la de uno en Barcelona o Madrid. Los desarrollos respectivos de cada autonomía se deben de hacer con la economía regional y la ayuda solidaria de las regiones más ricas y prósperas. El mismo principio se ha aplicado desde Bruselas a nivel de Estados y teniendo muy en cuenta las diferencias regionales. Pero es extraño que la ejecutiva del PP diga que solo las autonomías gobernadas por los socialistas piden reformas. Se olvidan de que su propio fundador, Manuel Fraga Iribarne, el hombre que tiene el Estado en su cabeza , quiere que se considere a los presidentes autonómicos como parte del Estado en sus respectivos territorios, reclama la administración única. Adaptarse a los nuevos tiempos es siempre una tarea útil y beneficiosa. El mismo PP que hace nada exigía la inclusión de la referencia cristiana en la Constitución Europea, acaba de borrar de golpe a la Democracia Cristiana que fue uno de sus socios fundadores. ¿Qué dice a eso el Cardenal Rouco Varela?
El futuro no espera. Reforzar lazos entre Galicia, Extremadura y Andalucía con Portugal es lo más normal del mundo y así sucede con ambos lados de los Pirineos donde Cataluña y el Languedoc francés pueden hacer muchas cosas juntos en beneficio de ambos y sus culturas comunes. Lo mismo puede decirse de Aragón, Navarra o el País Vasco con sus vecinos del Bearn o Pays Basque, del otro lado de la cadena montañosa.
Para quien crea que España no existe o que la bandera española no le representa, que vayan a un partido de fútbol España-Alemania o España-Italia o cualquier otro encuentro entre nuestro país y otro. Y lo mismo sucede si es la Copa Davis o un partido de baloncesto. Algunos ya estamos en el nivel de pensar europeo. Que se mida la Unión Europea con Estados Unidos y Japón no significa que no seamos amigos sino que nos gusta el deporte y la deportividad. Para los que están todavía a nivel terruño, yo les pido que viajen más y verán como los cerros que les vieron nacer, no son un muro que les separa del resto del mundo sino una invitación a conocer al vecino. Las poblaciones catalanas que en esta diada se han negado a colocar la bandera española junto a la senyera como lo deberían hacer con la europea, solo han demostrado que están lejos del futuro que ya está aquí, en todas partes. Vivir con el rencor de una derrota –que no fue de castellanos contra catalanes sino de austriacos contra franceses- después de tres siglos, parece como si se hubiese producido una congelación del tiempo. Y no conozco catalán que no vaya por delante del futuro.
Extremadura está realizando un extraordinario trabajo de poner al día una de las regiones más desheredadas de España. Los esfuerzos por dar el salto a la sociedad de la telemática, nos parece loable. Juan Carlos Rodríguez Ibarra, con ese rostro y carácter de viejo conquistador gruñón, debería proseguir por ese camino, para que un día Extremadura brille como lo hizo cuando ofreció al mundo los hombres que dieron forma a un continente.




