Y al tercer día resucitó
Tanto reaparece en foros extranjeros que a petición del respetable, se le ha reclamado en la escena donde tantas jornadas de gloria cosechó. José María Aznar nos puede aclarar muchas cosas en su comparecencia ante la Comisión de Investigación del Parlamento. Los que dicen que no aporta nada se refieren a que repite machaconamente las mismas cuatro verdades suyas incorruptibles como el brazo de Santa Teresa. Para él no hay que investigar por qué nos metieron un gol del calibre de Atocha sino quienes aprovecharon los muertos para hacerse con el poder. No le interesa quienes son los autores intelectuales del atentado más brutal que se ha producido en Europa sino qué conspiración PSOE-ETA-AL QAEDA estaba detrás de todo eso para derribar un gobierno que tenía las elecciones del 14 M en el bolsillo aunque no con mayoría absoluta. El perder esta holgada posición que permitía al PP hacer lo que le diese la gana sin consultar con nadie, demostraba que las diferencias entre los dos partidos mayoritarios, eran muy pequeñas. Todo estaba en manos de los indecisos. Relean las hemerotecas de los días anteriores al de reflexión y lo comprobarán. Robar unas elecciones es lo que hicieron los Republicanos en Florida, en el 2000, o el PP de la Comunidad de Madrid con dos tránsfugas misteriosamente convertidos a la derecha. Habrá que seguir la pista de Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez para saber si era tanta la motivación ideológica o la económica las que les hicieron cambiar de chaqueta.
Eduardo Zaplana, con su sonrisa de seductor años veinte, ha repetido por activa y por pasiva que el PP estaría encantado de que se convocase a José María Aznar para declarar en la Comisión. Y cuando los componentes de la misma han solicitado que comparezca el ex presidente del Gobierno, se ha armado el revuelo. Nadie quería en el PP que apareciese Ánsar, como lo llamaba Bush, porque iba a complicar la maniobra de arrimo al centro que ha emprendido Rajoy con la sonora llamada hecha a Alberto Ruiz Gallardón a un papel relevante en el próximo Congreso. En cuando se ha citado a su líder carismático, Zaplana ha reclamado la presencia de José Luis Rodríguez Zapatero ante la comisión. Y lo ha hecho con la crispación propia del que ya consideraba que había conseguido evitar la imagen de un personaje homérico sentado en el lugar de los comparecientes donde se reclama ¡que acudan los confidentes!!! Todo el mundo se preguntaba qué podía aportar el entonces líder de la oposición y si lo que dijese era tan importante como lo que declarase el jefe del Gobierno en aquellas fechas. Por ejemplo ¿por qué no convocó el Pacto Anti-Terrorista o el Comité de Crisis, como es preceptivo en un caso así? ¿Por qué no se había previsto aumentar los efectivos especializados de las Fuerzas de Seguridad en materia de lucha contra el terrorismo islamista? Pero Zaplana, que pensaba que no se pediría la comparecencia de Aznar, ha visto como el farol se lo han apagado y replica que quiere la presencia de Zapatero como pequeña revancha. Pedir que acudan también los confidentes, además de ser imposible por las consecuencias que ello traería en la investigación judicial en curso, sería colocar a Aznar en una posición todavía más delicada. Si la foto de Vera y Barrionuevo en la entrada de la cárcel fue regocijante para el PP, imaginemos que sería que José maría Aznar se sentase en el asiento calentito que habrían ocupado antes unos chorizos como suelen ser los confidentes de la policía. Al no haber razones para citar a Rodríguez Zapatero, Zaplana se saca de la manga que el entonces líder de la oposición telefoneó a directores de medios de comunicación para contarles mentiras (sic). ¿Qué mentiras podía contar? ¿Qué los responsables de Atocha eran los islamistas como venganza por nuestra participación en la Declaración de las Azores y nuestra entrada en guerra al lado de Gran Bretaña y EE.UU.? Se ha demostrado, sin ningún lugar a dudas, de que no era mentira. Lo que sí es cierto es que quien llamó personalmente a los directores de los más importantes medios de comunicación, quien telefoneó a los corresponsales extranjeros acreditados en España en un gesto que no se producía desde que Fraga fuese Ministro de Información y Turismo, y avisó a nuestras embajadas por medio de Ana Palacio, de que la responsable de la matanza era ETA, fue Aznar. ¿Y alguien duda de que fuese mentira lo que decía el PP sobre la autoría del atentado?
Como no funciona la tesis de que ETA estaba implicada, el PP insiste en las conexiones. Se ha querido saber hasta qué encuentros se han podido producir entre etarras es islamistas en el patio de las cárceles. Se quiere acusar a ETA del asesinato de miembros del CNI en Irak. Cualquier cosa menos reconocer los riesgos a los que se había sometido a España por la voluntad de un caudillo carismático y la falta de previsión sobre la réplica que se produciría por parte de Al Qaeda o sus franquiciados. En definitiva, al PP le importa un comino que se analicen los errores cometidos hasta llegar al 11 de Marzo de 2004. Lo que importa es por qué y como se les robó la victoria en las elecciones del día 14. Todos recordamos como, en tiempos de Felipe González y de los GAL, el PP acuñó la expresión del ventilador que distribuiría culpas a todo el mundo para confundir y salvar a los culpables del PSOE. Ahora se pretende poner en marcha el mismo ventilador y se llega a acusar a los servicios secretos de Marruecos, asociados a los islamistas y a los etarras, de que, según el PP, se entrenaban en Afganistán y han actuado con los terroristas de Bagdad para asesinar a los miembros del CNI. Moratinos, durante años representante de la Unión Europea en Oriente Medio, avisó a Jorge Dezcallar de que el atentado era obra de los islamistas. Y lo hizo el mismo día 11 de Marzo. No debe de ser difícil corroborar la veracidad del hecho con el actual embajador en el Vaticano.
Hacer que el ventilador alcance Marruecos cuando se sabe que sus servicios secretos nos avisaron del inminente ataque, parece demencial. ¿No éramos ambos países íntimos amigos de Bush? Después del episodio de Perejil, Rabat debió de comprender que no se debía hostigar a José María Aznar gozando de semejante protección. Eso se contradice con la teoría de la conspiración del PP. Hemos llegado a recomponer nuestras relaciones con Francia y Alemania y, de forma espectacular, con Marruecos. ¿Quién hubiese dicho hace un año que tendríamos fuerzas hispano-marroquíes que acudirían juntas a una misión de pacificación en Haití después de la crispación creada por el PP con nuestros vecinos del Sur, unos vecinos que habitan a 14 Km. de nuestras costas y del que tenemos una importante colonia de inmigrantes instalados entre nosotros? El rey recibió a Rodríguez Zapatero para almorzar, gesto excepcional que ha venido a demostrar lo ansioso que estaba el reino alauita de restablecer buenas relaciones de amistad entre los dos países. Lo dijimos una vez que se cazan más moscas con miel que con vinagre. De todos modos, José María Aznar no parece muy satisfecho con el rumbo de toma su partido y si él estaba dispuesto a salvar a España de un destino de mediocridad, podemos imaginarnos lo que su regreso a la política podría hacer para el partido de la gaviota.




