24 Septiembre 2004

Dos redacciones de colegio

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 13:01

Es increíble la virulencia con la que han saltado los corifeos del PP, a la hora de enjuiciar el discurso de José Luis Rodríguez Zapatero en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York. Si algún reproche se le puede hacer es haber resucitado las palabras paz y diálogo en un ágora internacional donde no todo el mundo necesita pedir un metro para medir su hombría. Se acusa a ZP de volver a los tiempos hippies (Martin Prieto), de no hablar inglés para enterarse de por donde va el mundo (Francisco Marhuendo), de confiar en la igualdad de las mujeres para derrotar al terrorismo (Carrascal), etc….Los mismos que no esbozaban una sonrisa cuando Aznar decía hablar catalán en la intimidad, los que no han dicho nada del macarrónico discurso de Georgetown, que nadie que sepa inglés podía entender, se han ensañado con Zapatero y su conocimiento de la lengua de Shakespeare, pero se defiende mejor en francés. De todos modos, lo irá aprendiendo como hacía Aznar en la Moncloa que tenía profesor de inglés a primera hora de la mañana.

Pero dejemos el dominio de idiomas por parte de nuestros presidentes de gobierno y metámonos en el análisis del discurso de Rodríguez Zapatero en la ONU y la Lección Magistral de José María Aznar en la Universidad de Georgetown. Nuestros ínclitos políticos de la derecha se han reído del que llamaban antes de que ganase las elecciones, Bambi. No están de moda las utopías. Y sin embargo no hay que confundir utopía con quimera. Lo primero se puede acabar obteniendo. Lo segundo no. Era una utopía pensar que el hombre vencería enfermedades tan banales como la poliomielitis. Y se ha vencido en los lugares donde se ha dispuesto de dinero para vacunar a toda la población en edad de contraerla. Llegar a volar o ir a la luna han sido otras tantas utopías que se han convertido en realidades. El que desaparezca el hambre de la Tierra, no es para reírse sino para arrimar el hombro, se sea del partido político o de la religión que se sea.

La mujer es un factor de equilibrio y de templanza en cualquier sociedad avanzada. Siempre he dicho que el día en que las mujeres vayan a las tabernas con sus maridos en América Latina, los riesgos de revolución disminuirán drásticamente. Cuatro hombres con copas son capaces de servir de germen a una sangrienta insurrección. Si las mujeres están ahí para acompañarles a casa a dormir la mona, en camino les recordarán que están comprando a plazos una parcela de tierra, que no han recogido el grano o que los chicos empiezan las clases pasado mañana. Una vez sobrio, ese hombre se habrá olvidado de sus violentas revoluciones. Si la mujer carece de igualdad de derechos, carece del peso que tiene en nuestras sociedades más adelantadas y, por consiguiente, de contrapeso a muchos exabruptos masculinos que nos produce la testiculina, el atraso está garantizado. Ya escucho las críticas que me van a llover como le han llovido a Rodríguez Zapatero. “¡Ladran, luego cabalgamos!”.

Personalmente considero que solo hay una Civilización que los países van pasando de unos a otros como la antorcha olímpica. Pero Huntington, Rodríguez Zapatero y Aznar consideran que hay varias civilizaciones. La India inventó el “cero” que tanto gusta al PP, pero fueron los árabes los que lo trajeron a Europa. Y con ello se hicieron los caculos para llevar un hombre a la luna, no con los número romanos. Cuando pienso que la química, el álgebra, la agricultura, los baños públicos, los perfumes, las especies, la filosofía griega olvidada, nos fueron traídos al mundo occidental por los árabes musulmanes, no entiendo ese aire de superioridad de los neocons convencidos de que han heredado el mundo por derecho divino, solo porque son blancos, cristianos y americanos. Y a estos les acompañan una serie de occidentales de viejo cuño pero beatíficamente admirados por la filosofía del aplasta a tu rival antes de que te aplaste a ti. La supervivencia a cualquier precio es un punto favorable para cualquier ejecutivo ambicioso en el mundo de hoy. No es de extrañar que el discurso de Rodríguez Zapatero en la Asamblea General de las Naciones Unidas, no tenga más que risas mal contenidas por parte de todos los partidarios de la realpolitik, esos que sostienen que para acabar con el terrorismo basta con las bombas inteligentes y los cinematográficos marines. Y están haciendo el ridículo en Irak y siguen echando la culpa a la retirada de las tropas españolas de aquel país. Prostituyendo palabras, el gobierno del PP decía que estábamos allí en Misión Humanitaria, para reconstruir lo que los libertadores han destruido y siguen destruyendo. Condescendientes, como solo ellos saben hacerlo, los del PP se han reído de la ingenuidad de Rodríguez Zapatero. Lo llaman Gandhi casi como si lo insultasen. Algunos hablan de Zapatero en el País de las Maravillas. Y Zaplana, ese galán de cine años 20, enriquecido al calor de Benidorm, habla de redacción de colegio. Bueno, pues hablemos de colegio……

Hubo, durante el franquismo, unas generaciones de jóvenes españoles a los que se les intentó entusiasmar con la Reconquista. Nuestro Oeste y nuestros cow-boys se abrían paso hacia el Sur. Los indios eran moros (muchos se olvidan que moro no significa musulmán sino aquel que no ha sido bautizado, aunque sea sueco). Se construyó la epopeya de Clavijo, Covadonga y Santiago Matamoros. Una historia que me chocaba viniendo yo del racionalismo francés y de su escuela pública. El Cid, la manera de vengar el honor de su padre liquidando al futuro suegro, pidiendo explicaciones a un rey en Santa Gadea, todo aquello me parecía increíblemente descosido y rancio. Y aquellos castellanos viejos, luchando a brazo partido con unos repulsivos musulmanes, así pintados en los comics, hasta echarlos fuera de España, junto con judíos de nariz proeminente, que celebraban banquetes comiéndose niños cristianos, era la Historia de España más unilateral que podía darse. Yo, obligado a hacerme el bachillerato español entre un lunes y un viernes (incluyendo el examen de Reválida) porque no se me convalidaba el bachillerato francés, alucinaba con aquella lista de reyes godos cuyos nombres me recordaban la Alemania que yo conocí como ocupado en Paris. Alarico, Wamba, Roderico, Ataulfo……¿aquellos eran españoles? ¿Se puede decir, sin que nos salgan los colores, que ya existían españoles como tales cuando nos invadieron los árabes? ¿De verdad alguien se cree en España que quienes cruzaron el Estrecho no tenían apoyo de las poblaciones de la Bética? El esplendor que aportaron los árabes a España y los judíos a Sefarad fue extraordinario. Solo el señor Aznar, convertido en eximio profesor políglota de una Universidad, católica por supuesto, a la que años antes, quizá preparando el terreno, obsequió con jugosas becas que pagamos todos, puede estar convencido de que los cristianos nos lavábamos más que los moros. Córdoba tenía 900 baños públicos cuando no había ninguno en Paris, Burgos o Londres. La intolerancia estaba del lado cristiano no de los musulmanes o los judíos que, precisamente en Andalucía, desarrollaron las formas más respetuosas con la otroridad tanto del Islam como del Judaísmo. Los reyes de entonces lo eran de Las Tres Religiones.

Creo que José María Aznar (apellido de orígen árabe), debería haber remontado en su exposición, a antes de la invasión musulmana para explicar el tiempo que estuvimos luchando contra el terrorismo. ¿Qué les parecen los 200 años de resistencia contra el terrorismo romano y la brillante defensa de lo español por parte del lusitano Viriato? De todos modos, los estudiantes americanos, en materia de geografía e historia, no son demasiado exigentes. Si encima se les cuenta esa historia en el inglés de Aznar, ya tenemos el cacao cerebral de los futuros políticos de Estados Unidos, en la tradición George W.Bush. Y un método ideal de conciliar el sueño.

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