Dos papás y dos mamás
Ya lo dije en otro artículo, cuando dos simpáticos homosexuales gaditanos ganaron una casa en un concurso de Telecinco por más de un 75% de los votos de la audiencia. Y el mismo público eliminó a Mónica, una virgen que se acostaba con el novio pero rechazaba las relaciones prematrimoniales desde hace varios años. ¡Cuestión de mortificarse ambos! Este país es irreconocible y la prensa extranjera se hace eco de estos cambios, destacando que la ley permite el matrimonio de homosexuales y lesbianas y la adopción de hijos por parte de los mismos por lo que es una legislación más avanzada que la holandesa y la belga, los únicos antecedentes que existen en el mundo. Quienes hemos convivido con tres generaciones de compatriotas, cada 25 años y tenemos hijos e hijas, hemos visto asombrados como la sociedad española ha ido siempre por delante de sus gobernantes. Recuerdo haber escrito en 1968, que la frase acuñada por Manuel Fraga Spain is different (España es diferente) era un buen eslogan publicitario para nuestro turismo pero pretendía mantenernos permanentemente en minoría de edad y tutelados. De aquellas novias nuestras que tenían que estar a las 10 en casa, lo que llenaba los burdeles a partir de esa hora, hemos pasado a la igualdad de horarios para ellas y ellos, a las relaciones prematrimoniales y hasta parejas de hecho sin intención de sacralizar unos lazos afectivos. De no tener derecho a disponer de una cuenta corriente o un pasaporte sin autorización paterna o marital, la chica ha pasado a ser totalmente independiente y ser mayoría en las aulas universitarias.
Quizá una de las cosas que más me han llamado la atención es que el Partido Popular solo objeta sobre el tema de la adopción. Pero es un cambio importante en la mentalidad de la derecha española que parece decidida a escuchar más la voz de la sociedad y menos la de la Conferencia Episcopal. Los que criticaban el seguidísmo de Rodríguez Zapatero detrás de las pancartas, se han dado cuenta de que si se quiere representar una parte substancial de la sociedad, es preciso escucharla y actuar en consecuencia. El mismo Mariano Rajoy está pidiendo a sus gentes que salgan a la calle y que escuchen lo que dice el pueblo. Todo un giro con relación a José María Aznar encastillado en su esplendida soberbia. Para él, como para Bush, el dirigente es el que sabe lo que le conviene al pueblo. Es la vieja polémica de si vale más el voto de Ortega y Gasset que el de un peón caminero analfabeto. Y ahí está la grandeza de la democracia, que ambos tienen preocupaciones, familias, agobios, aspiraciones y su voto, dentro del escrutinio universal, representa la media y se aproxima a la realidad. Una democracia no se juzga por cómo trata a sus mayorías (¡faltaría más!) sino como se preocupa de sus minorías. Y para ayudar a estas, es necesario el voto de todos. Pero si Rajoy quiere renovar las ideas del partido que lidera, se encuentra con tremendistas como Ángel Acebes que mira hacia los albores de 1936 echando la culpa de nuestra guerra civil a la izquierda y no a los militares que se sublevaron contra una República que habían jurado defender.
Como era de esperar, una Iglesia con frecuencia retrógrada, ha saltado a la palestra. No solo defiende sus privilegios económicos sino las armas de que dispone para que las mujeres, especialmente las madres de familia, sean las mayores defensoras de la sotana. Han visto una nueva mujer que respeta lo que de respetable tiene el cristianismo pero que usa los medios anticonceptivos porque ya no se cree que el fin de la sexualidad sea exclusivamente la procreación. La baja natalidad española, que con Italia ocupa los últimos lugares de la estadística mundial, demuestra claramente que el creced y multiplicaos tiene que tener un límite y lo hemos alcanzado. Y esa limitación voluntaria del número de hijos explica el desarrollo de nuestras sociedades. Son los países subdesarrollados los que tienen un número elevado de hijos, precisamente porque las condiciones de vida van a exigir un elevado número de muertes prematuras.
Como era de esperar, todos los sectores que caminan detrás de la sociedad y sirven de camarillas de la Iglesia Católica, se han precipitado para echarse las manos a la cabeza, al enterarse de que la ley que permite el matrimonio entre homosexuales, iba a ser aprobada. Como así ha sido a falta de que pase por el BOE. Se habla de que solo dos países atrasados como Holanda y Bélgica han admitido el matrimonio entre homosexuales. Se olvidan que en cualquier avance de la Humanidad, siempre ha habido países punteros. Que si hubo un tiempo en el que se decía que la masturbación ablandaba el cerebro o salían pelos en la palma de las manos, ahora en La Razón, Cristina López Schlichting, después de explicarnos lo del amor tiernísimo de la madre nos cuenta que, sesudos estudios norteamericanos, sostienen que los hijos de homosexuales o lesbianas salen maricones y tortilleras. De un país que está a la cabeza del integrismo cristiano, como son los EE.UU., se podía esperar una memez de ese calibre. Esta colega se olvida señalar que en muchos Estados de la Unión, la sodomía dentro del matrimonio está castigada con cárcel y que en otros muchos ¡no está permitido el uso del bidé! Siempre repito que contra la ignorancia está el viajar. En la India pasé una semana con los Tarús, un matriarcado de la selva del Bankatti, en las faldas del Himalaya, que se formó porque los hombres presentaron batalla a los mongoles en el llano y previamente escondieron sus mujeres e hijos pequeños en la selva. Al ser derrotados, las mujeres reorganizaron su vida social casando a los adolescentes de 12 o 13 años con las mujeres mayores que estaban cerca de la menopausia y así, desde el siglo XVIII, se perpetúa el matrimonio de mujeres mayores con jovencitos varones, por tradición. Aunque se ha restablecido el equilibrio de edades entre ambos sexos, se sigue manteniendo la costumbre de que la mujer sea mayor que el marido y mande sobre este. En la misma India, las familias pobres no pueden reunir dotes suficientes para comprar esposas a cada uno de los hijos. El resultado es que el mayor se desposa con la mujer adquirida y los hermanos, que han aportado su esfuerzo económico, disfrutan de la misma mujer que el primogénito. Eso se llama poliandria. Las sociedades siempre encuentran formas de solucionar los problemas, al margen de autoridades religiosas. La familia poliándrica se compondrá así de una madre y de varios padres sin que el niño o la niña sufran trauma alguno. No padece el desarrollo emocional de los pequeños. Hay islas del Pacífico donde se permite el matrimonio a prueba sin causar el menor escándalo.
¿Ha pensado la gente bienintencionada en los resultados que produce la educación de un niño o una niña en una inclusa, en un orfanato? ¿Qué fue de Marcelino, pan y vino criado con los frailes? ¿Acaban siendo monjas o curas según con quien se críen? ¿Las practicas homosexuales de algunos sacerdotes católicos (se ha visto masivamente en EE.UU. y en menor medida en Europa) han producido homosexuales? En las Iglesias protestantes donde está admitido el matrimonio de sus pastores, no se han producido tantos casos de pederastia homosexual.Cuando la Iglesia habla de lo que es natural o no, se olvida de la propia represión a la que se somete a sacerdotes y monjas y que va contra-natura. Un homosexual o una lesbiana, un cura o una monja, por el hecho de serlo, ¿deja de tener instinto paternal o maternal? En 1966 me casé con una anglicana, fallecida 11 años más tarde. La iglesia española me exigió que ella se convirtiese y firmase que los hijos se educarían en la religión católica. Rechacé la imposición y me fui a casar a Francia, a Biarritz concretamente, en la Iglesia de San Marcos, donde el cura católico nos dio todo tipo de facilidades. Por la tarde, en Bayona, el Consulado General de España le daba la nacionalidad española a mi mujer. Dos Iglesias que, aparentemente, eran la misma, reaccionaron de forma totalmente diferente según se tratase de un lado de los Pirineos o del otro. Ahora discuten la subvención millonaria a la Iglesia española alegando que la mayoría somos católicos. Siento contradecirles. En Francia, el culto católico se mantiene con los dineros de sus fieles y son bastante más numerosos que los católicos españoles. Creo que la Iglesia española debe dejar de entrometerse en la vida privada de los ciudadanos, tanto la económica como la privada. Y dejar de considerar las inclinaciones sexuales como enfermedades o desviaciones perversas, pecados mortales. ¿Cuantos obispos hacen la vista gorda cuando se enteran de que tal cura ha tenido relaciones con un parroquiano adolescente y varón, y se limitan a amonestarle y cambiarle de parroquia?
Y si bien es razonable pensar que es mejor tener padre y madre, en muchísimos casos, la vida y sus circunstancias lo impiden. Vean todas las viudas de guerra que han criado solas a sus hijos y otro tanto cabe decirse de las madres solteras, las abandonadas o las abuelas. Han criado gente estupenda. Probablemente estén más traumatizados los hijos e hijas de matrimonios acostumbrados a ver al padre pegar y hasta matar a la madre. Es mejor que unos homosexuales o lesbianas adopten niños y los saquen de un orfanato a que se críen con un amor burocratizado.




