16 Octubre 2004

El péndulo de Rajoy

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 13:14

Administrar la derrota en un partido que no atribuye su descalabro más que a oscuras conspiraciones, no es tarea fácil. Y se ha demostrado desde los tiempos del PSOE, cuando Felipe González y Alfonso Guerra mantuvieron un pulso gracias al cual perdieron los dos. Con el PP suceden cosas déjà vues, ya vividas por los españoles, especialmente por la clase política. No reconocer por qué se tropezó, es el mayor impedimento para levantarse del suelo. Hay muchos afiliados que consideran poco constructivo analizar las razones de una derrota porque eso pone en entredicho las líneas maestras marcadas por el líder. Esto ha sucedido con Felipe González y ahora con José María Aznar. Si el primero se creó enemistades con el famoso rodillo, si él y su gente estaban convencidos de que nadie iba a reconocer la España que iban a transformar de cabo a rabo, por el lado del segundo, la prepotencia no le ha ido a la zaga. La política de la crispación, inaugurada por Aznar cuando estaba en la oposición, ha llegado a influir hasta en lo que hoy se llama telebasura. Para triunfar basta con ser áspero y gritar más alto que los demás. Me gustaría saber si no se hubiese podido gobernar o hacer oposición con más finura, con el uso del estilete en lugar del cuchillo de despiece de los matarifes. Recomiendo ver la obra de teatro La Cena en la que dos políticos franceses, Joseph Fouché y Charles Maurice de Telleyrand se disputan los despojos de Francia después de la derrota de Waterloo con una inteligencia y sagacidad desconocidas en nuestras latitudes. Un Carmelo Gómez, magnífico como Jefe de la Policía de cuatro regímenes políticos diferentes y un superviviente de la diplomacia a caballo entre los siglos XVIII y XIX, dan prueba de un cinismo inteligente que contrasta con algunas frases desgraciadas de nuestros políticos de hoy. “Ahora que estabas tan bien calladito, has vuelto a meter la pata”. le dijo Esperanza Aguirre a Alberto Ruiz Gallardón en la recepción que siguió al desfile del Día de la Hispanidad. Una frase digna de los Hermanos Quintero.

Mariano Rajoy puso de telonero del Congreso Popular, a Ruiz Gallardón, probablemente porque quería restar peso y equilibrar el rotundo integrismo y cerrazón de Aznar que –lo sabía muy bien el actual líder del partido– iba a querer enfervorizar a sus huestes y señalarles el camino de la salvación del hombre providencial que ha hecho lo que ha querido durante ocho años de gobierno bajo su batuta. ¿Quién olvida los No toca que llegó a aplicar al Jefe del Estado cuando este quiso acudir a Cuba para celebrar el centenario de su independencia de España? ¿Si el Papa había ido por qué no podía Juan Carlos I acudir a La Habana y festejar el centenario de la pérdida de la hermosa isla caribeña? Hasta Manuel Fraga acude a ella y nadie se los toca.

Alejarse de la desagradable imagen de un hombre dispuesto a enfadar a todos sus compatriotas para sacarnos del oscuro rincón de la Historia, que pide a sus compatriotas que dejen de ser graciosos para ser serios y pone el listón de la seriedad en George W.Bush cuando ambos ponen los pies sobre la mesa, se fuman un puro y disputan quien es el más rápido corriendo, ha sido quizá lo que pretendía su sucesor poniendo a Alberto Ruiz Gallardón de frontispicio del XV Congreso del PP. Pero el problema es que el calibre utilizado por el alcalde de Madrid, preguntándose si su partido no habría cometido algún error que explicase la pérdida de las elecciones, no se corresponde a die gross artillerien, como se dice en alemán macarrónico, de Ángel Aceves y José María Aznar que tenían la última palabra. No se han equivocado en nada, no pueden equivocarse estando dotados de infalibilidad. Procure siempre acertalla/el honrado y principal; / pero si la acierta mal/, defendella y no enmendalla”. Como recuerda oportunamente Eduardo Haro Teglen citando Las Mocedades del Cid.

No era la intención de Rajoy que la extrema derecha masacrase a Ruiz Gallardón sino poner rumbo al centro desde el inicio del congreso. En la encuesta realizada a nivel europeo sobre las elecciones americanas, el 56,5% de los afiliados al PP considera que la intervención militar en Irak no estaba justificada. Y eso, ya lo sospechaba Rajoy antes de darse a conocer este sondeo. Pero luego, tras las intervenciones de Acéves y Aznar, traicionó al telonero pidiendo concordia en un combate desigual entre el Alcalde de Madrid y Esperanza Aguirre, la Presidenta de la Comunidad madrileña. Si no eS fácil la cohabitación entre una comunidad del PP y un gobierno central del PSOE, lo es todavía menos entre el primer mandatario de la capital y la émula de Margaret Thatcher cuando empiezan por disputarse el Estadio de la Peineta. Para un hombre que quiere las olimpiadas de 2012 para Madrid, no va a ser fácil tragarse este sapo y sentirse corregido por un Aceves que, en política, tiene su suerte unida a defender lo que defiende José María Aznar, en su Memoria escrita y sus discursos tremendistas. A Mariano Rajoy solo le queda utilizar el viento según sopla. Ser gallego, ayuda. Y a Ruiz-Gallardón esperar mejores cartas: Paciencia y barajar.

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