El tocapelotas
Yo fui a Cuba en Julio de 1957, con visado de turista. Para entrevistar a Fidel Castro en Sierra Maestra, donde estaba con un centenar de hombres rodeado por 16.000 soldados batistianos, no iba a solicitar un visado de periodista y exponer mi deseo. En Estados Unidos, los periodistas, en mi tiempo, teníamos un visado especial con la letra “I” que nos permitía trabajar en el país. A los tres meses de estar en la isla, caducaba mi visado y para extender su validez, tenía que acudir a una Comisaría de Policía. Como yo estaba ya en contacto con gentes de la revolución que vigilaban mis pasos para saber si era un periodista de Paris-Match, y hacían comprobaciones en la capital francesa, no era aquel el momento oportuno para que se me viese entrar en un centro policial. Hubiese estropeado mi reportaje antes de empezarlo. Decidí correr el riesgo de ser ilegal en Cuba y salir más tarde como pudiese. Tampoco fui a la Embajada de España para no comprometer al embajador Juan Pablo de Lojendio y evitar que, siendo íntimo amigo de Batista, intentase disuadirme de subir a la Sierra.
Once meses más tarde, después de cubrir ampliamente la revolución en la Sierra y en el Llano, con mi material publicado en Paris pese a que pedí que lo retuviesen hasta mi salida de la isla, caí en manos del Buró de Investigaciones. Sintiéndome en peligro tras la publicación en la revista BOHEMIA de las fotos que le vendió Paris-Match, acudí a la Embajada de España para pedir ayuda. Quería que me sacasen de la isla llevándome en automóvil oficial hasta la escalerilla del avión de Iberia. El embajador no me quiso recibir y por boca del Vicecónsul Joaquín E. Thomas, me hizo saber que puesto que trabajaba para un semanario francés, fuese a pedir ayuda al embajador de Francia. Este me recibió muy amablemente. Regresando de Sierra Maestra, al hombre le interesaba lo que le contaba con el fin de redactar un soberbio informe al Quai d´Orsay. Pero cuando llegó el momento, se excusó por no poder ayudarme pues si era verdad que trabajaba para una prestigiosa publicación de su país, también era cierto que mi pasaporte era español. Tuve que ir a pedir ayuda a la Embajada de Estados Unidos y allí, en la sala de espera repleta de chivatos, la policía secreta detectó mi presencia cuando me llamaron por los altavoces en mi segunda visita. Salí corriendo sin enterarme de la respuesta de Washington. Una hora más tarde estaba preso. Lojendio acabó salvándome una semana más tarde pero rehusó recibirme cuando quise darle las gracias. Me reprochó no haberle visitado antes de subir a la Sierra porque me hubiese organizado una cena con su amigo Batista. Mi semanario, con el fin de ser imparcial, cubrió el lado presidencial con Michael Duplaix de redactor y Paul Slade de fotógrafo. Dos celdas más lejos de la que yo ocupé en el Buró de Investigaciones, el periodista ecuatoriano Bastide, fue castrado y murió sin que nadie moviese un dedo.
Después de contar todo esto, quiero comentar la aventura de Jorge Moragás y dos parlamentarios conservadores holandeses que han ido a Cuba a tocarle las narices al Presidente del Gobierno español, de su gobierno, Rodríguez Zapatero a la vez que hacerle cosquillas a Fidel Castro. Su rostro de felicidad del niño travieso Moragás, al regresar a Barajas, y la grabación de su conversación con el policía que le ordenaba regresar a España, muestran a las claras que se trataba de fastidiar la nueva política que Moratinos quieres impulsar en Bruselas con relación a Cuba. Todo ha sido una trampa para que el PP se marcase un tanto en su labor de oposición a la política exterior de nuestro país. Nada parecido sucedió del lado de la oposición socialista cuando Aznar impuso su criterio en Bruselas para que se invitase a los disidentes cubanos a las recepciones de las embajadas de la UE con motivo de las fiestas nacionales respectivas. Y el embajador Carlos Alonso Zaldivar ha cumplido lo acordado en Bruselas, aunque el gobierno actual haya declarado que no ha servido para nada la decisión que tomó la UE en tiempos de Aznar. Los 75 presos políticos siguen su calvario. Pero hay cosas más graves que no han sido analizadas en lo referente a los embargos. Soy lo bastante viejo como para haber vivido la retirada de embajadores de Madrid y el embargo de gasolina a España. Por supuesto que nunca faltó ni comida y carburante al dictador pero los demás se las ingeniaban con el gasógeno para sus vehículos y la cartilla de racionamiento. Si no fuese por la ayuda argentina de Perón y Eva Duarte, hubiésemos pasado más hambre. Pero en el Pardo no se hubiesen inmutado.
Los más de 40 años embargo por parte de los Estados Unidos al régimen de Fidel Castro, solo han conseguido reforzar la posición del Comandante y hacer la vida más miserable para los ciudadanos de la isla. La ayuda de sus familiares de Florida y las visitas que los de Miami hacían a quienes siguen en la isla, ha sido recortada drásticamente por George W.Bush como si eso causase daño personal a Fidel Castro y su régimen. No hay que ser un lince para saber que con un puñado de dólares, muchas familias sobreviven al racionamiento en Cuba. Desde el embargo impuesto a Irak, más de medio millón de niños iraquíes han fallecido por desnutrición mientras el dictador se construía un palacio tras otro y todos a cual más lujoso. No conozco un país que haya padecido un embargo y que este haya dado los frutos deseados. No se ha derribado ninguna dictadura con esa estrategia. Los del PP hablan del éxito del fin del apartheid en Àfrica del Sur. Lamento contradecirles. Cuando trabajaba en el programa de Los Reporteros de Televisión Española, realicé un programa en dicho país que ocupó una hora de emisión. Durante varias semanas contacté libremente con la población, del color que fuese y presentí que faltaba poco tiempo para que la vieja generación afrikáans tirase la toalla. Mientras, en los hoteles de Salisbury (hoy Harare), entonces capital de Rhodesia del Sur (ahora Zimbabwe), las relaciones sexuales interraciales se saltaban las prohibiciones de Àfrica del Sur durante los fines de semana, fuera del país que disponía de bancos para que se sentasen por separado las razas, a pocos kilómetros, la coexistencia era absoluta.
Las Naciones Unidas deberían prohibir cualquier intento de cambiar un sistema político por medio de la coerción. Las condiciones que se impusieron a Sadam Huseín por el Consejo de Seguridad (alimentos y medicinas por petróleo) solo ha servido para que los especuladores occidentales se lucrasen a costa del hambre y la salud de los niños de Irak. Lo que el señor Moragás pretendía con su bufonada era ser expulsado para demostrar lo malo que es el régimen de Castro y, principalmente fastidiar al gobierno de España. El haber avisado a Asuntos Exteriores de su intención de ir a entrevistarse con los disidentes cubanos, es la principal prueba de que sus intenciones eran aviesas. Si quería tener éxito en sus entrevistas con los familiares de la oposición interior cubana, debería haber hecho lo que hice yo hace 47 años.




