EEUU contra la gripe
El 24 de Octubre de 1929 se produjo el crach de la bolsa de Nueva York y se arruinaron las mayores empresas del país. Empezó entonces lo que se llamó la gran depresión. Las fábricas cerraban y millones de americanos se encontraban sin trabajo, se perdían los pequeños negocios y se vendían las casas. El capitalismo salvaje había conseguido desbordar las frágiles barreras del Estado. El no intervencionismo del gobierno había permitido llegar al suicidio de banqueros y empresarios que saltaban desde las ventanas del Waldorf Astoria.
En 1928, el demócrata Franklin Delano Roosevelt había ganado la elección a Gobernador del Estado de Nueva York y aplicó remedios intervencionistas que mitigaron el daño que el crach había producido en el tejido empresarial y laboral de su zona. Pronto se vio impelido a difundir en todo el país sus políticas que no eran más que una razonable intervención en materia de ayudas a la población necesitada y de creación de obras públicas que venían a reanimar la actividad empresarial. En 1932, cuando la depresión era más fuerte en Estados Unidos, fue elegido presidente y emprendió las reformas necesarias para poner en pié a sus conciudadanos. Un hombres con incapacidad debido a una poliomielitis que le tenía en silla de ruedas, desplegó una actividad febril ordenando obras públicas que dieron trabajo a los hombres y resucitaron cientos de empresas. La Tennessee Valley Authority (1933) fue una iniciativa del presidente Roosevelt de poner bajo un mismo mando un centenar de organismos que intentaban infructuosamente de canalizar los desbordamientos del río Tennessee, domarlo para obtener electricidad, regular su curso para que la navegación fuese posible en toda su longitud y favorecer unas poblaciones que abarcaban siete Estados de la Unión (Alabama, Georgia, Kentucky, Mississippi, Carolina del Norte, Tennessee y Virginia). La Seguridad Social limitada que creó Franklin D.Roosevelt no solo se correspondía a las similares organizaciones de Europa y Australia sino que en el caso de Estados Unidos venía a permitir al país salir de la miseria en la que un capitalismo salvaje lo había sumido.
En nuestros días se ha vuelto a creer que los mercados se regulan por sí mismos. Hay suficientes salvaguardias para que no vuelva a producirse un crach como el del 29 pero, sin embargo, dejar al mercado regularse a si mismo ofrece peligros a nivel humano que son inaceptables. Un hombre rico, el más rico del mundo, Bill Gates, asociado con España, con el médico barcelonés Pedro L. Alonso del Hospital Clínico de Barcelona y con tecnología GlaxoSmithkline Biologicals, han conseguido una vacuna contra la malaria que ha sido efectiva en el 58% de los casos más graves. Por supuesto que este tipo de investigación altruista no motiva a los grandes laboratorios que prefieren investigar cremas para eliminar las patas de gallo de las señoras o alargar los penes de los caballeros. Solo la alianza de la iniciativa privada desinteresada, las organizaciones internacionales dependientes de la ONU o, en este caso, del Hospital Clinic de Barcelona, permiten dar esperanza a los enfermos de una plaga que se lleva millones de africanos cada año. Tenía que ser el denostado Bill Gates el que sustituyese la unión de gobiernos de países desarrollados para luchar contra lo que el mercado no tiene interés en combatir.
El 8 de Octubre, mi Ambulatorio de la S.S. de la Ciudad de los Periodistas, me puso mi vacuna contra la gripe. Un año antes, además de la antigripal tuve derecho a la de neumococos que sirve varios años. Todo ello gratis, sin empujones ni sobresaltos por ser una persona de alto riesgo. Desde los 65 años, todos los españoles, enfermos crónicos o con posibilidades de coger la gripe, tenemos derecho a ello en prioridad. Pero también disfrutan de esa gratuidad, a continuación, los demás ciudadanos que acuden a su Ambulatorio y la soliciten. Esto no les ocurre a los ciudadanos estadounidenses. Dos laboratorios, uno en su país y otro en Gran Bretaña, se encargaban de la fabricación de la vacuna antigripal. Desgraciadamente se olvidaron del dicho inglés never put all your eggs in the same basket (nunca pongas todos tus huevos en el mismo cesto), y una contaminación de las cepas en el laboratorio del Reino Unidos ha dejado a la mitad de los Estados Unidos desabastecidos. El presidente George W.Bush, en su tercer debate con John Kerry, al ser preguntado sobre el problema, dio como solución el que la gente mayor de 65 que se encontrase bien, pues que no tomase su vacuna este año. Comunicó que personalmente no la iba a tomar. Y concluyó con la misma sonrisa con la que Arquímedes gritó ¡Eureka! al descubrir su Principio. Esto me recuerda que en cierta ocasión recomendó la tala de los bosques para evitar sus incendios. Aunque presumió de tener the finest medicine in the world (la mejor medicina del mundo), ni nos ganan en trasplantes, ni su medicina es gratuita puesto que 40 millones de sus ciudadanos no tienen siquiera Seguridad Social, ni las expectativas de vida en hombres o mujeres pueden compararse con las españolas que son superiores a las de ellos. Por supuesto que el libre comercio ha improvisado viajes a Canadá desde los Estados vecinos para hacerse vacunar del otro lado de la frontera. Para cruzar desde Oregon, por ejemplo, solo el viaje cuesta 100 dólares. En el mercado negro se han pagado 400 dólares la vacuna. Un gobernador estadounidense sortea las vacunas de que dispone entre las personas de alto riesgo y solo pueden participar los crónicos y los de más de 65 años. En España, la vacuna, para quienes tienen que pagarla, vale €7,36.
Si se es capaz de declarar ilegalmente una guerra y no saber qué hacer para administrar la paz, podemos imaginar que a nadie se le ocurrió en EE.UU. de que si se tienen dos fuentes de suministro de vacunas, una podía fallar y dejar a la mitad de la población que las necesita, sin suministro. Una vez más, las cosas se han dejado en manos del mercado “que se regula solo, sin necesidad de intervención estatal”.




