Un calamar llamado Aznar
Desde Atenas, existen formas de presentar el error como verdad en ejercicios harto conocidos por muchas escuelas filosóficas, especialmente católicas y comunistas, en los tiempos modernos. Desde el jesuita que obtiene permiso del Papa para fumar mientras reza simplemente pidiéndole que autorice a su congregación a rezar mientras fuma, hasta la dialéctica marxista que llega a la autoinculpación y que tanto éxito tuvo durante las purgas estalinistas. De todas ellas participa José María Aznar menos en la marxista. De autoinculparse, nada de nada.
Veamos. Noventa por ciento de la población española no cree la amenaza de Sadam Huseín para el mundo occidental ni su participación en el atentado de las Torres Gemelas, ni tiene relaciones con Osama bin Laden o Al Qaeda. Ni siquiera es más activista que Siria o Irán en la resistencia palestina contra Israel. Pero lo que se pide a la ONU, por parte de los países sensatos, es que se de más tiempo a los inspectores para llevar a cabo la investigación sobre las armas de destrucción masiva. Pero José María Aznar redacta, según parece, una carta que sostiene que la paciencia de los países occidentales se ha acabado y que la resolución 1441 autoriza la intervención militar contra el dictador iraquí. Ya, en los países vecinos, se ha concentrado una potente fuerza de intervención americana. The Wall Street Journal publica el manifiesto de La Banda de los Ocho. Esa carta, cuya autoría se atribuye (y el interesado no lo ha desmentido) a Aznar, divide a la Unión Europea e irrita a Chile y México a quienes el propio Aznar pide que apoyen la tesis de Bush en el Consejo de Seguridad. Lagos y Fox rechazan las recomendaciones de una Celestina que, para colmo, pertenece a la antigua metrópoli de esos países.
Para explicar su actitud, José María Aznar insiste ante el Parlamento español en los peligros que incurre España no alineándose junto a Bush y Blair con los que se ha reunido en las islas Azores el 16 de marzo de 2003 con un anfitrión, hoy presidente de la Comisión Europea en virtud del reparto de fuerzas parlamentarias en Estrasburgo, Durao Barroso. Silvio Berlusconi, en la sombra también, apoya la escisión de la UE como buen hombre de negocios que se asoma a donde se ven las ganancias. Aquellas ganancias que JEB Bush, expuso ante el Presidente de la República Española, su amigo Aznar, y que Ana Palacio cifraba, como mínimo, en el abaratamiento del precio del petróleo que disfrutaríamos por nuestro apoyo a la guerra de Irak, nunca se materializaron.
Y aquí es donde entra en juego la habilidad del antiguo estudiante del Colegio del Pilar de Madrid. Si tenía razón y los peligros denunciados para justificar la intervención en Irak, eran eliminados fehacientemente, todo el mundo le aplaudiría. Si él y sus compañeros de aventura organizaban un merdé impresionante, en el país árabe, y aparecía un “terrorismo” donde no lo había, se cubría Aznar asegurando en la Comisión de Investigación del 11-M que él había alertado más de 30 veces sobre el terrorismo islámico. Viene a decirnos que, como no le creíamos cuando hablaba de peligro islamista, ahora tenemos la prueba de que existe y que, cual profeta bíblico, lo anunció el primero y colaboró con nuestros aliados para destruirlo. Lo que calla, porque no entra en los cánones de la dialéctica aznariana, es que ese peligro que no existía, lo ha contribuido a crear con sus amigos neoconservadores. Las profecías que uno anuncia más de 30 veces se convierten en realidades mediante delito. Los 200.000 chiíes asesinados en Irak por Sadam Huseín corresponden a los sublevamientos que George Bush padre pidió mediante emisoras intoxicadoras y folletos lanzados sobre unas poblaciones a las que se las prometía la ayuda inmediata de EE.UU. si tomaban las armas contra el dictador. Como sucedió en Budapest, en 1956, se sublevaron y nadie movió un dedo mientras los soviéticos masacraban a los sublevados. “¿Ven ustedes lo malo que es Sadam Huseín? Ha gaseado 5.000 kurdos iraquíes en Halabja (con gas sobrante del que le vendió Occidente para usarlo contra Irán, entre 1980 y 1988) y ha dado muerte a 200.000 chiíes del Sur”. Por cierto, esas ejecuciones se producen cuando la aviación angloamericana sobrevuela diariamente toda la región chií al sur del paralelo 33º y al norte del 36º y no hace nada para impedirlo. El autor “intelectual” de esas matanzas es el padre de Bush y el ejecutor, Sadam Huseín.
Aznar, con la soberbia que le caracteriza, no puede concebir que un genio de la política como él, se haya equivocado. Denuncia que a George W.Bush nadie le acusó del atentado de las Torres pero que a él, Aznar, la oposición si le acusa de los atentados de Casablanca y Madrid. La explicación es bien sencilla, EE.UU. declaró la guerra a Al Qaeda después del atentado de Nueva York mientras que José María Aznar, como un pararrayos, atrajo las iras de Al Qaeda después de declarar la guerra alineado con George W.Bush.
Lo mismo que no se sabe quien asesinó a Kennedy, no se sabe quién teledirigió el atentado de Atocha. Pero lo deja en el aire. Solo se digna dejar caer que no cree que anden en desiertos muy remotos. Que lo investiguen otros. Cuando enumera sus cuatro puntos sospechosos, no profundiza en “sus” pruebas. Considera una coincidencia que haya dos caravanas de explosivos provenientes de Asturias, al mismo tiempo. Se ha demostrado que Emilio Suárez Trashorras y Antonio Toro habían montado un mercadillo de venta de dinamita. Pero uno de los vehículos, el interceptado en Cuenca, transportaba 536 kilos, 506 de cloratita y 30 de Titadyne francesa, que utiliza ETA, y el otro, Goma-2 robado en las minas asturianas. Dos vehículos con droga pueden salir al mismo tiempo desde un edificio donde se comercia con cocaína sin que se conozcan entre si. Que los etarras y los islamistas charlaban unos con otros en las cárceles es no conocer las costumbres carcelarias. Si Mario Conde se hubiese encontrado con Antonio Camacho, el dueño de Gescartera, en Alcalá-Meco ¿sería tan raro que, en los momentos de asueto en el patio, hubiesen charlado de su profesión y se hubiesen dado teléfonos de amigos del oficio? Aznar no analiza nada sino que lanza la tinta de calamar para sostener que todos los terrorismos son iguales y que acaban colaborando juntos. Todo, afirmaciones gratuitas sin ninguna prueba.
Cuando dice que no solo se buscaba la matanza sino el cambio de gobierno, Aznar no dice por qué el PSOE iba a verse favorecido por ETA que había llegado a utilizar el GAL y cal viva para deshacerse de Lasa y Zabala. El ex Presidente, en ningún momento de sus casi 11 horas de intervención ante la Comisión, nos dice si al alinearse con Bush y Blair en la lucha contra Al Qaeda e Irak, tuvo en cuenta que España podría ser objeto de un atentado por parte del terrorismo islamista como represalias. De haber sido así, hubiese redoblado las medidas de seguridad y los medios de las fuerzas de seguridad. Los 120 terroristas islamistas detenidos por las fuerzas de seguridad, lo han sido después de que quedase acreditado que no era ETA quien había cometido el atentado de Atocha. Miente cuando dice que el CNI no descartaba la autoría de ETA hasta el sábado 13 de Marzo. Ya, el atentado de Casablanca debería haber puesto en estado de alerta a todas las fuerzas de seguridad españolas y doblado los efectivos especializados en terrorismo salafista e islamista, Decir que todo Occidente está amenazado por Al Qaeda es una más de las falacias aznaristas. Ni Francia, ni Alemania han tenido ataques como el que sufrió España. En Casablanca el mensaje era bien claro: la Casa de España, una sinagoga y el consulado de EE.UU. (aunque en el momento del atentado hacía un año que lo era de holanda).
Se puede decir que los miembros de la comisión de investigación parlamentaria, no han estado a la altura. La enloquecida defensa de un hombres que dice no tener ninguna tesis pero pide que se investigue esa tesis (?) de la co-autoría de Al Qaeda y ETA, los paralizó a todos, menos a Zaplana-Colgate, más feliz que el tonto de Benidorm. Cuando Aznar declaró que no consideró pertinente convocar al Gabinete de Crisis porque en esos momentos, sus miembros debían estar dirigiendo las operaciones de sus respectivos departamentos ¿quería decir que en ningún caso, por muy fuerte que sea el ataque terrorista, el Gabinete de Crisis se podrá reunir? Entonces ¿para que existe ese Gabinete? Así de claro. Que se suprima. También es peregrino decir que Rodríguez Zapatero, en ninguna de sus conversaciones con el entonces presidente, solicitó dicha reunión. Ergo, Aznar hace las cosas cuando se las pide la oposición. Lo que si queda acreditado, por si hiciese falta, es que de todos los calamares gigantes que aparecen periódicamente en el Cantábrico, el mayor y el que más tinta echa, se llama José María Aznar.




