Los próximos cuatro años
Hay quien augura muchos males para España por un vengativo George W.Bush y unos EE.UU. ofendidos por nuestra traición al retirar las tropas españolas de Irak. Afortunadamente, Rodríguez Zapatero no traicionó al 90 por ciento del pueblo español. Mantuvo su principal promesa electoral de un año antes de las elecciones de Marzo. Mariano Rajoy pide el Presidente de Gobierno que no de patadas en las espinillas al país más poderoso de la Tierra. A otros menos poderosos podemos hacerles de todo, como hizo Aznar redactando el documento que apartaba como viejas algunas de las naciones que han sostenido nuestro desarrollo y con las que tenemos más del 70% de nuestro intercambio comercial en ambos sentidos. Gustavo de Arístegui, el encargado de asuntos exteriores del PP en el Congreso, nos vaticina la pérdida del contrato de fragatas israelíes que tan bien vendrían a los astilleros Izar. Añade que probablemente la base de Rota no vaya a convertirse en el cuartel general de la sexta flota o que la importante conferencia sobre la promoción de la democracia en el gran Medio Oriente no vaya a celebrarse ya en España y que haya sido trasladada a Marruecos. Leer la lista de desastres que se nos vienen encima por haber respetado la voluntad del pueblo español en relación con la guerra de Irak, pone los pelos de punta para los incrédulos o mal informados.
La lucha contra el terrorismo ha tenido diversos tratamientos en la edad contemporánea. Alemania acabó con su banda Baaden-Meinhof, Italia con las Brigate Rosse (Brigadas Rojas) y Francia con la OAS (Organisation de l´Armée Secréte) pro Argelia francesas. Solo Gran Bretaña, frente al IRA, ha utilizado en el Ulster a sus fuerzas armadas. Los demás países han resuelto sus problemas con métodos policiales, aunque más o menos lícitos para un estado de derecho pero eficientes para terminar con esos tumores. España, con una democracia recién reconquistada, se olvidó de la Triple A, del Batallón Vasco-Español y de cualquier guerra sucia que se llevase a cabo en tiempos del franquismo. El GAL pareció a muchos como un método homologado de lucha contra un terrorismo separatista que heredábamos del régimen de Franco. Estados Unidos, con el atentado de las Torres Gemelas que costó la vida de casi 3.000 neoyorquinos en los dos rascacielos, se sintieron profundamente heridos, tanto más cuanto que Osama bin Laden había sido un fiel amigo y socio en los negocios de la familia Bush. George W.Bush, con razón enrabietado, no tuvo la sangre fría de sopesar la reacción que debía tener. La traición no solo era de Bin Laden sino también de los talibanes que habían colaborado con los Estados Unidos en la lucha contra la URSS en Afganistán. De forma grandilocuente, proclamó la guerra al terrorismo islámico. En el caso de otro dirigente político podía haber sido un exceso verbal la utilización de la palabra guerra. como cuando se declara la guerra contra el hambre, pero no en el espíritu Ranger de Texas de George W.Bush. Fue guerra de verdad. Y empezó la de Afganistán en la que intervinieron varios países europeos aliados de los EE.UU.
Sin haber afianzado una victoria total sobre el montañoso y difícil territorio afgano, los aliados vieron con sorpresa como se iba agrupando un formidable ejército en Kuwait y Arabia Saudí con vistas a un ataque contra el Irak de Sadam Huseín. El pretexto era que el raís iraquí no entregaba las armas de destrucción masiva que Bush le suponía pero cuya existencia la mayoría de los miembros del Consejo de Seguridad deseaba comprobar. Consideraban que había que dar un poco más de tiempo a los inspectores que dirigía Hans Blix antes de tomar medidas tan drásticas como una guerra en toda regla. Otro pretexto eran los supuestos contactos de Huseín con Al Qaeda. Además, no es necesario recordar cómo el presidente George W.Bush quiso terminar lo que su padre, respetuoso con el mandato de la ONU, había dejado sin terminar: derrocar al dictador de Bagdad y ocupar el segundo país más rico del mundo en petróleo. Y se lanzó a esa guerra sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo y en contra del Consejo de Seguridad de la ONU y de sus aliados europeos excepto Blair, Aznar, Berlusconi y Kwaniewski. En este segundo mandato, Bush va a necesitar de España y del resto de la Unión Europea, además de la Liga Árabe si quiere salir del atolladero iraquí. Los servicios policiales españoles, no es necesario subrayarlo, están siendo muy eficientes a la hora de mantener en jaque al islamismo agazapado en nuestro país. Una base militar no se improvisa y las que España mantiene conjuntamente con EE.UU. en nuestro territorio están siendo utilizadas intensamente por el Pentágono. No está en el interés de George W.Bush emprender ahora represalias contra un país que tomó decisiones desde su plena soberanía.
José Luis Rodríguez Zapatero debería esforzarse por organizar, como había sugerido durante la campaña electoral, ese Club de ex presidentes cuya experiencia y contactos internacionales podrían prestar grandes servicios a nuestro país. Por ejemplo, Felipe González en Iberoamérica y Aznar en los Estados Unidos.




