14 Noviembre 2004

Con o sin Arafat

Archivado en: General — Enrique Meneses @ 13:45

Cuando Ariel Sharon quiso demostrar al mundo que la paz no era posible por culpa de Yasir Arafat, muchos lo creyeron, en Oriente y Occidente. A un hombre encerrado en la Muqata de Ramallah, privado de luz eléctrica, discutido por palestinos que no creían que la solución fuese negociar con Israel sino echar a todos los judíos al mar, a ese hombre físicamente aislado, se le exigía, simultáneamente, que detuviese los atentados contra ciudadanos israelíes. Y se corría la voz de que la Paz con mayúscula no era posible por culpa de aquel hombre que, durante los tres años de vida, en condiciones muy precarias, se fue dejando la salud poco a poco.

La muerte de Abu Amar plantea más problemas que los normales de toda sucesión política de una figura carismática. Ya lo comprobarán con Fidel Castro cuando llegue el momento. Tanto poner la responsabilidad sobre él de que no se hubiese llegado a un acuerdo definitivo de Paz como se preveía en Madrid y en Oslo, para desembocar en La Hoja de Ruta de George W.Bush (que denuncié como mojada desde un principio), que ahora que desaparece el obstáculo no se va a lograr esa paz por mucho que Bush anuncie lo contrario. ¿Cuál es la razón por la que Yasir Arafat no podía cerrar el trato casi logrado con el Primer Ministro de Israel, el laborista Ehud Barak, con Bill Clinton en la Casa Blanca? No era la bicapitalidad de Jerusalén para los dos Estados, como muchos creen, sino el más complicado problema del retorno de los refugiados.

La creación del Estado de Israel en mayo de 1948 fue un prodigio de organización por parte de los judíos que, antes de que el general Allenby abandonase Palestina con las últimas tropas inglesas, ya habían copado todos los puestos importantes de la administración británica de forma que el relevo fue instantáneo a medianoche del 14 de Mayo de 1948. Las organizaciones judías internacionales habían aportado fondos para la adquisición de tierras árabes y allí donde se negaban a marchar los propietarios, se organizaba una matanza como en Deir Yassin, por parte de los grupos terroristas Stern o Irgún entre los que militaban figuras, históricas hoy, como Ben Gurión o Yitzchak Shamir, este último presente en la Conferencia de Madrid y directamente acusado de la matanza de población en Deir Yassin. Lo que fueron actos de terrorismo, como el asesinato del Conde sueco Folke Bernadotte, enviado especial de la ONU a Jerusalén, en el Hotel King David. Vamos a llamar las cosas por su nombre: los judíos lucharon con todo tipo de armas, incluido el terrorismo, antes de 1948 para lograr que surgiese el Estado de Israel tras la retirada británica de Palestina que habían gobernado como protectorado los ingleses desde 1919. Lord Balfour había ofrecido a los judíos un hogar en Tierra Santa y aunque sabían del potencial explosivo de semejante oferta, creían que podrían contener el entusiasmo judío para deshacerse de la máxima población árabe y quedarse con el mayor pedazo posible de tierras. La idea de Eretz Israel (El Gran Israel bíblico), jamás ha desaparecido de del ideario sionista y forma parte del imaginario de todo el pueblo judío, incluida la diáspora.

Si en 1948, el temor de los judíos era el fuerte crecimiento demográfico de los árabes ese miedo es hoy muy superior y el tiempo solo consigue empeorarlo. Un fenómeno bien conocido de todos los corresponsales de guerra es que crece el número de embarazos en situaciones extremas. En el hospital Kosovo de Sarajevo tenía más nacimientos de lo normal durante el asedio serbio y mientras caían bombas sobre la ciudad. Los campamentos de refugiados palestinos en Jordania, Líbano, Gaza, Cisjordania, donde actualmente malviven, sin esperanzas, tres millones de palestinos, son un auténtico paradero. La densidad de población en Gaza es ya la mayor del mundo y no es posible contener una marea. Por el contrario, en países donde la vida se normaliza y existen posibilidades de desarrollo, la natalidad desciende por si solas. Manteniendo los territorios palestinos en situación crítica desde 1967 (por no remontarnos a otras guerras anteriores), lo que se ha conseguido es multiplicar el número de enemigos potenciales y eso a una velocidad superior a la de captación de judíos de la diáspora. Lo mismo que hay muchos palestinos nacidos en el exilio y que no volverán a la tierra de sus padres más que como turistas, los judíos que viven muy asimilados en países occidentales se resisten a emigrar a Israel. La última fuente era la antigua URSS y Sharon ha querido atraer sin éxito a los judíos franceses después de algunos actos de antisemitismo, algunos protagonizados por judíos.

Con cierta generosidad, Israel puede asegurarse un futuro en paz y prosperidad y predominante en Oriente Medio siempre que sepa comprender que el tiempo trabaja contra el. Una demografía galopante, que alcanza el 8,1 en Gaza, una desesperación y odio creciente en ambos lados, pero especialmente del palestino, un aumento del integrismo teocrático, tanto del lado judío como del árabe, acabarán encerrando al Estado israelí dentro de un ghetto que sus propios dirigentes están construyendo detrás de un muro de hormigón, perpetuando así la eterna huida de la realidad del entorno.

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